Start Submission

Reading: El Neoestructuralismo Latinoamericano: Transformación Productiva con Equidad, “Desarrollo De...

Download

A- A+
Alt. Display

Research Article

El Neoestructuralismo Latinoamericano: Transformación Productiva con Equidad, “Desarrollo Desde Dentro” y Regionalismo Abierto

Authors:

María Liliana Quintero Rizzuto ,

Universidad de Los Andes, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Grupo de Estudios sobre Regionalismo, Integración Económica y Desarrollo (GRID), Mérida, VE
About María Liliana
Economista (Universidad Central de Venezuela; Caracas, Venezuela). MSc. en Economía (ULA, Mérida, Venezuela). Doctora por la Universidad de La Laguna (Tenerife, España) en el Programa Formación, Empleo y Desarrollo Regional. Profesora Titular de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FACES-ULA, Mérida, Venezuela). Miembro del Comité editorial de la revista Cuadernos sobre Relaciones Internacionales, Regionalismo y Desarrollo. Miembro del Grupo de Estudios sobre Regionalismo, Integración Económica y Desarrollo (GRID) de la FACES-ULA
X close

Nicolás Enrique Prada Álvarez

Universidad de Los Andes, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Grupo de Estudios sobre Regionalismo, Integración Económica y Desarrollo (GRID), Mérida, VE
About Nicolás Enrique
Economista (Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela). Master of Arts in Economics (Universidad de Nevada, EE.UU.) Miembro del Grupo de Estudios sobre Regionalismo, Integración Económica y Desarrollo de la FACES-ULA.E-mail: nikoprada@gmail.com.
X close

Abstract

This research article aims to analyze the fundamentals of Latin American neo-structuralism related to development and economic integration in the region, since the early 1990s, in a context characterized by the deepening of globalization and the prominence of transnational corporations.

This new vision of Economic Commission for Latin America and the Caribbean (ECLAC) marks similarities and differences with respect to its foundational ideas framed in structuralism. Among the contributions of neo-structuralism stands out the incorporation of the proposals on the productive transformation with equity, as well as the open regionalism and the new agenda for development in the region. However, structural problems have persisted in the countries of Latin America, leading to the questioning of their postulates as an alternative response to the problems of underdevelopment.

 

Resumen

 

Este artículo tiene como propósito analizar los fundamentos del neoestructuralismo latinoamericano relacionados con el desarrollo y la integración económica, desde inicios de la década de 1990, en un contexto caracterizado por la profundización de la globalización y el protagonismo de las corporaciones transnacionales.

Esta nueva visión de la Comisión Economómica para América Latina (CEPAL) marca semejanzas y diferencias con respecto a sus ideas fundacionales enmarcadas en el estructuralismo. Entre los aportes del neoestructuralismo destaca la incorporación de los planteamientos sobre la transformación productiva con equidad, así como el regionalismo abierto y la nueva agenda para el desarrollo en la región. No obstante, han persistido los problemas estructurales en los países de América Latina, conllevando al cuestionamiento de sus postulados como una respuesta alternativa a los problemas del subdesarrollo.

 

Palabras clave: neoestructuralismo; transformación productiva; equidad; regionalismo abierto; América Latina

How to Cite: Quintero Rizzuto, M.L. and Prada Álvarez, N.E., 2019. El Neoestructuralismo Latinoamericano: Transformación Productiva con Equidad, “Desarrollo Desde Dentro” y Regionalismo Abierto. Iberoamericana – Nordic Journal of Latin American and Caribbean Studies, 48(1), pp.107–116. DOI: http://doi.org/10.16993/iberoamericana.418
57
Views
6
Downloads
  Published on 14 Nov 2019
 Accepted on 27 Oct 2019            Submitted on 16 Mar 2018

1. Introducción

El pensamiento de la CEPAL sobre desarrollo y regionalismo, desde sus ideas fundacionales a finales de la década de 1940, se ha caracterizado tanto por la continuidad como por el cambio en función de su adaptación a los nuevos contextos históricos.

El estructuralismo latinoamericano se sustentó principalmente en la dicotomía centro-periferia del sistema económico mundial; el cuestionamiento a los beneficios del libre comercio y a la ley de las ventajas comparativas; el carácter dual del proceso de desarrollo, cuyos efectos son reflejados en estructuras económicas heterogéneas; las deficiencias en la balanza de pagos y las restricciones externas; y la oferta ilimitada de mano de obra y su repercusión sobre la distribución del ingreso (Pérez Caldentey 2015). Esta escuela de pensamiento económico surgió como una respuesta crítica a las corrientes ortodoxas, sus postulados y la escasa aplicabilidad en las realidades propias de los países latinoamericanos; por tanto, no se desarrolló con base en axiomas, paradigmas teóricos ni principios universales, sino que se derivó de la experiencia práctica y las especificidades de los países de América Latina.

El neoestructuralismo surgió en la década de 1980, ofreciendo una perspectiva alternativa sobre el subdesarrollo en América Latina, buscando la incorporación de ideas sobre desarrollo e integración acordes con un nuevo contexto mundial, caracterizado principalmente por la profundización de la globalización, que comprende la apertura comercial, la libre movilidad de capitales y la desregulación de la economía.

El objetivo de este trabajo es analizar los fundamentos del neoestructuralismo latinoamericano en torno a la superación del subdesarrollo y la integración regional. La investigación reviste un carácter documental, sustentándose en la revisión y análisis crítico de este pensamiento. La primera parte, comprende los antecedentes del neoestructuralismo en América Latina. La segunda, presenta las nociones fundamentales del neoestructuralismo, los cambios en el entorno mundial y doméstico, la concepción del desarrollo económico, el regionalismo y el rol del Estado según esta corriente de pensamiento. La tercera, incorpora algunas críticas en torno a las limitaciones teóricas de esta escuela de pensamiento, y por tanto, a su capacidad para promover en la práctica, la superación del subdesarrollo de los países de la región.

2. Antecedentes del Neoestructuralismo Latinoamericano

De acuerdo con los científicos sociales de los inicios de la CEPAL, entre ellos Raúl Prebisch, Celso Furtado, Aníbal Pinto, José Medina Echavarría, Juan Noyola Vázquez y Osvaldo Sunkel, la superación del subdesarrollo en los países latinoamericanos debía sustentarse en la transformación de la estructura productiva y en la generación de una modalidad propia de introducción del progreso técnico, de la mejor distribución de sus frutos y del ingreso, así como de una inserción internacional más favorable de América Latina al sistema económico mundial.

Estos investigadores negaron la factibilidad de alcanzar el desarrollo a través del modelo de crecimiento “hacia afuera”, asociado con la exportación de productos básicos hacia los países industrializados. Además, justificaron teóricamente la necesidad de trasladar el motor de crecimiento desde la demanda externa, hacia la demanda doméstica (Pérez Caldentey 2015). Con ello, se fundamentó el modelo de industrialización “hacia adentro” basado en la sustitución de importaciones.

En la década de 1960, se continuó enfatizando en la industrialización, incorporando en el análisis de la “economía del subdesarrollo”, la propuesta de reformas institucionales (agraria, fiscal y financiera). De igual manera, la pobreza y la distribución desigual del ingreso fueron aspectos incluidos en el pensamiento cepalista, debido a las diferencias en las productividades que derivan de la heterogeneidad estructural dentro de las economías periféricas, que a su vez es resultado de un conjunto de condiciones históricas heredadas. Así, comienza a considerarse el tema de la equidad en la agenda del desarrollo, siendo representativos los trabajos de Pinto, Furtado, Tavares y Serra (Bielschowsky 2010).

En la década de 1970, el debate se centró en resaltar las limitaciones del modelo de industrialización “hacia adentro” en América Latina, señalando también el exceso de proteccionismo más allá de las recomendaciones de la CEPAL, así como la débil institucionalidad en torno a la generación endógena del progreso técnico y las reglas del juego vinculadas con la inversión extranjera. El debate fue cuestionando la naturaleza dependiente del proceso de modernización en América Latina, destacando las contribuciones de Sunkel; Cardoso; y Faletto (Bielschowsky 2010).

Durante la década de 1980, en el marco de la crisis de la deuda externa y la caída del ingreso per cápita regional, los cepalistas comienzan a centrar el análisis en la estabilidad macroeconómica y la relativa supremacía de la trilogía deuda-inflación-ajuste, aconsejando la renegociación de la deuda externa condicionada por las políticas de ajuste estructural. No obstante, en esta década no existía una convergencia perfecta entre los técnicos de la CEPAL acerca de cómo abordar esta problemática, es decir, no fue fácil lograr un consenso en cuanto a la proximidad o lejanía de las ideas cepalistas con la corriente de pensamiento neoliberal, en un nuevo escenario caracterizado por la apertura económica y la profundización de la globalización. Sin embargo, predominó una postura de vocación heterodoxa, al plantear que más allá de enfrentar los problemas de corto plazo, la solución estructural debía sustentarse en la diversificación y expansión de la producción y de las exportaciones con valor agregado (Bielschowsky 2010).

La década de 1990 evidenció el peso de la recesión económica y la deuda externa en América Latina, además de la inadecuación entre las estructuras de la demanda internacional, la composición de sus exportaciones, los desequilibrios macroeconómicos, la obsolescencia de la infraestructura, la brecha tecnológica entre los países del centro y los de la región, los problemas del mercado laboral, el mal aprovechamiento de los recursos naturales y la erosión del medio ambiente.

3. Del Estructuralismo al Neoestructuralismo Latinoamericano

En el contexto descrito, la incorporación de Fernando Fajnzylber en la CEPAL, significó una revisión del estructuralismo latinoamericano con base en dos de sus publicaciones: “La industrialización trunca en América Latina” (1983) e “Industrialización en América Latina: de la caja negra al casillero vacío” (1989), dando inicio a la etapa neoestructuralista del pensamiento latinoamericano en materia de desarrollo, como una alternativa al modelo de crecimiento según las reformas propuestas en el marco del neoliberalismo. Fajnzylber, aunque era crítico del modelo de industrialización “hacia adentro”, sostuvo una posición opuesta al modelo neoliberal emergente a mediados de la década de 1980, resaltando la importancia de la industrialización y el papel del Estado en el proceso de desarrollo. Fajnzylber planteó que el problema en América Latina no radicaba en el principio de la intervención estatal, sino en la forma de intervenir al no considerar la experiencia del excesivo proteccionismo como un aprendizaje (Bielschowsky 2010).

Otras limitaciones identificadas por el nuevo estructuralismo estuvieron vinculadas con el modelo de industrialización sectorial disfuncional debido, entre otros factores, al atraso del sector generador del progreso técnico, su capacidad para difundirlo y para absorber la creciente mano de obra; la escasa disposición al riesgo del empresariado industrial nacional; la débil propensión de las filiales locales de las corporaciones transnacionales a la investigación y la innovación (pues sus intereses generalmente están volcados en su casa matriz y filiales en los países desarrollados); la poca diferenciación de los productos debido a las limitaciones del mercado interno; los escasos vínculos entre el sector agrícola e industrial, entre otros.

Al mismo tiempo, Fajnzylber otorgó especial importancia a dos puntos centrales en el mensaje cepalista en la década de 1990. Por un lado, incorporar el conocimiento a la producción de bienes y servicios en América Latina, lo que significó a su vez incrementar la competitividad y fortalecer la capacidad productiva y la innovación; y por otro lado, orientar el desarrollo tomando en cuenta la equidad. En consecuencia, Gert Rosenthal, Secretario Ejecutivo de la CEPAL durante el periodo 1988–1997, impulsó las ideas de Fajnzylber, como punto de partida de una nueva estrategia de desarrollo productivo, social y de inserción internacional de América Latina.

De este modo, las bases fundamentales del neoestructuralismo latinoamericano son presentadas en el documento Transformación Productiva con Equidad, publicado en 1990 por la CEPAL, bajo la coordinación de Rosenthal y Fajnzylber, en el que se recomienda la transformación de las estructuras productivas de la región y el desarrollo “desde dentro”, así como una mayor apertura comercial en forma gradual y selectiva, un tipo de cambio real estable, entre otras políticas de mercado. Estas ideas se contraponen al radicalismo de las políticas contenidas en el Consenso de Washington, dando además importancia a la creación de un marco de creciente equidad social (CEPAL 1996).

Tanto los estructuralistas como los neoestructuralistas, cuestionan la teoría neoclásica del comercio internacional que argumenta que el libre comercio generaría ganancias, conduciendo a una reducción de la brecha existente entre los países del centro y la periferia. Ambas corrientes de pensamiento destacan que el comercio internacional refuerza las desigualdades, dado que las estructuras productivas en el sistema económico internacional se contraponen. En el caso de la periferia, predomina una estructura económica heterogénea, especializada y volcada a la producción y exportación de productos básicos, a diferencia del centro donde la estructura productiva es homogénea, diversificada y referida a la producción y exportación de manufacturas. La división internacional del trabajo y la especialización productiva ocasiona que el libre comercio sea más ventajoso para las economías del centro, que son capaces de retener los frutos del progreso técnico, lo que genera un deterioro de los términos de intercambio de la periferia.

3.1. La concepción del desarrollo en el neoestructu-ralismo

La nueva visión de la CEPAL sobre el desarrollo en América Latina, sustentada principalmente en los trabajos de Fajnzylber, Sunkel, Ramos, Ffrench Davis, Lustig, y Ocampo, analiza las reformas y políticas de ajuste estructural, planteando proposiciones orientadas a la transformación productiva con la finalidad de mejorar la inserción internacional de la región, que permitan aumentar la generación del empleo, reducir la heterogeneidad estructural y por ende mejorar la distribución del ingreso y la reducción de la pobreza. También, propone la necesidad de revisar la participación del Estado en los asuntos económicos, reconociendo su papel clave en la agenda de desarrollo. A mediados de la década de 1990, según Octavio Rodríguez (2006), la concepción cepalista del desarrollo se encamina hacia un enfoque centrado en un proceso integral, planteado como una totalidad que articula el ámbito económico, con el social, político, cultural y ambiental. Esto marca la diferencia con respecto el estructuralismo originario. En este marco explicativo, la transformación productiva podrá alcanzarse mediante:

a) fomento público a las acciones innovadoras (…) b) empeño en el desenvolvimiento de complementariedades, incluido el de instituciones públicas y privadas (…); c) promoción de la asociación empresarial, y en particular la de la formación de conglomerados productivos; d) incidencia estatal en la estructuración ordenada de aquellas actividades que tienden a ser desplazadas, a modo de facilitar la transferencia de recursos hacia nuevos sectores; e) el impulso a las actividades exportadoras, tanto a través del apoyo a la apertura de nuevos mercados como por la vía de la diversificación de la oferta y de la constitución de nuevos encadenamientos productivos internos (Rodríguez 2006: 446).

Este desarrollo “desde dentro” redefine los planteamientos en cuanto a la industrialización y el desarrollo “hacia adentro”, presentados por Prebisch en la década de 1950, y el modelo de “desarrollo hacia afuera”. La crítica del neoestructuralismo radica en que la estructura mundial no propicia el crecimiento económico en las economías periféricas. Se destaca que la apertura económica es eficiente si los países cuentan con estructuras productivas competitivas, pero si este no es el caso, la transformación productiva es imperativa, lo que implica que la industrialización sea el motor de la economía y que se articule con los demás sectores económicos. En esta estrategia, el Estado debe desempeñar un nuevo papel como regulador del funcionamiento del mercado.

Los neoestructuralistas también consideran que se debe impulsar la exportación de bienes manufacturados. La industrialización exige una mayor participación e interrelación entre los agentes económicos; grandes plantas industriales vinculadas con las pequeñas y medianas empresas, infraestructura científica y tecnológica, organismos de capacitación de recursos humanos, e instituciones que definan políticas y normas. Una vez que los actores y sus niveles de decisión se consolidan como práctica nacional, se propicia un núcleo endógeno de dinamización tecnológica (Sunkel 1995).

Adicionalmente, Ramos & Sunkel (1995) exponen que la industrialización “desde dentro” debe estar en función de los mercados internos y externos, en una estrategia de desarrollo de largo plazo. Las estructuras productivas deberán generar una mayor oferta con base en la calidad, flexibilidad y una utilización eficiente de los recursos productivos en un proceso permanente de innovación y desarrollo de las capacidades para competir.

La transformación productiva con crecimiento de la productividad debe estar acompañada con una mayor remuneración a los trabajadores y otras medidas redistributivas para lograr la equidad, en un contexto democrático, pluralista y participativo. De acuerdo con Cortés Gutiérrez (2011: 62), “…la equidad se constituye en requisito de la eficiencia y la dinámica industrializadora.”

Entre las políticas propuestas por el neoestructuralismo para impulsar los objetivos del desarrollo “desde dentro”, destacan (Torres Olivo 2006):

  • Políticas de apoyo a la inserción internacional: tendencia a la disminución de las medidas de protección arancelaria y la eliminación de restricciones cuantitativas, es decir una protección selectiva y temporal especialmente para nuevos sectores de la economía; un sistema integral de fomento a las exportaciones de manufacturas; un tipo de cambio real estable; así como la integración regional orientada a fortalecer la capacidad competitiva tanto en los mercados regionales como internacionales. Además, es importante el fortalecimiento de las instituciones y de los instrumentos en el ámbito tecnológico y en general, así como la capacitación de la mano de obra para incorporar y difundir el progreso técnico y favorecer la equidad; en un contexto amplio se requiere un sistema de capacitación nacional con programas diferenciados para distintos grupos de trabajadores y jóvenes en búsqueda de empleo. La creación de empresas incluyendo a las pequeñas y medianas es otro aspecto relevante, así como la valorización de la función empresarial y de nuevos emprendimientos, a su vez el fortalecimiento de la infraestructura tecnológica y otros servicios de apoyo a la producción, transformación y comercialización son esenciales para el logro de los objetivos propuestos.
  • Políticas para fortalecer la articulación productiva y la interacción entre los actores, centradas en una concepción sistémica para fortalecer la articulación entre agricultura, industria y servicios, con base en el apoyo de la capacidad en la industria para-agrícola y agroindustrial para inducir progreso técnico, aunado a un esfuerzo por mejorar los niveles de ahorro interno para financiar las inversiones.

En síntesis, Torres Olivos (2006) expone que los aportes de Fajnzylber en el mensaje renovado de la transformación productiva con equidad de la CEPAL, se centran principalmente en: la equidad y el progreso técnico para incrementar la productividad y la competitividad; la distinción entre la competitividad espuria de la competitividad auténtica, dado que esta última es la que se genera a partir del creciente y constante progreso técnico; la calidad de los procesos educativos y de la capacitación; la equidad; la articulación de la industria con los demás sectores económicos para permitir los encadenamientos productivos y el efecto spillover; la importancia de las instituciones y la concertación social para impulsar las estrategias de desarrollo así como la democracia para promover la transformación productiva y social.

Se plantea así la necesidad de conformar un núcleo endógeno de generación y difusión de tecnologías en cada país de la región, fortalecer las cadenas productivas locales con base en la competitividad sistémica, para así lograr una mejor inserción de América Latina en el mercado mundial, eliminando la competitividad artificial que se basa en aspectos como la devaluación y los bajos salarios, en lugar de los incrementos de la productividad.

3.2. La integración económica regional en el enfoque neo-estructuralista

El proceso de integración económica en el contexto del estructuralismo era entendido como una ampliación del mercado interno para favorecer la industrialización “hacia adentro”, y así lograr la transición hacia la diversificación de las exportaciones en productos industriales; todo ello para disolver los efectos negativos del modelo de intercambio centro-periferia (Salazar-Xirinachs 1993). Con el neoestructuralismo se enfatiza también la diversificación de las exportaciones, sin embargo, ahora bajo la concepción de la ampliación del mercado de la mano del regionalismo abierto o acuerdos de integración de segunda generación.

El documento “El regionalismo abierto en América Latina y el Caribe” publicado por la CEPAL en 1994, oficializó la promoción del regionalismo abierto como una idea central en el marco del neoestructuralismo, como respuesta al nuevo contexto del comercio internacional, la profundización de la globalización y la vigencia del modelo de crecimiento imperante, cuya lógica era la asignación de recursos y la promoción de modelos de producción bajo las premisas de libre mercado (Guerra Borges 1995). En ese documento, el regionalismo abierto se define como la conciliación de la interdependencia económica originada de los acuerdos comerciales preferenciales y aquella que resulta del proceso de liberalización comercial en general (CEPAL 1994). Se busca así fortalecer la complementariedad de los acuerdos comerciales con base en la proximidad geográfica y las similitudes culturales, así como la compatibilización de las políticas de apertura e integración con políticas destinadas a elevar la competitividad en los mercados mundiales.

En la teoría, los estructuralistas igualmente proponían una apertura comercial, no obstante gradual, en conjunción con la promoción de políticas proteccionistas hacia industrias incipientes y con prioridad y preferencia hacia el mercado regional. Sin embargo, en la práctica, se concibió un modelo desarrollista con un sesgo anti-exportador y políticas de proteccionismo excesivo hacia las industrias nacionales.

La promoción del regionalismo abierto transformó la naturaleza de la integración. En el estructuralismo, la integración regional sería un objetivo, y dado un desarrollo industrial subsecuente se buscó una inserción más favorable al comercio internacional, mientras que el regionalismo abierto enfatizó en la apertura comercial sin preferencias, haciendo de este el objetivo principal dejando la integración regional como un resultado del primero. Guerra Borges (1996) denominó este fenómeno como la globalización de la regionalización.

En el mencionado documento de la CEPAL se enuncian las principales características que tipifican un proceso de acuerdo comercial bajo la idea del regionalismo abierto (Guerra Borges 1996): a) los acuerdos deben garantizar la liberalización de los mercados de bienes transables; b) la formulación de estos acuerdos deben contener reglas flexibles para la incorporación de nuevos miembros con el fin de ampliar el alcance geográfico, así como el favorecimiento en el trato de capitales intrarregionales; c) los a-cuerdos deben incluir normas que garanticen la estabilidad de los procesos de integración, al tiempo de que reduzcan las incertidumbres o riesgos en torno a los mercados compartidos; d) los miembros deberán consensuar normas a fines de disminuir riesgos en cuanto al contrabando, la competencia desleal, las limitaciones o discriminación a sectores productivos menos competitivos, a los conflictos resultantes de los desequilibrios comerciales entre los miembros; e) mediante inversiones en infraestructura o compatibilización de normas, los miembros deben buscar disminuir los costos de transacción.

Los neoestructuralistas reiteran la importancia de articular el proceso de industrialización nacional con base en el regionalismo abierto; es decir esto último al servicio de generar los cambios en la estructura productiva y la equidad conducentes al desarrollo. Además, en concordancia con los estructuralistas, una estrategia de desarrollo centrada en la producción y exportación de manufacturas debía sustentarse en un mercado común regional, articulando esfuerzos en materia de concertación de políticas públicas, inversión, tecnología, e infraestructura en general. La prioridad se centró en las perspectivas de la transformación productiva, el comercio y el ámbito social.

3.3. Desempeño económico de América Latina y su interpretación según el neoestructuralismo

Desde inicios del siglo XXI, el neoestructuralismo se ha venido enriqueciendo con diversos trabajos científicos, con respecto a sus formulaciones de la década de 1990, aunque con algunas reorientaciones en sus enfoques temáticos en el contexto de un lento crecimiento económico tanto mundial como regional.

En relación con este escenario, el crecimiento del PIB mundial y del comercio internacional de 1998 a 2003 fue de 3,5% y 2,8% respectivamente, aunque con un cuadro recesivo debido al impacto de la crisis asiática y rusa así como las crisis internas de varios países de la región, entre ellos Argentina, Brasil, Uruguay y la República Bolivariana de Venezuela. En este periodo, la tasa de crecimiento del PIB de América Latina y el Caribe fue en promedio de 1,4% y la tasa de desempleo se incrementó de 10,3% a 11,0%; la inversión evidenció una contracción con una reducción de la razón entre la formación bruta de capital fijo y el PIB del 19,7 a 16,5%. Por otro lado, las exportaciones tuvieron una tasa de variación de 4,9% anual, en contraste con 10,4% en el periodo 1990–1997, no mejorando los términos de intercambio en la región (Bielschowsky 2010).

Entre 2004–2007, la tasa media anual de crecimiento del PIB en América Latina alcanzó 5,5% y disminuyó el desempleo urbano abierto desde 11,0% en 2003 a 8,0% en 2007. Por su parte, las exportaciones se incrementaron 7,6% anual en unidades físicas y 19,9% en valor, mejorando con ello los términos de intercambio en la región aunque no de manera uniforme y, por primera vez en mucho tiempo, hubo saldos favorables de la balanza de pagos en la cuenta corriente. La relación entre la formación bruta de capital fijo y el PIB aumentó desde 18,0% en 2003 a 20,7% en 2007. A pesar de este panorama general favorable en América Latina, se puede decir que se mantuvo un equilibrio ideológico entre el neoliberalismo y las visiones alternativas que lo cuestionaban, entre ellas el neoestructuralismo. No obstante, de acuerdo con las series históricas de las variables socioeconómicas, todo parecía indicar que esta bonanza sería efímera y tuvieron continuidad las ideas que impulsaban el desarrollo de América Latina y el Caribe a mediano y largo plazo, esto es más allá de los eventos coyunturales (Bielschowsky 2010).

Al igual que en la etapa estructuralista, la nueva visión cepalista interpreta que los problemas sociales de la pobreza y la distribución del ingreso devienen principalmente de la heterogeneidad estructural. Las investigaciones más recientes se centran fundamentalmente en los ejes temáticos sobre empleo, educación, pobreza, distribución del ingreso, protección social y otras políticas sociales, demografía y género. No obstante, el empleo y la educación constituyen las variables que conectan mejor la dinámica productiva y la social y que además son consideradas por la CEPAL como claves para superar la pobreza y la desigualdad.

Es importante destacar que la educación y el conocimiento constituyen ejes de la transformación estructural necesaria para dar el salto al desarrollo en América Latina; sin embargo, generalmente se han venido presentando deficiencias en términos de la calidad de sus resultados y su pertinencia, con respecto a los requerimientos del entorno socioeconómico y su grado de equidad.

Esto justifica una estrategia de largo plazo para impulsar la transformación educativa, aumentando las capacidades científicas-tecnológicas y mejorando no solo la oferta de los distintos niveles educativos sino su calidad, abarcando la educación preescolar, básica y secundaria, la educación universitaria, la capacitación por parte de instituciones públicas incluyendo los centros de investigación, los programas de educación popular y educación de adultos. En otras palabras, la formación y la capacitación deben encaminarse en función del desarrollo con base en la incorporación y difusión del progreso técnico, siendo clave la gestión institucional, las políticas responsables y el protagonismo de los educadores, el gasto público destinado a mejorar la educación y en suma todos los esfuerzos científicos y tecnológicos en un contexto de cooperación nacional, regional e internacional, sin dejar a un lado el fortalecimiento de los vínculos con el sector productivo.

Así mismo, es fundamental considerar medidas redistributivas complementarias, entre ellas los programas de emprendimiento empresarial y de capacitación destinados a los microempresarios, la asesoría financiera, los servicios técnicos y de comercialización, la capacitación a productores, el fomento de las microempresas, los servicios de seguridad social para atender a la población de escasos recursos económicos y en general, la promoción de la organización en función de la adecuada representación de los intereses de los actores económicos y sociales, entre otras.

En definitiva, de acuerdo con Infante (2011) no pueden darse cambios estructurales si persiste la heterogeneidad estructural y la desigualdad en América Latina, es decir, si meramente se multiplican los enclaves con alta tecnología sin una difusión adecuada de los frutos del progreso técnico, por cuanto la idea es impulsar dinamismos eficientes en el conjunto de la economía, incluyendo a las pequeñas y medianas empresas. Al mismo tiempo, se plantea la redefinición del desarrollo en términos de la transición hacia sistemas de producción y de consumo con base en tecnologías menos contaminantes, aunque no se debe dejar de lado la sostenibilidad económica y social. Por consiguiente, es fundamental la búsqueda del crecimiento y desarrollo con un uso más racional de los recursos naturales y una menor dependencia del petróleo, aunque de por sí esto significa un gran reto en relación con los intereses del capital transnacional. Tanto en la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y Desarrollo de 1992, como en la Declaración de Johannesburgo sobre el Desarrollo Sostenible en 2002, entre otras reuniones internacionales, se destacó que la erradicación de pautas insostenibles de producción y consumo así como la reducción de la pobreza, son aspectos fundamentales para alcanzar el desarrollo sostenible.

3.4. Profundización del neoestructuralismo en el pensamiento cepalista

A partir de las ideas expuestas, se propone la ampliación del paradigma de la transformación productiva con equidad, dando paso a los planteamientos de Ocampo (2015) de una agenda de desarrollo para la era global, contentiva tanto de propuestas referidas al papel crítico del espacio regional como de estrategias nacionales para enfrentar los desafíos de la globalización, así como las oportunidades enmarcadas en este proceso. Al cumplir la CEPAL sesenta años, fueron agregados en el análisis los siguientes aspectos: un balance del desempeño socioeconómico de las economías de la región; el planteamiento de una agenda de desarrollo en la era global; los conceptos de ciudadanía y cohesión social; la fusión de la perspectiva estructuralista y schumpeteriana y, el énfasis en las políticas macroeconómicas anticíclicas frente a la volatilidad de los capitales (Bielschowsky 2010).

En cuanto a la agenda global, se reiteran los principios referidos a garantizar los derechos humanos internacionales, la democracia, la paz, la seguridad, la estabilidad macroeconómica y financiera, mejorar las asimetrías internacionales en los ámbitos productivo, comercial, macroeconómico y financiero, entre otros, con una visión heterodoxa e incorporación de una agenda social al nivel mundial. En términos de las estrategias nacionales, se abre un espacio a la reflexión en torno a la macroeconomía y finanzas, la transformación productiva, el desarrollo social y la sostenibilidad ambiental. En un plano intermedio, entre lo global y lo nacional, destacan las recomendaciones en materia de institucionalidad y políticas regionales para garantizar la estabilidad macroeconómica y la integración productiva, comercial y financiera.

La concepción de la agenda de desarrollo para la era global sigue la tradición estructuralista de la CEPAL, por cuanto analiza la realidad económica y social de la región para diseñar políticas orientadas a mejorar las relaciones centro-periferia y la inserción internacional de América Latina (Bielschowsky 2010).

Otro de los ejes temáticos que ha sido incluido en el pensamiento de la CEPAL es el de las oportunidades en torno a los clusters o aglomeraciones productivas, con base en el procesamiento de productos básicos. La nueva estrategia de cambio estructural resalta que es necesario reorientar la producción y exportación en América Latina hacia bienes con un mayor contenido tecnológico y valor agregado a través de cadenas productivas más extensivas incluso más allá del sector manufacturero (CEPAL 2008).

3.5. Redefinición del rol del Estado

El neoestructuralismo también critica las limitaciones presentes en la corriente estructuralista, referidas a la confianza excesiva en el intervencionismo del Estado en los asuntos económicos, la negligencia en el manejo de la política monetaria y financiera y la subestimación de la necesidad de la política de ajuste en el corto plazo en las economías latinoamericanas (Berthomieu, Ehrhart & Hernández 2005).

Los neoestructuralistas plantean que debe fortalecerse el rol del Estado en sus funciones clásicas (entre ellas, la oferta de bienes públicos, el mantenimiento de los equilibrios macroeconómicos, la seguridad ciudadana, entre otras; también la eliminación o compensación de distorsiones de precios o de tipo estructural como los derechos de propiedad), en sus funciones básicas (salud, educación, vivienda, infraestructura), y funciones auxiliares (de apoyo a la competitividad estructural de la economía, la compensación de las fallas de mercado, el acceso a la información y su difusión, entre otras), más que en las funciones empresariales y productivas (Salazar-Xirinachs 1995).

Las viejas y nuevas ideas cepalistas apoyan la intervención del Estado para promover la industrialización (Pérez Caldentey 2015). El Estado debe ordenar las finanzas públicas mejorando sus fuentes de ingresos, estableciendo sus prioridades de gasto e inversión, entre otras. Los neoestructuralistas, a pesar de otorgarle importancia al mercado, no descartan la intervención del Estado para resolver sus fallas, así como la creación de alianzas estratégicas públicas – privadas, pero su papel como empresario deberá ser marginal. También, plantean pasar de un Estado encargado de la producción y regulaciones directas a un Estado generador de capacidades para impulsar la innovación, la difusión de tecnologías, la educación y la salud, así como la innovación social y el fortalecimiento de la democracia. Al mismo tiempo, los Estados deben promover el regionalismo abierto en América Latina.

El fortalecimiento de la competitividad y la construcción de ventajas competitivas dinámicas puede sustentarse en la inversión pública, sobre todo si se trata de grandes proyectos que implican significativos recursos económicos, pero al mismo tiempo se requieren políticas que impulsen la inversión privada y generen los incentivos necesarios a los actores económicos, así como una adecuada coordinación entre las instituciones.

4. Críticas más Resaltantes a los Postulados Neoestructuralistas

4.1. Inserción internacional más favorable

Según el neoestructuralismo, el desarrollo requiere la inserción de las economías de América Latina en los mercados mundiales de una manera más favorable; esto implicaría la generación de sectores exportadores de bienes manufacturados, todo ello compatibilizado con las tareas en torno al logro de la equidad. Los neoestructuralistas sostienen que es a través de la adopción de políticas públicas y la participación del Estado, que las economías tienen la posibilidad de posicionarse en este camino. Leiva (2008) basándose en la experiencia de los “tigres asiáticos” durante el siglo XX, sostiene que el neoestructuralismo no toma en consideración tres factores que posibilitaron la transformación productiva en dichos países: la existencia de un Estado con un nivel suficiente de autonomía para disciplinar, con base en un objetivo de desarrollo, tanto al capital y la mano de obra, así como emprender un rol de Estado desarrollista; la presencia del capital trasnacional con el interés de invertir en sectores productivos que agreguen valor y los incorpore en sus cadenas de producción mundial; y la existencia de un empresariado nacional con la disposición de asumir riesgos, invertir en actividades productivas e innovar. Adicionalmente, el logro de una inserción internacional más favorable requiere de la transformación de los sistemas de producción y de los patrones de consumo, ahorro e inversión; la creación de vínculos dinámicos entre los sectores exportadores y no exportadores; un mercado doméstico amplio; y la protección de aglomeraciones productivas que incentiven la innovación y la diversificación de la cartera de bienes transables. Desde una perspectiva socio-política, se destaca que el neoestructuralismo no considera en su análisis, las relaciones de poder dentro del Estado, la estructura de clases sociales ni la dinámica de su formación.

4.2. Desventajas del regionalismo abierto

En cuanto a la promoción del regionalismo abierto, Leiva (2008) expone que, ante la supuesta compatibilidad entre los acuerdos comerciales preferenciales intrarregionales y la actividad de intercambio mundial, las economías de América Latina deben acogerse a las normas establecidas por la Organización Mundial del Comercio (OMC), dado su rol como agente regulador en el marco del sistema de comercio internacional. Leiva deduce algunas contradicciones dentro de la teorización neoestructuralista y la práctica exportadora durante los últimos años. La más relevante sustenta que la adopción de las normas establecidas por la OMC desestima la posibilidad del Estado para implementar políticas comerciales, industriales y tecnológicas. Así, el regionalismo abierto implica una evidente contraposición con respecto a los argumentos neoestructuralistas expuestos anteriormente. Adicionalmente, el apoyo al capital transnacional, como mecanismo para impulsar el desarrollo de sectores de producción de alto valor agregado, pierde preponderancia al tiempo que la CEPAL omite incluir en su análisis, qué agentes económicos mantienen el control de los sectores de exportación más dinámicos bajo la modalidad de enclave económico, con ínfimas interrelaciones con las economías nacionales.

Una segunda inconsistencia es que el regionalismo a-bierto, en la práctica se ha traducido en la financiarización de las economías de América Latina, entendida como un proceso cíclico de acumulación cuya fuente de ingresos se deriva de actividades netamente financieras. Ello desestima cualquier posibilidad de alcanzar o mantenerse en un contexto de inserción más favorable en los mercados mundiales, a razón de cuatro motivos fundamentales. Primero, la financiarización ocasiona una disminución de la productividad puesto que una magnitud cada vez mayor de capital se vuelca hacia inversiones no productivas. Segundo, las empresas, cuyo valor depende de las cotizaciones en los mercados bursátiles y de la capacidad para maximizar utilidad, y por tanto de los dividendos pagados a los inversionistas, buscarán reducir costos laborales conllevando la precarización del empleo. Tercero, la financiarización implica la concentración de los recursos en una minoría cada vez más pequeña y con mayor influencia en las decisiones económicas y políticas. Cuarto, la financiarización involucra la pérdida de autonomía de las autoridades centrales para implementar y articular políticas económicas y medidas contrarias a los intereses de los grupos financieros (Leiva 2008).

Asimismo, Guerra Borges (2001) sostiene que la conciliación entre los acuerdos regionales y la apertura comercial indispensable para el regionalismo abierto, teorizada por la CEPAL, es en concreto el abandono de la interdependencia latinoamericana al tiempo de la dominación de la globalización por encima de los procesos de integración regional, debilitando aún más cualquier esfuerzo para concretar acuerdos verdaderamente latinoamericanos.

La experiencia de los países asiáticos, que sirvió de inspiración para la propuesta del regionalismo abierto, muestra lo contrario a lo teorizado por la CEPAL. Guerra Borges (2001) describe que, el desarrollo económico inicial de estos países fue fruto de prácticas proteccionistas, en contraposición a las propuestas de libre mercado y del comercio basado en ventajas comparativas. La efectividad de las políticas desarrollistas y de sustitución de importaciones en Asia, permitió a estos países converger hacia los mercados internacionales con capacidades productivas y competitivas comparables, o superiores a las de las potencias mundiales. Como se sugiere, allí la apertura fue el resultado de un proceso de desarrollo y no un punto de partida.

4.3. Crecimiento con equidad

Una de las ideas clave dentro del pensamiento neoestructuralista consiste en el aprovechamiento de la globalización como motor del crecimiento económico, al tiempo del logro, a través de la articulación de políticas públicas adecuadas, de una redistribución de los frutos de las actividades productivas que promueva el logro de equidad. De acuerdo con Leiva (2008), crecer con equidad está fundamentado, de manera teórica, sobre la base de dos ideas: primero, la posibilidad de desvincular la acumulación de la distribución de los frutos de la actividad exportadora; segundo, la existencia de dos vías, claramente delimitadas, de generación de competitividad internacional, es decir, la espuria y la auténtica.

En cuanto al primer basamento, Leiva (2008) considera que el neoestructuralismo contrapone las ideas de su escuela de pensamiento predecesora. En este sentido, destaca que el estructuralismo teorizó el estrecho vínculo entre la acumulación y la distribución: las decisiones en torno a la magnitud y forma en que se destinarán los excedentes derivados de las actividades productivas (p. ej., consumo y/o inversión) están condicionadas por el conjunto de relaciones de poder dentro del sistema capitalista. Este autor argumenta que dichas decisiones en torno a la distribución/acumulación están determinadas por la estructura de incentivos al sector empresarial que deviene de la intervención gubernamental, las políticas de gasto público corriente y de capital, el grado de legitimidad gubernamental y de inestabilidad social, entre otros. Más aun, bajo el modelo de crecimiento desde dentro, se han exacerbado los factores que limitan la posibilidad de desvincular la acumulación y la distribución como consecuencia de dos hechos clave. Primero, la extrema concentración de los medios de producción, lo cual se traduce en que los niveles de ahorro e inversión de las economías dependen del comportamiento del gasto de una minoría, representada por las empresas trasnacionales o los capitalistas domésticos. Segundo, se destaca que el desarrollo orientado en las exportaciones deriva en la sustitución del mercado interno como dinamizador de la actividad productiva, hacia el mercado externo. Además, esto implica que las decisiones sobre el gasto productivo están subordinadas a las exigencias de los mercados globales y a los planes de expansión de las corporaciones transnacionales.

En definitiva, contrario a lo propuesto dentro del neoestructuralismo y siguiendo el análisis de Leiva, el Estado al menos en la práctica, no tiene la capacidad para incidir directamente sobre los mecanismos de distribución de los excedentes generados desde el sector privado, teniendo así, desde este punto de vista, poca capacidad para generar crecimiento con equidad, sin llevar a cabo una transformación de los patrones de acumulación o de las relaciones dentro del actual régimen de crecimiento. Así, el neoestructuralismo deja un vacío amplio en términos de dar respuesta a los obstáculos al desarrollo que devienen de las estructuras actuales de poder político y económico, y del comportamiento de los agentes económicos.

El segundo componente detrás de la idea del crecimiento con equidad, es la delimitación de dos formas de generación de competitividad: espuria y verdadera. Para Leiva (2008), la evidencia empírica demuestra que, en las actividades productivas bajo un sistema capitalista, la existencia de dicha delimitación de competitividad es cuestionable. En concreto, de acuerdo con los neoestructuralistas, la competitividad espuria es posible a través de la reducción de costos laborales, mientras que la competitividad auténtica deriva del aumento de la productividad laboral y la incorporación de innovaciones tecnológicas.

Por lo contrario, Leiva (2008) argumenta que la competitividad espuria puede devenir también de la incorporación de capital tecnológico o de innovaciones al capital productivo, que, p. ej., pudiesen sustituir mano de obra, lo que no implicaría una mejora de la calidad del trabajo y de sus remuneraciones. Por su parte, la competitividad auténtica, o el aumento en la productividad laboral, son posibles no sólo a través de la incorporación de nuevas tecnologías, sino que pueden resultar de un ritmo de trabajo más intensivo de la mano de obra, que no requiere obligatoriamente de un proceso de innovación tecnológica.

5. Conclusiones

El neoestructuralismo sostiene, al igual que su corriente cepalista precedente, que las causas del subdesarrollo están vinculadas a las condiciones históricas, estructurales y endógenas de las economías periféricas, en continuidad con lo fundamentado con el estructuralismo. En consecuencia, ha persistido la heterogeneidad estructural y sus implicaciones económicas y sociales en los países subdesarrollados, entre ellos los de América Latina, pues no han ocurrido cambios estructurales relevantes.

Dada la dinámica del sistema económico mundial, además de la idea de la transformación productiva, el neoestructuralismo ha incorporado las cuestiones referidas al logro de la equidad, la promoción de la competitividad auténtica y el regionalismo abierto, como mecanismos para favorecer a las economías latinoamericanas en el sistema económico mundial en un contexto de profundización de la globalización.

No obstante, con los planteamientos del neoestructuralismo latinoamericano desde la década de 1980, en materia de desarrollo productivo, social e institucional han persistido muchos problemas estructurales del subdesarrollo, que ya eran preocupaciones del estructuralismo latinoamericano, entre ellos la heterogeneidad estructural, las restricciones a la inversión y al crecimiento, la baja productividad de los factores productivos, la inserción desfavorable de América Latina y las asimetrías existentes en el sistema económico mundial de cara a la profundización de la globalización, la inestabilidad macroeconómica, los sistemas nacionales de innovación incipientes, la desigual distribución de los frutos del progreso técnico, la economía informal, el desempleo y el subempleo, la desigual distribución del ingreso y la pobreza en general. Esto ha conllevado al cuestionamiento de los postulados del neoestructuralismo como respuesta a los problemas del subdesarrollo de América Latina, al no incorporar entre otros aspectos, las discusiones en torno a las relaciones de poder, las contradicciones inherentes al capitalismo y la necesidad de las transformaciones estructurales dentro de los patrones de acumulación bajo el esquema de desarrollo “desde dentro”. No obstante, a pesar de estas limitaciones se puede resaltar que el neoestructuralismo continúa siendo un paradigma vigente que ofrece una teorización para América Latina de una alternativa del desarrollo con solidaridad en el marco del denominado regionalismo abierto, en un contexto protagonizado por la transnacionalización y la financiarización de las economías de la región (Leiva 2008).

El regionalismo abierto como propuesta desarrollista desde el neoestructuralismo, en definitiva, representa una evidente ruptura de ideas con respecto al pensamiento estructuralista. Las discusiones en torno a la viabilidad del regionalismo abierto deben estar enfocadas al grado de importancia que se le otorga a cada componente del proceso: regionalismo y apertura. En contraposición al regionalismo abierto, Guerra Borges (1996) propone regionalizar la globalización: fortalecer la interdependencia entre las economías de la región, en beneficio del aprovechamiento pleno de recursos internos de la región y el desarrollo de las capacidades productivas. Sólo cuando los países de la región hayan logrado reducir las desventajas comerciales con respecto al mundo, la apertura comercial, tal como propone el regionalismo abierto, rendirá más beneficios que costos para la sociedad.

Nota final

Este artículo constituye un resultado parcial del proyecto de investigación intitulado “La persistencia de la integración regional en América Latina: la identidad, la autonomía política y el desarrollo económico como variables explicativas”, coordinado por el Dr. José Briceño Ruiz, con financiamiento del Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (FONACIT), Ministerio del Poder Popular para Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología, de Venezuela.

Conflictos de interés

Los autores no tienen intereses en competencia que declarar.

Información del autor

María Liliana Quintero. Economista (Universidad Central de Venezuela, Caracas, Venezuela). MSc. en Economía (Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela). Doctora por la Universidad de La Laguna (Tenerife, España). Profesora Titular de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FACES-ULA, Mérida, Venezuela). Directora de la revista Cuadernos sobre Relaciones Internacionales, Regionalismo y Desarrollo (ULA). Miembro del Grupo de Estudios sobre Regionalismo, Integración Económica y Desarrollo (GRID) de la FACES-ULA. Autora y coautora de artículos científicos y capítulos de libros en el área de economía agroalimentaria, regionalismo y desarrollo.

Nicolás Enrique Prada. Economista (Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela). Master of Arts in Economics (Universidad de Nevada, EE.UU.) Miembro del Grupo de Estudios sobre Regionalismo, Integración Económica y Desarrollo (GRID) de la FACES-ULA. Coautor de artículos científicos en el área de regionalismo latinoamericano y desarrollo.

Referencias

  1. Berthomieu, C, Ehrhart, C y Hernández-Bielma, L. 2005. El neoestructuralismo como renovación del paradigma estructuralista de la economía del desarrollo. Problemas del desarrollo. Revista Latinoamericana de Economía, 36(143): 9–32. DOI: https://doi.org/10.22201/iiec.20078951e.2005.143.7595 

  2. Bielschowsky, R. (ed.) 2010. Sesenta años de la CEPAL. Textos seleccionados del decenio 1998–2008. Buenos Aires, Argentina: Siglo Veintiuno editores. 

  3. CEPAL. 1994. El regionalismo abierto en América Latina y el Caribe. La integración económica al servicio de la transformación productiva con equidad. Santiago de Chile: Naciones Unidas. 

  4. CEPAL. 1996. Transformación productiva con equidad. La tarea prioritaria del desarrollo de América Latina y el Caribe en los años noventa. Santiago de Chile: Naciones Unidas. 

  5. CEPAL. 2008. La transformación productiva 20 años después. Viejos problemas, nuevas oportunidades. Santiago de Chile: Naciones Unidas. 

  6. Cortés Gutiérrez, O. 2011. Estructuralismo, neoestructuralismo y las estrategias de desarrollo en América Latina. En Márquez Covarrubias, H, et al. (eds.), El desarrollo perdido. Avatares del capitalismo neoliberal en tiempos de crisis, 55–70. México: Miguel Ángel Porrúa/Universidad Autónoma de Zacatecas. 

  7. Guerra Borges, A. 1995. Reflexiones críticas y propositivas sobre el regionalismo abierto en America Latina. Pensamiento Propio, 8: 17–34. http://cries.org. 

  8. Guerra Borges, A. 1996. Globalización de la regionalización en America Latina: un punto de vista alternativo. Comercio Exterior, 46(6): 436–442. DOI: http://revistacomercioexterior.com. 

  9. Guerra Borges, A. 2001. ¿Tiene futuro la integración económica de America Latina? Problemas del Desarrollo, 32(127): 7–16. DOI: https://doi.org/10.22201/iiec.20078951e.2001.127.7411 

  10. Infante, R. 2011. Tendencias del grado de heterogeneidad estructural en América Latina, 1960–2008. En Infante, R (ed.), El desarrollo inclusivo en América Latina y el Caribe: ensayos sobre políticas de convergencia productiva para la igualdad, 65–93. Santiago de Chile: Naciones Unidas. 

  11. Leiva, F. 2008. Latin american neostructuralism. The contradictions of post-neoliberal development. Minneapolis, EEUU: University of Minnesota Press. 

  12. Ocampo, JA. 2015. América Latina frente a la turbulencia económica mundial. En Bárcena, A y Prado, A (eds.), Neoestructuralismo y corrientes heterodoxas en America Latina y el Caribe a inicios del siglo XXI, 93–110. Santiago de Chile: Naciones Unidas. DOI: https://doi.org/10.18356/54165733-es 

  13. Pérez Caldentey, E. 2015. Una coyuntura propicia para reflexionar sobre los espacios para el debate y el diálogo entre el (neo) estructuralismo y las corrientes heterodoxas. En Bárcena, A y Prado, A (eds.), Neoestructuralismo y corrientes heterodoxas en America Latina y el Caribe a inicios del siglo XXI, 33–92. Santiago de Chile: Naciones Unidas. DOI: https://doi.org/10.18356/26f263dc-es 

  14. Ramos, J y Sunkel, O. Hacia una síntesis neoestructuralista. En Sunkel, O (ed.), El desarrollo desde dentro. Un enfoque neoestructuralista para la América Latina, 15–32. Chile: Fondo de Cultura Económica. 

  15. Rodríguez, O. 2006. El estructuralismo latinoamericano. México: Siglo XXI Editores. 

  16. Salazar-Xirinachs, J. 1993. The integrationist revival: A return to Prebisch’s policy precriptions? Revista de la CEPAL, 50: 21–40. http://cepal.org. DOI: https://doi.org/10.18356/b0b29034-es 

  17. Salazar-Xirinachs, J. 1995. El papel del Estado y del mercado en el desarrollo económico. En Sunkel, O (ed.), El desarrollo desde dentro. Un enfoque neoestructuralista para la América Latina, 455–499. Chile: Fondo de Cultura Económica. 

  18. Sunkel, O. 1995. Del desarrollo hacia adentro al desarrollo desde dentro. En Sunkel, O (ed.), El desarrollo desde dentro. Un enfoque neoestructuralista para la América Latina. Chile: Fondo de Cultura Económica. 

  19. Torres, M. (ed.) 2006. Fernando Fajnzylber. Una visión renovadora del desarrollo de América Latina. Santiago de Chile: Naciones Unidas. 

comments powered by Disqus