Introducción

La elección presidencial argentina del año 2015 fue la vigésima octava de su joven y sacudida democracia desde el año 1853, cuando se sancionó la Constitución Nacional. Quien no conoce en profundidad la historia argentina, podría afirmar mediante una simple cuenta matemática que el promedio de duración de los presidentes en ejercicio es de cinco años y medio. Lamentablemente, el resultado no se ajusta a la realidad, ya que Argentina no gozó de buena salud democrática (Fraga 2007: 437; Sábato 2011). La primera elección presidencial con la ley del voto universal1, secreto y obligatorio (Ley Sáenz Peña, 1912) fue en 1916 consagrando al radical Hipólito Yrigoyen. Desde ese entonces y hasta las últimas elecciones democráticas argentinas en 2015, el país sucumbió a 6 golpes de Estado siendo el último, de 1976, el más terrible y brutal de todos. En medio de ello, en 1945, la política se había dividido en dos campos: De un lado, el peronismo; del otro, el resto. El campo peronista se expresó tradicionalmente a través del Partido Justicialista (PJ), su herramienta electoral. El campo no peronista nunca tuvo un representante único, pero el partido que lo encarnó con más éxito fue la Unión Cívica Radical (UCR). El creciente interés por el estudio electoral argentino llevó a una enorme producción de estudios académicos con el objetivo de interpretar y estudiar este interesante fenómeno.

El renacer democrático, iniciado casi a fines de 1983, dio inicio al período más largo de estabilidad democrática en la historia argentina. La victoria de Raúl Alfonsín en 1983 había ilusionado a algunos con la gestación del tercer movimiento histórico (Malamud 2008: 158–159) mediante el encauzamiento constitucional y partidario, a pesar de que esta democracia había surgido de una derrota militar sin el aval de un garante internacional y había heredado una estructura de distribución sesgada a favor del gobierno nacional (Catterberg 1989: 19; Leiras 2010: 230). La crisis económica y política llevó a la conclusión de su mandato a mediados de 1989, meses antes de una nueva elección presidencial. El nuevo presidente fue el peronista Carlos Menem quien gobernó durante toda la década de 1990 basando su apoyo y credibilidad mediante redes clientelísticas sobre todo en áreas con mucha pobreza (de Riz 1990). En esos años se desmanteló el Estado interventor y se destruyó el modelo de industrialización por sustitución de importaciones (tendencia ya manifestada durante la última dictadura militar, 1976–1983) (Campos 2009: 96; Zarazaga 2014: 40–41; Levitsky 2003). Un dato importante fue que durante la gestión Menem en 1994, se reformó la Constitución Nacional y a su vez se eliminó el Colegio Electoral, el cual fue sustituido por el sistema de voto directo, el distrito único y con balotaje o segunda vuelta.2 Ello alentó el bipartidismo incentivando a terceras o cuartas fuerzas a aplicar el voto “útil” destinado a frenar al favorito o a robustecerlo (Dearriba 2015; Wainfeld 2015).3

La creciente despolitización y pérdida de identidad partidaria impactaron en la conformación de los gobiernos en todos los niveles a tal punto que, con menos de veinte años de democracia, fue casi imposible que un partido por sí solo se encontrara en condiciones de presentarse a elecciones nacionales y competir por la Presidencia en 1999. El vencedor de esas elecciones fue el candidato de la UCR, Fernando de la Rúa, apoyado por un socio electoral: el Frepaso (Frente país solidario) (Abelenda Silva 2015: 32–37; Ollier 2001). A fines de 2001, el país sufrió una de las mayores crisis políticas de su historia. La inestabilidad institucional afectó profundamente al sistema de partidos produciendo la erosión de identidades partidarias y la subordinación, ya entonces en marcha, de la organización de los partidos al impacto mediático de los liderazgos (Zelaznik 2008: 171).

Entre el 20 de diciembre de 2001, cuando estalló la crisis, hasta el 2 de enero de 2002 pasaron por la presidencia argentina tres presidentes. Desde esa fecha y hasta el 25 de mayo de 2003, el primer mandatario fue el peronista Eduardo Duhalde. Fue un período en el cual predominó la fragmentación política en el campo no peronista y el “voto bronca” (mecanismo por el que 13% de los electores anuló intencionalmente su voto). Sumándose una fuerte devaluación, el default financiero y la agudísima crisis económica que duró hasta fines de año 2002 (Malamud 2008: 160 y ss).

El presidente Duhalde anticipó el llamado a elecciones pese al clima de hostilidad a la política y a la fragmentación partidaria (entre el primer y el último de los cinco principales candidatos había una diferencia del 10%). En la primera vuelta el ex presidente Menem obtuvo la mayoría relativa, pero no se presentó al balotaje por lo que fue proclamado vencedor otro peronista (impulsado desde una facción del Partido Justicialista: el Frente para la Victoria (FpV)): el gobernador de la provincia de Santa Cruz, Néstor Kirchner. Éste nuevo presidente asumió la presidencia el 25 de mayo de 2003, y rápidamente ganó popularidad. A principios de 2004, la crisis económica parecía conjurada. Kirchner construyó una sólida base de poder a partir del exiguo 22% obtenido en las elecciones de 2003, si se tiene en cuenta los resultados obtenidos en las elecciones intermedias de 2005. Reconstruyó el poder político y aprovechó el crecimiento económico para cimentar su poder pero, por otra parte, aumentó el desequilibrio de poderes a favor del Ejecutivo (Romero 2004: 207–208; Basset 2007: 13; Cherny, Feierherd y Novaro 2010: 24; Fraga 2007: 463; Ministerio del Interior 2008: 178–182), y según indicadores de gobernabilidad del Banco Mundial y de Transparencia Internacional la corrupción durante el gobierno de la pareja Kirchner fue igual o peor que durante el gobierno de Menem. Sumado a ello, Christopher Wylde menciona que en el gobierno de Néstor Kirchner la continuidad y el cambio estuvieron presentes y que el manejo de la economía se basó en principios pragmáticos, gradualistas y desarrollistas, manteniendo a la vez un modelo de redes de seguridad social neoliberal y menemista (Manzetti 2014: 192–193; Wylde 2012: 130; Borón 2004).4

El armado político del presidente Kirchner fue puesto a prueba en las elecciones presidenciales de 2007, en la cual su esposa, la senadora Cristina Fernández, fue la candidata del FpV. La victoria aplastante fue una prueba de la aceptación que gozaba el presidente Kirchner. La candidata obtuvo el 45% de los votos ganando en 21 de los 24 distritos, lo que le permitió consolidar una mayoría legislativa en ambas cámaras, unificando en su figura el liderazgo partidario y el presidencial. En las elecciones presidenciales de 2011 en Argentina, con un campo electoral sumamente asimétrico y con múltiples oponentes poco convocantes localizados en su mayoría en la derecha o en el centro-derecha, Cristina Fernández mejoró todavía su performance con la obtención de un holgado triunfo sin precedentes (Zelaznik 2008: 173; Gallo y Bartoletti 2012: 54; Fidanza 2015; Wainfeld 2015a; Ibáñez 2015).

El sistema electoral, aunque formalmente proporcional, limita la representación de las minorías (debido a la pequeña magnitud de los distritos electorales) y produce una sobrerrepresentación (otorgada a las provincias menos pobladas y con sociedades más tradicionalistas) favoreciendo a la periferia respecto a los centros urbanos, al peronismo respecto al radicalismo, y al peronismo y el radicalismo respecto a terceras fuerzas. En 2008, Andrés Malamud mencionó que las terceras fuerzas mayormente surgidas en la Capital Federal o en el Gran Buenos Aires carecían de penetración territorial y no tenían futuro más allá de alguna elección prometedora. A pesar de ello en las elecciones de 2015, Propuesta Republicana (PRO) de Mauricio Macri supo eludir ese destino y vencer frente a la maquinaria partidaria del FpV.

Por ello, este artículo se propone analizar los tres momentos electorales del 2015 en Argentina: Las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) de agosto, las elecciones generales de octubre y el balotaje de noviembre. De igual manera se desean responder a algunos interrogantes como: ¿Ha sido la propuesta electoral de Macri el núcleo principal de su victoria a la primera magistratura, o fue el “voto bronca” contra el kirchnerismo el que jugó un rol fundamental para llegar a ese resultado? De esta pregunta se desprende otra: ¿Cómo fueron los comportamientos políticos-electorales que tuvieron los partidos más importantes como el Frente para la Victoria (FpV), Pro (luego Cambiemos) y el Frente Renovador (FR) durante las diferentes etapas electorales anteriormente mencionadas?

¿Quiénes son los protagonistas?

Mauricio Macri, Daniel Scioli y Sergio Massa fueron los grandes protagonistas de las elecciones presidenciales 2015 – sobre todo los dos primeros –. Éstos tuvieron un crecimiento político diverso aunque podría decirse que tuvieron su debut en la arena política durante el menemismo y que fueron cambiando de rumbo según las circunstancias. De la ideologización a la des-ideologización, los candidatos armaron o fueron insertados en estructuras partidarias que en ocasiones eran completamente opuestas entre sí. Para muchos votantes se planteó la disputa electoral en términos ideológicos: “Patria o empresa” una especie de Unidos o Dominados; para otros, en cambio, se consideró una evolución de la política partidaria a una política “tecnocrática”; y finalmente para otros, la disputa electoral se basó en el rechazo a un partido específico. Lo cierto es que la transversalidad de las alianzas produjo contrincantes que surgieron de una matriz común (el peronismo de los ‘90) con ideas que se diluían en un mar de vertientes de orígenes diversos.

A continuación se presentan algunos apuntes de los tres candidatos más importantes:

Mauricio Macri comenzó su carrera laboral en empresas familiares relacionadas a la construcción y a la industria automotriz. En los noventa se transformó en presidente de uno de los equipos de fútbol más importantes de Argentina, y desde allí se dedicó a la política. Diputado nacional (2005–2007), luego Jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (2007–2011). Considerado neoliberal por algunos, pragmático por otros, fundó el partido Compromiso para el Cambio (2003). En julio de 2005, Macri realizó una alianza estratégica con el partido Recrear Argentina que se llamó Propuesta Republicana (PRO). En 2015 de cara a las elecciones presidenciales, una nueva alianza surgió cuando el Pro, la Coalición Cívica (CC) de Carrió y la UCR con Sanz decidieron unirse. El nombre elegido finalmente por la alianza fue Cambiemos. En el libro Mundo PRO. Anatomía de un partido fabricado para ganar (Gabriel Vommaro, Sergio Morresi y Alejandro Bellotti 2015), sostuvieron que el PRO era un partido con mezcla de diferentes tendencias que incluía desde las tradicionales como el Partido Justicialista (PJ) y la Unión Cívica Radical (UCR) hasta otras minoritarias como la Unión del Centro Democrático (UCeDé) y Acción por la República (AR). A ello se sumaron técnicos y profesionales de fundaciones y ONGs, así como hombres de negocios. Macri fue acusado de ser la derecha liberal y no poseer sustento ideológico (Casullo 2012). En relación a la primera acusación, sus políticas públicas lo demostraron (reducción de la inversión estatal en salud y educación, privatización del espacio público, segregación socioeconómica de la ciudad, entre otras). En lo referente a la falta de ideología, se pudo apreciar en sus campañas electorales con apelaciones de tipo populista. De hecho Cambiemos no tuvo necesidad de una alianza formal con el Partido Justicialista mientras que sus miembros, en general, no poseían – o era muy débil – una ideología política determinada (Casullo; Sosa 2015; Rodríguez Yebra 2015; Pellegrinelli, V 2016).

Daniel Scioli tuvo su ingreso en la política durante el gobierno de Carlos Menem cuando en 1997 fue elegido diputado (1997–2001) por la ciudad de Buenos Aires. Para ello tuvo que afiliarse de urgencia al PJ. Luego se desempeñó como secretario de Turismo y Deportes (2001–2003) para saltar, de la mano de Néstor Kirchner, a la vicepresidencia de la Nación (2003–2007). Más tarde ocupó el puesto de gobernador de Buenos Aires (2007–2015). En medio se hizo cargo del peronismo nacional (2010). Apoyado por el FpV para las elecciones presidenciales de 2015, Scioli fue considerado de posición “centrista” y “ambigua” a diferencia del FpV que se emplazó a la izquierda del peronismo para construir una alianza donde convergieron partidos y grupos de origen diverso (Frente Grande, Partido de la Victoria, Radicales K, comunistas) a la cabeza de los cuales estaba el Partido Justicialista (PJ) (Iñurrieta 2015).

El tercero en importancia fue Sergio Massa, quien comenzó a militar a finales de la década de los ochenta en la Ucedé, un partido de corte liberal conservador. Protegido por su padrino político, el sindicalista Luis Barrionuevo, pasó al peronismo. Durante la segunda presidencia de Menem, ocupó una subsecretaría en el Ministerio del Interior, y posteriormente asesoró a Ramón Ortega en la cartera de Desarrollo Social. Más tarde fue elegido diputado provincial de Buenos Aires (1999–2002). Durante el gobierno de transición que lideró Eduardo Duhalde fue designado al frente de la ANSeS (Administración Nacional de la Seguridad Social, 2002–2007) donde se mantuvo durante toda la presidencia de Néstor Kirchner, incluso renunciando a una banca como diputado en el Congreso. Posteriormente fue intendente de Tigre (2007–2008 y 2008–2013) y Jefe de Gabinete (2008) donde comenzaron los roces con el kirchnerismo. A mediados de 2013 oficializó su candidatura a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires a través de su partido, Frente Renovador, y se impuso sobre el oficialista Martín Insaurralde. En abril de 2015, Massa dio a conocer el acuerdo entre el Frente Renovador y la Democracia Cristiana que proclamó como precandidato presidencial a José Manuel de la Sota, para competir entre sí en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) nacionales. En las elecciones presidenciales, el Frente Renovador formó parte de una alianza electoral UNA (Unidos por una Nueva Alternativa) junto al Partido Demócrata Cristiano, Celeste y Blanca, Unión Popular, MID, y Tercera Posición (Vázquez 2015).

Metodología

Para la conformación y análisis de este artículo fue necesario – y fundamental – utilizar fuentes primarias, en especial los periódicos argentinos. Elegí en particular tres de ellos que reflejan posturas diversas, contrapuestas en ocasiones, pero que son útiles para enmarcar la lucha electoral e ideológica que se estaban llevando a cabo. Éstos son: Clarín y la Nación por un lado, representando el primero una postura contraria al gobierno Kirchner (en abierta lucha con la presidente por la cuestión de la ley de medios) y el segundo por su carácter tradicional y conservador. Como contrapeso se eligió a Página 12 que tuvo una visión y postura más cercana al gobierno Kirchner. La utilización de este tipo de material puede ayudar a comprender los antagonismos y oposiciones en las elecciones argentinas de 2015 desde una posición definida y clara.

Otra de las fuentes utilizadas fueron las cifras dadas por las encuestadoras. El director de Poliarquía, Alejandro Catterberg (de las cual se utilizó información), explicó que la encuesta en el área de opinión pública-política, tiene una doble función, una descriptiva que dice cómo está cierto estado de la sociedad en relación con la dirigencia política o con un proceso electoral. La otra gran función es la definición de estrategias políticas o electorales. Agregó que había otro uso que era la de utilizarla mostrando cierto tipo de resultados para influir sobre el votante (Vidal 2014). En este caso debe considerarse la procedencia de las mismas, la afinidad política si es que posee o la tendencia que la encuesta señala. Podríamos señalar dos bandos, aquellos que trabajaron activamente con el gobierno de la presidente Cristina Fernández de Kirchner y el resto.

En el primer grupo encontramos Opinión Pública, Servicios y Mercados (OPSM); Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP); Aresco; Rouvier y Asociados. En el segundo grupo encontramos una de las encuestadoras más utilizadas, Management & Fit perteneciente al ex-secretario de Medios durante la presidencia de Carlos Menem, Guillermo Seita. No obstante esta encuestadora trabajó con Scioli y con Macri. Poliarquía es otra de las encuestadoras que no se alineó con el kirchnerismo. De hecho, colabora desde las elecciones legislativas de 2005 con el mencionado periódico conservador La Nación. Esta encuestadora también trabajó con Scioli. Se agregan a este segundo grupo Haime y Asociados cercano al Frente Renovador de Sergio Massa; Giacobbe y Asociados e Ipsos-Mora y Araujo.

Por último fueron utilizados datos numéricos obtenidos principalmente de la página gubernamental (www.elecciones.gob.ar) que sirven para analizar los resultados y compararlos. También para apreciar desde una perspectiva histórica las elecciones a partir de la recuperación de la democracia en 1983.

Los primeros pasos hacia las PASO de agosto 2015

El peronismo nunca tuvo vocación institucional sino vocación de poder y se constituyó como eje del sistema político porque garantizaba decisiones (populares) contra una estructura institucional ineficiente o injusta (De Luca y Malamud 2010). Los periódicos La Nación y Perfil afirmaron que el kirchnerismo fue abarcando todo ámbito que estuviera bajo su jurisdicción. Incluso intentaton controlar algunas áreas independientes, como el poder judicial y legislativo, afectando la salud democrática del país (Romero 2015; Fidanza 2015a; Fontevecchia 2015).

Esta hegemonía se tradujo en elecciones provinciales, de diputados y de senadores. En las elecciones de 2013, por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires (con casi el 40% del electorado nacional), el 80% votó candidatos que declaraban ser peronistas.

Las cuatro formas de selección de candidatos peronistas: Informal desde adentro (acuerdos de cúpula), formal desde adentro (internas), informal desde afuera (división del partido) y formal desde afuera (manipulación de reglas electorales), si bien le dio buenos resultados (Malamud 2008: 161; Manzetti 2014: 192; Kemahlioglu 2012), en las elecciones presidenciales de 2015 no tuvieron el resultado esperado. Ninguno de los tres candidatos a la presidencia, que a partir del 2014 se perfilaron como los más importantes – Scioli, Macri y Massa –, reposaban sobre estructuras políticas tradicionales, es decir, en partidos firmemente constituidos en todo el país. Más bien emergieron de la crisis del sistema de partidos que provocó en particular la administración menemista. Éstos candidatos tuvieron propuestas y desempeños muy diferentes entre sí durante la campaña que ciertamente se fue reflejando en la intención de voto. Además se pueden sumar otros factores que tuvieron incidencia en la campaña: La capacidad de llegada a las provincias, las redes de contactos (en especial con los gobernadores), el presupuesto para la campaña, entre otros. El principal candidato (al menos durante las PASO y las elecciones presidenciales) fue el candidato oficialista Scioli quien desplegó un discurso de “continuidad con cambios”, es decir, de una profundización del proyecto kirchnerista a través de diversos ritmos para demostrar su independencia frente al gobierno saliente. La herencia kircherista (una política de aparatos más que de masas y la acumulación del ejercicio del poder presidencial frente a las demás ramas del gobierno) fue el principal obstáculo que Scioli debió sortear hasta octubre de 2015, mes de la elección presidencial (Fraga 2007: 465; Catterberg y Palanza 2012: 10; De Luca 2011; Gregorich 2014).

El otro de los candidatos Macri, fue de menos a más. La intención de voto aumentó desde el 2014 sobre todo luego de pactar con otros bloques minoritarios en marzo de 2015 cuando en la convención nacional de la UCR en Gualeguaychú, Entre Ríos, se decidió crear una alianza entre el Pro y la Coalición Cívica (CC) de Carrió y la UCR con Ernesto Sanz a la cabeza. La alianza se llamó Cambiemos. Por otra parte, esta convención consolidó el liderazgo de Sanz en la UCR y además lo proclamó candidato para enfrentar a Macri en las primarias.

El tercero de los candidatos a la presidencia, Massa había logrado en enero de 2014 una banca como diputado nacional luego de batir al kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires. Para entonces gozaba de un 30% de intención de voto presidencial (Scioli contaba con sólo el 26% y Macri con el 14%). Para mayo su performance había bajado al 20–22% (Scioli oscilaba entre el 31–33% y Macri entre el 26–28%). Su inicial aceptación se apuntaló con un discurso sobre la inseguridad, economía de bolsillo, salud y educación, asuntos que más preocupan a la clase media, pero que también afectan a los más pobres (Morales Solá 2015; Majul 2014; Laborda 2014; Majul 2015; Pagni 2015; Laborda 2015a).

El kirchnerismo comenzaba a percibir la llegada de la oposición, encarnada sobre todo en la alianza Cambiemos, en diversos puntos del país sobre todo en la Capital Federal, Mendoza y Santa Fe (Catterberg 2015; Pagni 2015a). Para Scioli fue fundamental mantener el poder del FpV en el conurbano bonaerense (40% del electorado nacional) que también lo era para la presidencia desde donde se habían creado redes clientelistas que otrora resultaron ser muy eficientes (Szwarcberg 2013: 34; Weitz-Shapiro 2012; Calvo y Murillo 2004; Pagni 2015a).

Entre septiembre y octubre de 2014 dos consultoras analizaron la imagen de la presidente Fernández de Kirchner. La primera Management & Fit, dio un 26,5% positiva; 43,8% negativa; 25,2% regular y un 4,5% no contestó o no sabía qué responder. La segunda, Poliarquía, le asignó a la presidente un 40% de imagen positiva y un 41% de imagen negativa. Los resultados de las consultoras estuvieron, muchas veces, ligados a los intereses partidarios, ideológicos o, sobre todo, económicos por ello es interesante apreciar también los resultados por éstas arrojados como una lucha por la manipulación de los votantes. Ejemplo de ello fue el declive que Massa sufrió en la provincia de Buenos Aires. En este sentido, Scioli y Macri se llevaron en mayo de 2015 dos intendentes massistas: el de Malvinas Argentinas, Cariglino, y el de Almirante Brown, Giustozzi. La salida de esos dos intendentes del conurbano coincidió con la decisión del candidato a gobernador por la provincia de Chubut, Das Neves, de anexar su candidatura a la del FpV y la del jujeño Morales de pactar con Macri. El Frente Renovador de Massa se replegó en Buenos Aires donde presentaba muchas fragilidades (Pagni 2015b).

De esta manera, los candidatos más importantes del FpV y de Cambiemos, comenzaron a disputar todos los sectores de poder, desde la lucha por los caudillos del conurbano bonaerense – como aquellos del interior – hasta la casi histérica – y muchas veces falseada – guerra de las mediciones de popularidad y de intenciones de voto, permitiendo a los candidatos ajustar su discurso en base a las cifras arrojadas. Una encuesta privada y confidencial con información comparativa desde febrero del 2014 hasta febrero de 2015 dio por primera vez a Macri como el principal candidato en intención de votos con un 26%, seguido por Massa con 22% y Scioli con 19% algo que para entonces no correspondía con la realidad (aunque sí es cierto que la dudosa muerte del fiscal Nisman provocó un descenso de Scioli en las encuestas).5 Otro sondeo en febrero de 2015, nuevamente de la consultora Management & Fit, señaló que el 55,9% de los ciudadanos consultados no votaría al candidato presidencial del bloque liderado por la presidente Kirchner; solamente un 19,3%, mientras el 24,8% no sabe o no contesta. La misma encuesta indicaba que el 43,4% preferiría que el próximo presidente de los argentinos cambiara el modelo por completo, al tiempo que al 33,3% le gustaría que combinara continuidad con cambio del modelo y sólo el 19,8% querría que se profundizara el modelo actual. Algunos analistas sostuvieron que Massa había ya comenzado a perder terreno puesto que aquellos votantes que estaban a favor de la continuidad parecían inclinarse por Scioli, mientras que aquellos votantes que deseaban el cambio apoyaban a Macri. La misma consultora realizó otra medición en abril: Scioli se ubicaba en torno al 33,3%; Macri, con el 29,4%; y Massa con el 14,3%. Los datos más relevantes de esta encuesta destacan el fuerte crecimiento de la intención de voto para Scioli desde febrero, el leve crecimiento de Macri y la contínua caída de Massa.

Para junio de 2015, las encuestadoras más experimentados dividían al electorado en cuatro grupos. Un 12% creía que el kirchnerismo era lo mejor que le había sucedió a Argentina; un 32% pensaba que el gobierno había sido bueno, pero que cometía errores; un 21% sostenía que había tenido una mala gestión, pero con algunos logros, y un 30%, que el kirchnerismo era lo peor que le había ocurrido a Argentina. Apreciaban además que en esa fuerte polarización, los dos primeros grupos votarían mayoritariamente por Scioli (un 44%) mientras que los últimos dos por Macri (un 51%) (Fernández Díaz 2015). Según las mediciones del macrismo, un 60% de la sociedad quería ese cambio, aunque no todo ese bloque era extremadamente crítico de la presidente o de su gobierno ya que no querían giros económicos o político vertiginosos. Por eso, Macri corrió su discurso hacia el centro: Prometió conservar los subsidios sociales, hacer eficiente a Aerolíneas Argentinas en manos del Estado o confirmar en su cargo al actual CEO de la estatal YPF, Miguel Galuccio (Morales Solá 2015a). A fines de ese mes la consultora González y Valladares indicaba que el 23,2% de la población se definía como kirchnerista; el 27,4% como antikirchnerista mientras un 45,2% se consideraba independiente.

Acercándose a la fecha de las PASO, el escenario continuaba siendo más favorable para el FpV, aunque sin despegarse demasiado de Cambiemos. La consultora Opinión Pública, Servicios y Mercados (OPSM) señaló que Scioli acumulaba el 35,9% de intención de voto contra el 26,6% de Macri. La encuestadora que mejores cifras le otorgaba al líder de Cambiemos fue realizada por Giacobbe y Asociados con 32,3% casi 4% debajo del FpV. Desde la otra orilla, la consultora Aresco otorgaba una intención de voto para Scioli que oscilaba entre los 37–40% y a Macri entre 31–34%; otra, Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP) estiraba la ventaja para el candidato oficialista a 7,5% y Haime y Asociados pronosticaba un 6% siempre en favor de Scioli. El cálculo más extremo fue realizado por la consultora Rouvier y Asociados que sentenció un 10% a favor del FpV (Laborda 2015b; Anon. 2015; Kollmann 2015).

Las PASO

En las elecciones primarias del 9 agosto de 2015 llamadas PASO, los partidos políticos designaron a sus precandidatos quienes fueron elegidos para presentarse en las elecciones generales de octubre. Es decir, una o más listas de precandidatos de un mismo partido o alianza compitieron entre sí para conformar la candidatura final con la se presentaron en las elecciones nacionales de octubre. Como mínimo las fórmulas debían obtener, entre todas sus listas de precandidatos, un apoyo mínimo equivalente al 1,5% de los votos válidamente emitidos. En el caso de los frentes o alianzas con varios candidados se habilitó al que mayor cantidad de votos hubiera obtenido siempre respetando el mínimo impuesto. Según la Dirección Nacional Electoral, un total de 13.881 establecimientos fueron destinados en todo el país para la ubicación de las 94.979 mesas electorales integradas por 189.958 autoridades. A nivel local fueron puestos en juego 135 municipios de los cuales 111 buscaban la reelección, en muchos casos el segundo pero en otros como el de Hugo Curto (3 de Febrero) o el de Raúl Othacehé (Merlo) era el séptimo ya que ningún municipio de la provincia de Buenos Aires limita la reelección de sus jefes. Pero por primera vez muchos de ellos debieron sortear antes una interna. En el caso del FpV fueron 60 internas entre dos, tres, cuatro, y hasta seis aspirantes; Cambiemos tuvo 15 internas (Anon. 2015a; Lantos 2015; Rabanal 2015; Rodríguez 2015).

Ese fue en definitiva el espíritu de las PASO, una suerte de filtro para aquellas coaliciones que no superasen el piso exigido para presentarse en las generales del 25 de octubre y para el resto, un rotundo antecedente de la votación decisiva de octubre. En algunas provincias se anticiparon elecciones para autoridades locales, mientras que en otras, como La Pampa y Chaco, se cumplieron las PASO dejándose de lado la elección de autoridades provinciales y municipales (Wainfeld 2015b).

El resultado final habilitó a las fórmulas: Daniel Scioli-Carlos Zannini por el FpV; Mauricio Macri-Gabriela Michetti por Cambiemos; Sergio Massa-Gustavo Sáenz por UNA; Margarita Stolbizer- Miguel Ángel Olaviaga por Progresistas; Nicolás del Caño-Myriam Bregman por Frente de Izquierda y de los Trabajadores y Adolfo Rodríguez Saá-Liliana Negre de Alonso por Compromiso Federal6.

El total de electores habilitados fue de 32.067.641, de los cuales el 74,91% (24.021.816) concurrió a la votación. De éstos, los votos positivos fueron el 93,88% (22.551.076) mientras que los votos no positivos fueron: 5,06% en blanco (1.216.634) y 1,06% anulados (254.106). Como era de esperar los tres candidatos más importantes pasaron la prueba. Scioli obtuvo más de 14% de los votos desmintiendo las estimaciones de las encuestadoras; incluso de aquellas más cercanas al FpV.

Con relación a los resultados volvieron a repetirse dos fenómenos al parecer estructurales en la política argentina. El primer fenómeno fue que la mayoría de los votos a los candidatos peronistas provino de los sectores sociales de menores ingresos. Si bien hubo en ese porcentaje segmentos de clase media, predominaron los sectores socioeconómicos bajos. En los ocho municipios del Gran Buenos Aires con mayores necesidades básicas, el voto peronista agregado alcanzó a casi el 75% (Scherlis 2013: 79). El segundo fenómeno fue la capacidad de convocatoria peronista: Desde 2002 involucró alrededor del 60% de los votantes argentinos. Aproximadamente ese caudal sumaron Menem, Kirchner y Rodríguez Saá en 2003; y el FpV y el PJ disidente en 2005 en senadores y en 2013 en diputados. En estas elecciones, se repitió la pauta: El voto sumado de Scioli, Massa, De la Sota y Rodríguez Saá alcanzó el 61%. En las provincias de Santiago del Estero y Formosa el oficialismo capturó el 66% y el 60,1% respectivamente; en Tucumán y Misiones estuvieron por encima del 55%; en San Juan, Catamarca y Chaco superaron el 50%. Aún así Scioli tuvo un desempeño muy aceptable en lugares inesperados, por ejemplo ganó en Santa Fe. En Mendoza quedó sólo a 3% detrás de Cambiemos. En contraste, Scioli hizo una elección mediocre en su propia provincia ya que no alcanzó ni siquiera el 40% en Buenos Aires (Pagni 2015c; Mendelevich 2015; López 2015). El restante 40% a nivel nacional fue conformado en su mayoría por población de clase media y media alta. Macri tuvo una importante presencia en los distritos centrales (provincia de Buenos Aires, CABA, Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Entre Ríos).

Si se comparan los resultados de 2013 con los de 2015 podrá comprobarse que el no-peronismo produjo una significativa mutación: Cambiemos capturó la casi totalidad del voto radical. En 2013, el partido de Macri había conseguido apenas el 10%, mientras que el radicalismo y partidos afines, que luego constituirían UNEN, se habían alzado con el 25%. En las elecciones de 2015, Macri se llevó casi 25% y lo que fue UNEN apenas alcanzó el 3,5%, con Stolbizer. En definitiva, la proporción de voto peronista y no peronista permaneció relativamente estable: El primero en torno al 60%, el segundo en torno al 40%, sin producirse intercambios de votos sino migraciones internas al ritmo de sus luchas de facciones. Como señaló Leiras (2010: 223), las reglas electorales vigentes y las características de los partidos de Argentina permiten que la probabilidad de que los partidos obtengan distintas proporciones del voto en distintas provincias cuando se eligen diputados nacionales es alta (Catterberg 2014).

En este contexto, el grueso de la oposición no-peronista (Pro, Coalición Cívica y radicalismo) acató la regla de las PASO dirimiendo su candidato, mientras el peronismo (oficial y disidente) no se sometió del todo, dejando en pie a Massa y a Rodríguez Saá. Por ello, la persistencia de Massa explica la cristalización del voto de Scioli. De ahí que la supervivencia de Massa garantizó el éxito de Macri. Sumado a esta “ayuda” entre ambos actores se dieron cotidianas relaciones celebrando incluso acuerdos en muchas intendencias bonaerenses, donde algunos candidatos de UNA dependían de que Cambiemos no compitiese, y viceversa.

El triunfo de Scioli en las PASO no fue el esperado por el FpV: No se llegó al 40% y la diferencia sobre la suma de los tres precandidatos del frente Cambiemos creaba una sensación de resignación al deseo de ganar en primera vuelta en las elecciones presidenciales de octubre (la diferencia fue poco más del 8%). En comparación con las PASO 2011, las de 2015 no fueron obligatorias pero se dirimieron las candidaturas presidenciales convirtiéndola en la primera competencia interpartidaria, no intrapartidaria. Tres semanas después de las PASO, cuatro encuestadoras consultaron a los votantes para evaluar las preferencias: Management & Fit, entre el 20 y el 26 de agosto, preguntó: “Si las elecciones de octubre para presidente fueran hoy, ¿a qué fórmula cree que votaría?”. Los resultados ubicaron a Scioli con 34,8%, a Macri con 26,8% y a Massa con 15,7%. Otras dos consultoras que vaticinaron balotaje fueron González y Valladares e Ibarómetro. En el primer caso, los resultados obtenidos entre el 27 y 29 de agosto arrojaron una victoria de Scioli con el 35,1% seguido por Macri con el 27,8% y Massa con el 21,7%; en el segundo caso, realizado entre el 19 y 20 de agosto, ubicó a Scioli por encima de los 40 puntos (40,7%), pero con una distancia menor respecto a Macri (35,7%). La consultora disidente fue Aresco, la cual entre el 25 y 26 de agosto, dio por vencedor a Scioli sin balotaje (40,5% versus 30,3%). A pocos días de las elecciones generales de octubre la consultora CEOP se sumó a la opción del no-balotaje en favor de Scioli. Las conclusiones se basaron en el análisis de más de 2.700 casos donde surgió que la mayoría de las personas priorizaban dos temas sustanciales: La economía y la percepción de gobernabilidad. En el primer caso, los encuestados no deseaban que se operasen bruscos virajes; mientras que en el segundo querían una capacidad presidencial para manejar factores de presión. En base a estas dos cuestiones, la imagen de Scioli fue el que mejor porcentaje arrojó (Laborda 2015b; Fidanza 2015b; Botana 2015; Pagni 2015d; Kollmann 2015a; Anon. 2015b; Kollmann, 2015b).

Para mejorar y posicionarse en el centro de la escena, el candidato del FpV cerró su campaña en el estadio capitalino “Luna Park”. Acompañado por gobernadores, ministros, deportistas, artistas y miles de militantes, Scioli elogió a la presidente saliente y a su ministro de economía, Axel Kicillof, prometiendo aumentar el mínimo de ganancias y convocó al voto de peronistas, radicales, socialistas, progresistas, independientes e indecisos. Dijo: “Hoy la independencia económica es el desendeudamiento; la soberanía política es el autoabastecimiento energético y la justicia social es la asignación universal por hijo” tendiendo un puente entre las banderas históricas del peronismo y el proceso iniciado por Néstor Kirchner en 2003. Macri cerró la campaña electoral en Córdoba en busca del voto cordobés y de los indecisos, además de que convocó a realizar “un gran cordobazo del crecimiento y del desarrollo”. Prometió “unir a los argentinos”, construir un país federal, generar más de dos millones de puestos de trabajo y tener “pobreza cero” (Lantos 2015a; Anon. 2015c; Anon. 2015d; Anon. 2015e).

Las elecciones de octubre

En las elecciones presidenciales del 25 de octubre de 2015 se presentaron seis candidaturas mediante una primera vuelta. De acuerdo con el código electoral nacional (Ley 19.945), el Presidente y Vicepresidente de Argentina fueron elegidos simultánea y directamente con arreglo al sistema de doble vuelta en elecciones celebradas dentro de los dos meses anteriores a la conclusión del mandato del Presidente y Vicepresidente en ejercicio. De manera conjunta, se eligieron dos candidatos titulares y dos suplentes para el cargo de Senadores nacionales por las provincias y la Ciudad de Buenos Aires; Diputados nacionales y, por primera vez, parlamentarios del Mercosur a través de un sistema mixto. Éste último consistió en veinticuatro parlamentarios por cada una de las 23 provincias y un parlamentario por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; el resto de parlamentarios fueron elegidos en forma directa por el pueblo de la Nación.

Traducido en números: De un total de 32.130.853 electores habilitados votaron un total de 26.048.446 (81,06%), de los cuales un 96,68% (25.184.257) fueron votos positivos y el restante 3,32% fueron votos en blanco o anulados (864.189). El porcentaje de concurrencia fue similar al de la elección presidencial de 2011 y superior a los de la de 2007 (76,31%) y 2003 (78,21%). El voto en blanco no tuvo una importancia significativa con menos de la mitad de las PASO de agosto 2015 (Anon. 2015f). La diferencia fue menor al 3%, lo que fue percibido por Cambiemos como una señal positiva de cara al balotaje.

De ello se deduce que la gran mayoría de quienes no votaron por Scioli o Macri en las primarias, lo hicieron por este último en las generales. De acuerdo con los resultados no se pudo proclamar un presidente, ya que el sistema electoral argentino prevé el 45% de los votos afirmativos o en su defecto el 40% de los votos con una diferencia mayor al 10% sobre la segunda fórmula. El balotaje fue previsto dentro de los treinta días a partir de la elección de octubre, entre la primera y la segunda fuerza más votada.

Desde la recuperación de la democracia, Macri fue el primer candidato que no provenía ni del espacio peronista ni del radical – aunque obtuvo apoyo por parte de algunos políticos que militaron en algunos de éstos partidos –. En las reñidas elecciones de octubre 2015, Macri triunfó abultadamente en Capital y Córdoba además de Entre Ríos y Santa Fe. Perdió en Buenos Aires y por gran margen cayó en Jujuy, Salta y Santa Cruz. Además resaltó el triunfo de Cambiemos en la gobernación de Buenos Aires donde la candidata Vidal obtuvo más del 50% de los votos signando el final de la hegemonía peronista (28 años) en la provincia más importante.7 Algunos ejemplos de la provincia de Buenos Aires: En la capital de la provincia, La Plata, Cambiemos obtuvo el 41,11% de los votos (casi 6% más que en las PASO) contra el 29,90% del FpV; en Mar del Plata (39,94%) y Bahía Blanca (45,12%) donde el FpV quedó segundo y Unidos por una Nueva Argentina (UNA) tercero. En la capital de la provincia de Córdoba, Cambiemos amplió en casi 15% el caudal de votos conseguido en agosto y llegó al 53,24% por ciento, superando por más de 30% a UNA (20,40%) y al FpV (19,21%). Como señalado, el FpV no hizo pie en Córdoba, pero tampoco en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), llegando al 24%. En cambio, en las provincias del Noroeste Argentino (NOA: Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero) la supremacía del FpV, si bien disminuyó en comparación con las elecciones de agosto, conservó la ventaja al igual que en la Patagonia. Estas dos regiones fueron las que proveyeron el mayor caudal de votos para Scioli, incluso más que Buenos Aires. Asimismo el FpV repitió sus victorias en las ciudades más pobladas de Santa Fe como son Rosario (31,93%, casi un punto menos que en agosto) y Santa Fe capital (33,29%, perdiendo poco más de 1,5% en relación a la elección de agosto) donde el socialismo gobernaba desde hacía varios años. La pérdida de votos más significativa a nivel porcentaje sufrida por el FpV se dio en la capital de la provincia de Tucumán y en la capital de la provincia de Corrientes. En la primera se obtuvo el 36,49% por ciento de los votos, casi 6% menos de lo logrado en las primarias (Cambiemos sumó casi 2% llegando a 34,77%). En la segunda ciudad, bajó de 43,55% a 41,81% (Cambiemos agregó casi un 5% hasta trepar a 37,77%). En el único distrito en el que se impuso Massa fue en la ciudad de Salta, logrando un 41,29% donde también hubo un fuerte corrimiento de votos en contra del FpV (28,9% que perdió 3,69%). Cambiemos sumó unas décimas con respecto a las primarias y llegó al 24,27% (Cibeira 2015; Wainfeld 2015c; Ibáñez 2015a; Rudman 2015; Wainfeld 2015d; Anon. 2015 g).

Cambiemos, en conclusión, acumuló entre las PASO de agosto y las generales de octubre 1.800.000 de votos extra de los cuales casi el 63% se repartieron entre las cuatro provincias más importantes (500.000 en la provincia de Buenos Aires, 360.000 en Córdoba, 170.000 en Santa Fe y 100.000 en Capital Federal). En el otro extremo, Scioli sumó 500.000 votos más que en las PASO de agosto. Evidentemente, muchos de aquellos votantes que en las PASO votaron en blanco, a un partido menor o incluso no habían acudido a las urnas, en octubre prefirieron hacerlo por Macri. Por convicción o castigo al partido oficialista, el voto que sumó Cambiemos fue “transversal” ya que se registró en zonas rurales, barriadas marginales y centros urbanos (Ibáñez 2015b).

Los otros elegidos

La elección de senadores, diputados y parlamentarios del Mercosur fue otro campo de feroz disputa entre FpV y Cambiemos. Algunos se jugaban la permanencia otros el debut, y muchos otros del gobierno saliente buscaban refugio. Pero más importante todavía fue la conformación de ambas cámaras – y del parlamento del Mercosur – que en definitiva serían el apoyo más fuerte al presidente o a la inversa, la valla más complicada de superar.

En la cámara de Diputados, el FpV perdió el quorum propio transformándose en la primera minoría (Tabla 1). Puso en juego 87 bancas de las cuales sólo pudo mantener 61. De todos modos si se suman los aliados el número se eleva a 117 miembros (129 para el quórum). Cambiemos (PRO+UCR+CC) mostró un crecimiento considerable pasando a poseer un interbloque de 91 diputados (26 miembros más aliados). Luego siguen el PJ no-kirchnerista con 36 diputados; el PS-GEN 9 diputados y por último la Izquierda con 4. La siguiente tabla muestra los movimientos en la cámara de Diputados: cuántas fueron las bancas puestas en juego y cuántas se obtuvieron – o perdieron – y la diferencia entre ambos resultados.

Tabla 1

Conformación de la Nueva Cámara de Diputados.

Bancas Diputados FpV y aliados UCR/CC Pro PJ no kirchnerista PS/GEN Izquierda

En juego 87 12 5 11 12 3
Obtienen 61 20 26 20 2 1
Diferencia –26 8 Diputados nuevos 21 Diputados nuevos 9 Diputados nuevos –10 –2

Fuente Anon. 2015 Así se conforma la nueva Cámara de Diputados. La Nación, 3 de diciembre.

En la cámara de Senadores (Tabla 2), en 2015, el FpV sobre 9 bancas que puso en juego obtuvo 12; UCR/CC sobre 9 bancas obtuvo 6, el PJ no kirchnerista sobre 3 bancas en juego obtuvo 4 y el Pro obtuvo una sin poner ninguna en juego. Los totales son: FpV y aliados 43 senadores; UCR/CC 11 senadores; PJ no kirchnerista 9 senadores; Pro 4 senadores; PS/GEN 2 senadores y otros, 3 senadores.

Tabla 2

Conformación de la Nueva Cámara de Senadores.

Bancas Senado FpV y aliados UCR/CC Pro PJ no kirchnerista

En juego 9 9 0 3
Obtienen 12 6 1 4
Diferencia 3 Senadores nuevos –3 1 Senador nuevo 1 Senador nuevo

Fuente: Anon. 2015 Así se conforma la nueva Cámara de Senadores. La Nación, 3 de diciembre de 2015.

Como novedad en las elecciones de octubre se incluyó la elección de parlamentarios del Mercosur siendo elegidos a través del mismo sistema que el resto de los postulantes. Fue una elección directa de 43 representantes, 19 por el distrito nacional y 24 por las provincias y la ciudad de Buenos Aires. El FpV obtuvo 26 bancas, en segundo lugar se ubicó Cambiemos con 12; UNA, se quedó con 4 bancas y la restante se la adjudicó Compromiso Federal, el partido del peronismo de San Luis (Anon. 2015h; Ybarra 2015; Anon. 2015i).89

¿Y los presidenciables?

De acuerdo con Novaro a partir del 2003 el creciente predominio electoral e institucional de una sola fuerza, el peronismo, y el debilitamiento del resto de los partidos hasta su casi extinción volvieron a definir la escena política. La supervivencia del sistema institucional, la informalidad organizativa y un peronismo entre el cisma y el alineamiento plantearon un escenario inédito para la política partidaria argentina. La clave de ello fue la posibilidad cierta, por primera vez en muchas décadas, de la emergencia de un nuevo partido político de alcance nacional. Inicialmente construir un partido nacional alternativo resultaba altamente improbable, en la medida en que los escasos recursos estatales no controlados por el peronismo se encontraban dispersos entre un conjunto de organizaciones diversas. Inédito además fue que el control de los dos mayores distritos electorales del país: Provincia de Buenos Aires y Ciudad de Buenos Aires, por un mismo partido diferente al peronista (Novaro 2012: 161; Scherlis 2015; Botana 2015a).

Cuando todavía se estaban contando las boletas el candidato Scioli, sin nombrar el termino balotaje, efectuó su primer discurso de campaña para la segunda vuelta electoral del 22 de noviembre. Les habló a los radicales rememorando a Alfonsín, a los socialistas y a todos los argentinos que valorasen el proyecto de desarrollo e inclusión emprendido por Néstor y Cristina Kirchner. A inicios de noviembre 2015, Scioli ante más de 30 intendentes elegidos en octubre, dijo: “La nuestra no es ninguna campaña del miedo, como quieren hacer creer, es una campaña para crear conciencia colectiva, en defensa propia de los trabajadores”. Y luego “es una nueva elección, […] dos proyectos de país, dos visiones de futuro […] interpretando nuevas demandas y ciudadanos que fueron en búsqueda de otras fuerzas políticas” (Muracciole 2015; Anon. 2015j).

Prácticamente la totalidad de las consultoras en campañas electorales consideraban que el balotaje era incierto; lo que sí se dió por descontado era que el FpV había quedado en una posición más incómoda que Cambiemos. También afirmaban que los votos que fueron hacía Massa serían decisivos. La consultora Ipsos-Mora y Araujo supuso que las dos primeras semanas después de las elecciones general de octubre estuvieron más orientadas a digerir el impacto de la primera vuelta que a desarrollar a pleno las campañas para la segunda. Para CEOP, las elecciones de octubre había producido una verdadera sorpresa en la opinión pública, en especial en la provincia de Buenos Aires. Y este resultado inesperado le había otorgado a Cambiemos una ventaja simbólica: Macri se había adueñado del concepto de cambio, y sin profundizar, ni plantear en concreto los lineamientos del cambio, había instalado la idea de la supremacía del “voto cambio” sostenido por más del 60% de los votantes.

Faltando 11 días para el balotaje, la mitad de los votos que en octubre habían ido para Massa migraron hacia Cambiemos, mientras que la mitad restante se inclinaba o por Scioli o por el voto en blanco o todavía estaba indecisa. Uno de los pilares del UNA, el candidato a gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, afirmó que sus votos se encontraban a favor de Cambiemos en una proporción de 65% a 35% (Kollmann 2015c; Anon. 2015k). El resto de los pequeños porcentajes de los partidos que participaron en las elecciones de octubre estaban divididos. Los votos de la izquierda se distribuían en partes iguales, de la misma forma que los votos que fueron a Stolbizer. Con asignación de los indecisos, la consultora Haime y Asociados consideró que para el 11 de noviembre la ventaja de Macri se estiraba a 5,7% por debajo del 9% que había a principios de ese mes. Si se tiene en cuenta el voto por nivel económico del votante, el FpV absorbía el 55% de la clase baja contra un 43% de su rival, pero perdía en la clase media y alta por un apabullante 60% a 26%. El 16% de indecisos era la clave de la victoria (Anon. 2015l; Wainfeld 2015e).

Ante la dificultad que el FpV percibía, Scioli decidió buscar la recuperación en el debate presidencial (también el primero en la historia argentina). La opción era para éste buscar el contrapunto sobre el cambio deseable y, sobre todo, enfrentar a su rival “mano a mano” cosa que el FpV tenía más tradición. El objetivo de Scioli era insistir en las diferencias con su rival y lo que representaba, especialmente en materia de empleo y salario. Para la consultora CEOP, Scioli había recortado la diferencia y apuntar hacia el 10%-15% de indecisos era sustancial. Contrariamente, Macri debía defender su ventaja sin correr riesgos, evitando definiciones como había realizado hasta el momento. La consultora Ipsos-Mora y Araujo sugería a Scioli generar simpatía y confianza personal y enunciar su modelo de país; para Macri la recomendación fue acercar a la población y provocar un mayor contacto personal; y a ambos, evitar el hostigamiento.

Scioli y Macri se enfrentaron por primera vez en un debate directo, plagado de acusaciones e ironías. El tema económico, especialmente el de la defensa del trabajo, atravesó la totalidad del debate. Este argumento fue central para atraer el voto de los indecisos. Durante toda la polémica, Scioli alertó sobre los riesgos de una devaluación, quita de subsidios y regreso a las fórmulas del FMI; Macri en cambio, eludió definir lo que habría de hacer si era elegido (Kollmann 2015d; Vales 2015). El episodio en el cual acercaron más sus posturas fue cuando se abordó el tema: “Seguridad y derechos humanos”. Ambos se concentraron casi exclusivamente en el narcotráfico. De cualquier modo, el candidato del FpV argumentó que la inclusión y las políticas económicas eran el primer requisito para abordar delitos. Y diferenció al narcotraficante del adicto. Macri sólo habló de la droga de los pobres “paco” como flagelo y principal problema, dejando de lado otras drogas consumidas especialmente por personas provenientes de otros estamentos sociales. Macri intentó transmitir su mensaje como un juego colectivo, llamando a la unidad; Scioli a un direccionamiento personalista, obligado quizás a trazar una frontera con el ultrakirchnerismo que pareció haber sido su carga desde las PASO (Wainfeld 2015f; Anon. 2015 m).

De cara al balotaje las preferencias comenzaron a ser más claras, así como también la radicalización de los discursos de ambos contrincantes. Massa acercó su “voto estratégico” a Cambiemos señalando: “Argentina necesita sin dudas un cambio, pero tiene que garantizar que marchamos hacia un país donde reemplazamos el plan social como camino de recuperación de millones de argentinos a la dignidad”. Y concluyó: “Yo no quiero que gane Scioli” (Anon. 2015n). Scioli dio un paso más en el discurso confrontativo considerando a Macri “un creído de Barrio Parque” en contraposición con la definición de sí mismo como “un trabajador del pueblo”. En Mar del Plata, en el primero de sus dos actos de cierre, Scioli insistió en adjudicarle a Macri la implementación de un ajuste y una megadevaluación en caso de llegar a la presidencia, un pacto con los “diablos” (en referencia al FMI y los fondos buitre) y la eliminación de los feriados, última acusación con la cual buscó golpearlo (Anon. 2015ñ). Scioli cerró en “la capital del peronismo” en el polideportivo de González Catán. Allí planteó la elección entre una opción “liberal” de su rival y la suya como un “proyecto nacional” (Anon. 2015o). Para conservar sus posibilidades y sabiendo que una gran parte del electorado bonaerense le había dado la espalda en octubre, Scioli se concentró en el Gran Buenos Aires, con especial atención en aquellos municipios en donde intendentes del FpV se encontraban en retirada luego de haber perdido las elecciones del 25 de octubre (Anon. 2015p).

Scioli en parte retomó el exitoso discurso de Nestor Kirchner quien se enarboló como el líder de aquellos que habían sido afectados por las políticas de los noventa. Scioli apuntó también su discurso hacia el peligro que sobrevendría en el caso de que su rival triunfara, ya que con él regresarían las políticas neoliberales y sus agentes. Al igual que Kirchner, Scioli buscó identificarse con el “pueblo” que incluía a los sectores medios y trabajadores, las organizaciones de desempleados, las organizaciones políticas colocadas a la izquierda del centro, los políticos comprometidos con el kirchnerismo (Zelaznik 2008: 176; Muñoz y Retamozo 2008: 137).

Macri, confiado por el escenario a su favor, solo habló que su futuro ministro de economía poseería un “perfil desarrollista”. Siguiendo el ejemplo de Scioli, Macri cerró su campaña en la provincia donde los resultados le habían sido adversos: Jujuy (Brienza 2015).10 Ésta provincia y toda la región del noroeste argentino le fueron de difícil acceso a Cambiemos, por ello Macri habló de un proyecto federal de desarrollo e inclusión.

Finalmente el 22 de noviembre de 2015 se produjo el histórico balotaje para decidir los cargos de presidente y vicepresidente.

El escrutinio definitivo arrojado por la Dirección Nacional Electoral dieron como vencedor a Mauricio Macri/Gabriela Michetti con 12.988.349 votos (51,34%) contra los 12.309.575 obtenido por Daniel Scioli/Carlos Zannini (48,66%). Además se registraron 637.319 votos entre aquellos anulados y en blanco (2,46%).11

Macri fue elegido presidente por una escasa brecha del 2,68%, esto es 678.774 votos de diferencia. Los datos por provincia señalan que Scioli se impuso en 15 distritos contra 9 de Macri, claro está que en esos 9 se encuentran la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe de los más populosos del país. Los triunfos de Scioli fueron en más provincias si bien la suma del caudal de cada una de ellas no alcanzó a los de su rival (Pertot 2015; Wainfeld 2015 g; Paladini 2015).

Conclusiones

El dilatado período electoral argentino acaecido durante el 2015 encerró muchas particularidades y novedades, volviéndose un laboratorio político de singular interés. Este ajetreo electoral infundió en la población un deber cívico manifestado en la enorme afluencia a las urnas, en cualquiera de sus turnos.

La primera prueba fueron las elecciones primarias del 9 de agosto de 2015, llamadas PASO. Allí los partidos políticos designaron a sus precandidatos, algunos de los cuales se enfrentaron con otros candidatos de su espacio político, pero a la vez fue un primer acercamiento a la realidad electoral y de esta forma un mayor conocimiento del potencial de el/los rivale/es. En las elecciones presidenciales del 25 de octubre de 2015 – además de las elecciones para diputados, senadores y representantes del Mercosur – se presentaron seis candidatos a presidente y vicepresidente, tres de los cuales se perfilaron como los preferidos por la ciudadanía: Scioli, Macri y Massa. En esa ocasión el vencedor fue Scioli aunque sin poder ser proclamado presidente. Por ello, y por primera vez, se realizó un balotaje entre los dos primeros candidatos del cual finalmente Macri resultó el vencedor.

La propuesta electoral de Cambiemos marcó sin duda un cambio sustancial en la política, ya que no se parecía en nada a los partidos tradicionales, a pesar de poseer contribuciones de los mismos. Demostró ser la única fuerza capaz de enfrentar la aceitada maquinaria política oficialista del FpV. Pero ello no fue el motivo de su victoria ya que como señaló Malamud el partido de Macri no tenía la misma capacidad adaptativa y de penetración territorial que tenía el FpV en el interior del país (Malamud 2008: 162, 165).

Como se ha visto en las cifras, la diferencia de votos entre la elección de octubre y el balotaje demuestran, en opinión del autor, que la victoria de Macri se debió a tres factores principales: Primero, el rechazo de la población al gobierno saliente; segundo, el voto útil del massismo y tercero, la incapacidad de Scioli de elaborar un discurso autónomo libre de la herencia del kirchnerismo. De ahí que se afirme que Macri venció más por la incapacidad del rival y el rechazo al kirchnerismo que por méritos propios. De alguna manera, los votantes que le dieron los puntos necesarios para ganar creyeron que estaban eligiendo el mal menor.

Los comportamientos electorales de los candidatos más importantes fueron variables. Scioli como se señaló fue incapaz de demostrar al electorado una propuesta propia, además de que el aparato político que lo respaldó se fue imponiendo sobre el candidato hasta hacerlo parecer un delegado de la presidente Cristina Fernández de Kirchner. Su rival, Macri, demostró al votante que el aparato político lo apoyaba y utilizó estrategias más agresivas de propaganda con el objetivo de captar aquellos indecisos y contrarios al kirchnerismo. Massa, el tercero de los candidatos más importantes jugó un rol fundamental una vez que vio desmoronar su candidatura pues volcó su caudal de votos hacia Macri sin los cuales quizás no hubiera llegado a la primera magistratura.

En definitiva, tanto el FpV como Cambiemos demostraron signos muy marcados y contrapuestos en su actitud política, discursos y propuestas presidenciales. Durante las diversas fases electorales de 2015 se pudo apreciar una constante polarización entre Scioli y Macri en una suerte de falso bipolarismo político – al menos en las elecciones de octubre – donde si bien existían más de dos fuerzas en competencia sólo el FpV y Cambiemos eran realmente las importantes. En definitiva los dos candidatos más importantes no fueron los artífices principales ni de la victoria ni de la derrota. En el primer caso, la victoria presidencial de Macri dependió más bien de Massa y del voto de aquellos que no querían que se perpetuara el kirchnerismo (veían a Scioli una continuación de éste); en el caso de Scioli, su derrota se debió más bien a la cristalización de una porción de los votos peronistas en Massa y de la pesada herencia kirchnerista de la cual nunca se pudo despegar. En conclusión, Macri fue el vencedor, Scioli el derrotado y los dos protagonistas restantes, Massa y el kirchnerismo, fueron los que elevaron a uno y empujaron al abismo al otro.