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Research Article

La Experiencia Nacional-Popular en el Pensamiento de Alberto Methol Ferré sobre la Integración Regional Latinoamericana

Author:

Diego Hernández Nilson

Programa de Estudios Internacionales, Universidad de la República, Montevideo, UY
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Abstract

Alberto Methol Ferré was an important promoter of Latin American integration and an enthusiastic supporter of the national-popular cause (i.e. populism). However, the link he establishes between the two phenomena has not been studied much. This study analyzes the way in which the relationship between integration and the national-popular cause is presented differently in two periods of his work. At an early stage, the subject is introduced in a sneaky way, as a counterpoint in reference to which he criticizes other regional projects (liberals, socialists and planners). In contrast, in his later work, there is a more determined defense of the contribution of populism to regional construction, as an underlying element to the persistence of integrationist efforts throughout decades, regardless of whether such efforts are from the left or the right. The work combines this analytical approach with an interpretive one, appealing to Ernesto Laclau’s theory of populism, to propose a reinterpretation of Metholian integrationist thought as a “populist regionalism”.

 

Resumen

Alberto Methol Ferré fue un importante promotor de la integración latinoamericana y un entusiasta simpatizante de la causa nacional-popular (i.e. el populismo). No obstante, no ha sido mayormente estudiado el vínculo que él establece entre ambos fenómenos. El artículo analiza el modo en que esta relación se presenta en forma diferente en dos períodos de su obra. En una etapa temprana, el tema es introducido en forma solapada, como contrapunto en referencia al cual él critica otros proyectos regionales (liberales, socialistas y planificadores). En cambio, en su obra tardía, hay una defensa más decidida de la contribución del populismo a la construcción regional, como elemento subyacente a la persistencia de los esfuerzos integracionistas a lo largo de décadas, independientemente de que tales esfuerzos sean de izquierda o derecha. El trabajo combina este enfoque analítico con uno interpretativo, apelando a la teoría del populismo de Ernesto Laclau, para plantear una reinterpretación del pensamiento integracionista metholiano como un “regionalismo populista”.

 

Palabras clave: Alberto Methol Ferré; Populismo; Movimientos nacional-populares; Integración regional; América Latina; Ernesto Laclau

How to Cite: Hernández Nilson, D., 2020. La Experiencia Nacional-Popular en el Pensamiento de Alberto Methol Ferré sobre la Integración Regional Latinoamericana. Iberoamericana – Nordic Journal of Latin American and Caribbean Studies, 49(1), pp.1–11. DOI: http://doi.org/10.16993/iberoamericana.437
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  Published on 10 Apr 2020
 Accepted on 19 Mar 2020            Submitted on 20 Jul 2018

Introducción

Alberto Methol Ferré (1929–2009) fue un influyente intelectual uruguayo de la segunda mitad del siglo XX. Apasionado por la integración regional, sus contribuciones al tema son valoradas por varios investigadores de la historia del regionalismo latinoamericano (Briceño Ruiz 2019; Podetti 2014; Rivarola Puntigliano 2010). Importantes politólogos uruguayos también destacan sus aportes al debate político nacional (Real de Azúa 1964; Rilla 2010, 2013, 2015; Caetano 2019). Asimismo, su influencia se percibe en algunas de las personalidades rioplatenses con mayor proyección internacional en la actualidad, como el presidente uruguayo José Mujica, el diplomático Enrique Iglesias y el Papa Francisco.

Los aportes de Methol al pensamiento integracionista son tan valiosos como amplios. Sus contribuciones intelectuales al tema contemplan múltiples aspectos: el problema histórico de la balcanización, la herencia ibérica común, el imperativo geopolítico de la continentalidad, la necesidad de una economía de escala, el rol ecuménico del catolicismo y la poderosa incidencia de los movimientos nacional-populares latinoamericanos sobre el proceso de integración, tema del presente artículo.

Methol fue un defensor del populismo, condición particularmente infrecuente en Uruguay, reducto liberal latinoamericano en el que nació y vivió (Rilla 2013). Un comentarista de su obra subraya “su reivindicación de los movimientos nacionales y populares” (Podetti 2014: 85). Él mismo reconoce su admiración por “Los nacional-populismos […] de donde surge el único pensamiento político original de América Latina” (Methol 1999: 6). No obstante, hay pocos antecedentes que aborden la cuestión nacional-popular en su obra, y menos aún la relación que plantea entre ésta y la integración, cruce de tópicos que comporta una parcela limitada de su amplia producción. Este planteo de una relación entre populismo e integración, definida en términos de “regionalismo populista” (Hernández 2019), constituye una de las contribuciones más originales de su pensamiento.

La hipótesis del trabajo es que Methol plantea un vínculo virtuoso entre los movimientos nacional-populares y la integración latinoamericana. Para fundamentarlo, remite a referentes clásicos del populismo latinoamericano, como Víctor Raúl Haya de la Torre, Juan Domingo Perón o Getulio Vargas.

Haya plantea la consigna fundamental de los nacional-populismos o movimientos nacional-populares que sintetizó en tres conceptos: democracia–industrialización–integración. Es decir, la democracia necesita la industrialización, la industrialización necesita la integración, las tres se requieren mutuamente, pero la fundamental termina siendo la integración. Si intentamos democracia e industrialización en los veinte enanitos, no va a haber ni democracia en serio ni industrialización en serio (2004a: s/n).1

A través de estas tres prácticas, los movimientos nacional-populares serían capaces de superar la fragmentación de Latinoamérica en muchos países, en muchas “polis oligárquicas”. Las transformaciones impulsadas por estos movimientos, al imponerse a dicha fragmentación a través de la integración, simultáneamente permitirían superar la democracia meramente formal del liberalismo y la economía agroexportadora dependiente (formas éstas características de aquellas polis oligárquicas).

Por un lado, esta idea resulta de la tesis de la balcanización, base de la interpretación histórica del autor. Según ésta, con la independencia, el Imperio hispanoamericano se descompuso en muchos Estados: “Cada ciudad importante formó con su comarca un Estado. Nacieron así una veintena de ‘Ciudades-Estado’, la Polis oligárquica liberal.” (Methol, 1984b: s/d). En esta dinámica histórica, las formas políticas (liberales) y económicas (dependientes) de los países latinoamericanos, generadas en torno a los intereses de las potencias imperiales e instrumentalizadas por las oligarquías locales, confinan a Latinoamérica a la balcanización y obturan cualquier tentativa integradora. “La balcanización quedó perfecta cuando las semicolonias proveedoras de materia prima se revistieron del ropaje constitucional de ‘naciones’.” (Methol 2015: 61–62).2

Por otro lado, el autor también fundamenta su planteo acerca de la relación entre ambos fenómenos en la constatación de que los gobiernos populistas de diverso signo fueron históricamente actores importantes de las oleadas regionalistas de la segunda mitad del siglo XX (Methol 2004b). El “regionalismo populista” podría así contribuir a explicar aspectos de la “resiliencia del regionalismo latinoamericano” (Rivarola Puntigliano & Briceño Ruiz 2013): tanto su persistencia histórica, como su carácter transversal a las diversas ideologías políticas de izquierda y de derecha.3

La relación virtuosa propuesta entre populismo e integración se complementa además en sentido inverso: la sostenibilidad de los gobiernos nacional-populares depende de que sean capaces de avanzar hacia la integración. De lo contrario, mientras persistan confinados a los territorios nacionales, sus tentativas democratizadoras e industrializadores serán fácilmente revertidas por las fuerzas antipopulares (nuevamente: oligarquía y potencias imperiales). En su clásico libro El Uruguay como problema (escrito en 1967, después del golpe de Estado brasileño de 1964 que derrocó a Jõao Goulart, heredero político de Vargas), presagia que “Los nacionalismos argentino y brasileño no se podrán afianzar ni resistir el uno sin el otro” (Methol 2015: 115). Sobre el punto, Perón le trasmite a Methol en una carta publicada en el periódico Lucha obrera “Trabajar por la unidad de América Latina es también ‘hacer patria’.” (Perón 2015: 367).

Con base en una exhaustiva revisión bibliográfica de la obra de Methol, el artículo explora diversas proposiciones del autor en torno a la relación entre populismo e integración. Sobre estas ideas se realiza además un ejercicio interpretativo, apoyado en la conceptualización teórica de Ernesto Laclau. Si bien el enfoque gramsciano y postestructuralista de éste escapa en su búsqueda teórica a los planteos más ensayísticos de Methol, ambos comparten su simpatía por el populismo y el revisionismo histórico, presentando varias coincidencias, señaladas a lo largo del texto.

La cuestión nacional-popular en Latinoamérica

La historia latinoamericana del siglo XX está marcada por el surgimiento de gobiernos nacional-populares en varios países luego de la crisis de 1929, asociados a los procesos de consolidación de los Estados nacionales, expansión urbana, crecimiento de la clase media, advenimiento de la democracia de masas e industrialización por sustitución de importaciones (Halperin Dongui 1969; Cardoso & Faletto 1971; Germani 1973). Los clásicos ejemplos de esta “edad de oro” del populismo latinoamericano son el primer gobierno de Perón (1946–1955), los dos gobiernos de Vargas (1930–1945 y 1951–1954) y el gobierno de Lázaro Cárdenas en México (1934–1940), aunque la importancia de los movimientos que lideran se extiende allende dichos períodos (Germani 1973; Cardoso y Faletto 1971; Ianni 1989; Weffort 1989).

Posteriormente, los gobiernos populistas reaparecen en varias ocasiones en la historia latinoamericana. En la década de 1990 irrumpen el fujimorismo y el menemismo, que adoptan principios neoliberales, presentando así diferencias con el ciclo anterior, pero también similitudes (Ellner 2004; Barros 2009). Finalmente, hay un tercer ciclo populista a inicios del siglo XXI, asociado al “Giro a la izquierda latinoamericano” (Castañeda 2006), del cual se destacan el chavismo, el lulismo y el kirchnerismo, entre otros ejemplos (Laclau 2006; Castañeda 2006; Panizza 2009). Este conjunto de casos históricos conforma lo que denominamos la experiencia nacional-popular latinoamericana, sobre la cual se identifican algunas características comunes.

Primeramente, se observa que cada ciclo mencionado coincide con impulsos integradores promovidos o respaldados por los gobiernos populistas antes mencionados. Entre 1951 y 1954 Perón busca un nuevo entendimiento entre Argentina, Brasil y Chile (Nuevo ABC), que genera interés en Vargas (Methol 1996; 1999). Esta iniciativa es valorada por Methol en forma superlativa, o incluso tal vez excesiva, desde una perspectiva histórica, considerando su corta duración y la tibia respuesta varguista (Rilla 2013). Además, en 1951 estos gobiernos populistas ofrecen un espaldarazo decisivo para que la novel Comisión Económica para América Latina (CEPAL) adopte un carácter permanente, superando la resistencia estadounidense (Furtado 1991: 97–101). Herederos de Vargas mantienen el apoyo a ulteriores iniciativas cepalinas, como la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) en 1960.

En el segundo ciclo populista, el menemismo impulsa el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y el fujimorismo el relanzamiento de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) (Methol 1999; 2004a). Finalmente, en el siglo XXI, los gobiernos populistas de izquierda lideran la fundación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), organizaciones regionales características del llamado “regionalismo post-hegemónico” (Riggirozzi & Tussie 2012). Así, cada oleada regionalista es impulsada por los gobiernos populistas del período, dato que se estima puede aportar a la discusión sobre la resiliencia del regionalismo latinoamericano (Rivarola Puntigliano & Briceño Ruiz 2013).

Un segundo aspecto destacable del conjunto de casos es su amplitud temporal, geográfica e ideológica, expresiva de la importancia del populismo en la historia latinoamericana. La contraparte de dicha amplitud es su heterogeneidad. Ciertamente, no todas estas experiencias son necesariamente equiparables, ni mantienen una continuidad evidente. Hay de todos modos algunos parentescos obvios: el menemismo y el kirchnerismo comparten una identidad peronista, que en distintos contextos reinterpretan de diferente modo. En la visión de Laclau, el populismo es un fenómeno inestable y heterogéneo debido a su identidad relacional y contingente (Laclau 2014: 14–15).

La heterogeneidad del fenómeno populista responde además a una tercera característica, también pertinente para nuestro argumento: su capacidad de articular y condensar en un único discurso múltiples significados, incluso contradictorios (Laclau 2010). El populismo adopta una diversidad de sentidos políticos, que determina su “necesaria ambigüedad ideológica” (Laclau 2010: 140). Esto es típicamente ejemplificado con la convergencia de izquierda y derecha bajo el peronismo, que Laclau explica discursivamente a partir del “abismo permanente entre los actos de enunciación de Perón […] y el contenido de dichas enunciaciones. El resultado fue que a esos contenidos […] se les podía dar una multiplicidad de sentidos.” (2010: 268).

El artículo explica cómo esta capacidad del populismo de articular y condensar diversos sentidos políticos, permitiéndole superar la división izquierda/derecha, es uno de los fundamentos de su relación con la persistencia histórica de los esfuerzos integracionistas latinoamericanos. Esta relación entre populismo e integración reaparece recurrentemente durante 60 años, independientemente de la variedad de contextos y direccionamientos políticos de cada movimiento nacional-popular particular.

El populismo en sus propios términos

El tema del populismo es objeto de amplios debates en Latinoamérica, imposibles de abordar en su totalidad. Los mismos están marcados por las resistencias al populismo en diversos ámbitos. En el campo intelectual esto responde, entre otros factores, a la dificultad epistemológica que supone para el mainstream de las ciencias sociales la imposibilidad de ajustar el fenómeno a las categorías teóricas clásicas, por lo que frecuentemente acaba reducido a un caso de aberración política.

Sobre estas perspectivas, Laclau se refiere a la “impensabilidad” del populismo y lamenta que “todo el esfuerzo parece apuntar a separar lo que es racional y conceptualmente aprehensible en la acción política de su opuesto dicotómico: un populismo concebido como irracional e indefinible.” (2010: 31). En esta línea Methol ubica a los trabajos clásicos de Gino Germani (1973), quien desde la teoría de la modernización define al populismo como una forma de dominación autoritaria característica de las sociedades en transición, apoyada en la tradición y el carisma. Laclau (1985) y Methol (1973) coinciden en criticar el carácter neocolonial de estas perspectivas. Posteriormente, Methol crítica igualmente a Castañeda (2006), cuyo “uso que hace del término ‘populistas’ no llega a definir bien el fenómeno; me parece inducido desde afuera.” (Methol & Metalli 2006: s/n).

Las coincidencias entre Methol y Laclau frente a estas interpretaciones predominantes responden a que ambos se inscriben en una concepción alternativa del populismo, que intenta definirlo en sus propios términos y valorarlo como una práctica política legítima. Tal concepción está asociada al revisionismo histórico argentino más cercano al peronismo (Jorge Abelardo Ramos, Arturo Jauretche y el joven Laclau, entre otros), pero también es compartida por intelectuales brasileños como Hélio Jaguaribe y Darcy Ribeiro, o los uruguayos Vivián Trías y el propio Methol. La concepción metholiana de lo nacional-popular surge justamente en diálogo con el revisionismo argentino (Rilla 2010; Ribadero 2015).

Igualmente, fiel a su estilo ensayístico, el uso que Methol hace de las categorías populista y nacional-popular ciertamente no es sistemático, ni riguroso. Es posible observar una evolución en el uso de las categorías en su obra, desde alusiones tangenciales al tema y un uso algo vago de términos cercanos en sus primeros trabajos (1955, 2015), hasta la reivindicación decidida de las categorías populismo (1999) y nacional-popular (2004a; Methol & Metalli 2006). La inflexión acontece en la década de 1980, con el fin del ciclo de dictaduras del Cono Sur, cuando se refiere más directamente al tema. En uno de sus últimos libros explica su visión sobre estos conceptos:

Yo prefiero la expresión “nacional-popular”. […]. Una de las características de los populismos latinoamericanos es su simultáneo esfuerzo para elaborar una perspectiva nacional desde el “suburbio” […]. los detractores de los movimientos nacional-populares le quitan lo esencial: la palabra nacional. Y le dan una connotación populista con sentido despectivo (Methol & Metalli 2006: s/n).

Methol tampoco ofrece una definición de estas categorías, más allá de referencias imprecisas al origen del término nacional-popular que atribuye a Haya de la Torre, quien lo habría tomado del Kuomingtang de Sun Yat Sen (1999, 2004a). Sin embargo, en un artículo temprano ofrece una interesante definición del nacionalismo como “la búsqueda de lo universal en lo concreto y no en lo abstracto, como lo hace su antítesis, el internacionalismo cosmopolita y vacuo de las oligarquías portuarias” que encuentran “su más perfecta adecuación con el racionalismo constitucionalista francés y el librecambismo británico” (Methol 1955: 37). Se destacan aquí dos ideas, que son retomadas posteriores pasajes del artículo lo nacional como lo concreto y su dimensión antagónica frente a las abstracciones de las oligarquías cosmopolitas.

Dada la ausencia de una definición de populismo en Methol, se considera pertinente apelar aquí a la conceptualización más acabada que ofrece Laclau en La razón populista (2010), principal referencia mundial sobre el tema (Anderson 2016).4 El filósofo político argentino se pregunta si “¿No sería el populismo, más que una tosca operación política e ideológica, un acto performativo dotado de una racionalidad propia […]?” (Laclau 2010: 34), para definirlo como “una posibilidad distintiva y siempre presente de estructuración de la vida política” (Laclau 2010: 27–28). Tal estructuración se basa en el establecimiento de un antagonismo que da lugar a una división del espacio social “por la cual los actores se ven a sí mismos como partícipes de uno u otro de los dos campos enfrentados” (Laclau, 2006: 56). Así, el antagonismo performa la emergencia del pueblo como actor político unificado:

Si me refiero al conjunto de agravios sociales, a la injusticia general, y atribuyo su causa a la ‘oligarquía’, por ejemplo, […], estoy constituyendo al pueblo al encontrar la identidad común de un conjunto de reclamos sociales en su oposición a la oligarquía. (Laclau 2010: 126).

Al comparar las aproximaciones al populismo de Laclau y Methol se observan coincidencias y diferencias que esbozan planteos paralelos, desarrollados en distintos niveles de análisis. Laclau circunscribe su abordaje al ámbito nacional, constituyendo al pueblo como resultado del antagonismo frente a la oligarquía. Sin embargo, Panizza señala que este es uno de los dos posibles antagonismos tradicionalmente planteados: “La elite terrateniente y los intereses extranjeros representaron al enemigo del pueblo en el populismo clásico latinoamericano” (2009: 32). En esta dupla, Methol privilegia la dimensión internacional del antagonismo, conceptualizando al poder oligárquico íntimamente ligado a los intereses imperiales: “la trenza entre los patriciados y el imperialismo inglés” estaría en la base de “la trágica e inestable historia de las repúblicas latinoamericanas” (Methol 2015: 61–62). A partir de 1980 la visión de las oligarquías cosmopolitas asociadas al imperialismo va a aparecer más explícitamente inscrita en una estructura antagónica frente a los movimientos nacional-populares:

¿Cuál es el enemigo de los movimientos populares en Argentina? (y podría extenderse con matizaciones a América Latina). ¿Qué es lo que se quiere cambiar? La definición es sencilla: se trata de la crisis de la Polis oligárquica. ¿De dónde viene la Polis oligárquica? Viene de toda la independencia, de la alianza de las oligarquías comerciales y terratenientes con el Imperio Británico (Methol, 1984a: s/d).

A partir de este antagonismo entre el campo oligárquico-imperial y lo nacional-popular, Methol busca la emergencia del pueblo latinoamericano, llamando a “Volver la mirada portuaria hacia la tierra americana, confiar en nuestros pueblos.” (Methol 1959: s/p). En su obra, la idea del pueblo latinoamericano atraviesa diversas concepciones asociadas a dicho antagonismo: el pueblo católico del barroco mestizo (Methol 1973); las “clases medias rurales”, por las que apuesta en su etapa ruralista (Methol 1959); y las tentativas de articulación entre los movimientos nacional-populares argentino y brasileño, eje del argumento populista en su pensamiento sobre la integración (Methol 2015; 1997; 1999).

Hay así una coincidencia fundamental entre las visiones del populismo de Laclau y Methol, que sin embargo se desarrollan en caminos paralelos: uno nacional y el otro regional. El planteo teórico de Laclau concibe al populismo en una sociedad nacional (nivel doméstico), en la que el antagonismo frente a la oligarquía performa la emergencia del pueblo como sujeto histórico, superando así la heterogeneidad social, a través de la articulación de diversas posiciones de sujeto agraviadas por el poder oligárquico (obrera, campesina, afro, indígena, femenina, etc.). “Un grupo dominado, mediante el reconocimiento del mismo enemigo en una pluralidad de experiencias antagónicas, adquiere un sentido de su propia identidad” (Laclau 2010: 44).

Por su parte Methol, según nuestra interpretación, piensa lo nacional-popular en un espacio continental (nivel regional), en el que el antagonismo frente a “la trenza” oligárquico-imperialista performa la emergencia del pueblo latinoamericano como sujeto histórico (Patria Grande), articulando los diversos movimientos populistas nacionales y superando así la multiplicidad de países en los que se balcanizó el continente como resultado de la acción conjunta oligárquica e imperial. “¿Hay un pueblo latinoamericano o hay varios pueblos latinoamericanos? […] no se toman al singular y al plural como puras antinomias, sino que se muestra una ‘singularidad compleja, diversa’ que es realmente un pueblo” (1973: 10).

Estas diferencias entre Laclau y Methol se explican por sus disímiles objetos de interés: uno piensa la política nacional en términos teóricos, el otro la política internacional en términos de polémica y ensayo. Sin embargo, ambos entienden al pueblo como sujeto histórico. Esta interpretación permite definir la concepción metholiana como un “regionalismo populista”, en el que la integración consiste en la constitución de un pueblo latinoamericano como resultado de la articulación internacional de diferentes movimientos nacional-populares, a partir de su oposición común al campo antagónico oligárquico-imperial (Hernández 2019).

Puede persistir, de todos modos, una duda sobre las causas de sus diferencias. ¿Por qué Methol concibe el populismo a escala regional? Sin poder ofrecer aún una respuesta terminante, debe tenerse en cuenta el locus intelectual desde dónde escribe: Uruguay, enclave liberal latinoamericano en el que construir una alternativa populista de alcance nacional parece una tarea imposible, lo que obliga a concebir la cuestión nacional-popular a escala regional. Veamos a continuación las dificultades para pensar el populismo desde el pequeño país sudamericano.

La cuestión nacional-popular en el Uruguay

Los recelos y prejuicios hacia lo nacional-popular antes mencionados, comunes a toda Latinoamérica, son particularmente intensos en Uruguay (Rilla 2013). Methol lamenta que “En la época de Perón la situación fue tensa, la opinión pública uruguaya fue presa de un antiperonismo instrumentado que deterioraba día a día las relaciones con Argentina.” (2015: 77). Según se expone más adelante, este recelo es común al Partido Colorado (políticamente liberal e internacionalmente alineado con EE.UU., que gobierna el país durante casi toda la historia uruguaya) y a la mayoría de la izquierda (en la que hasta 1971 predominan tradiciones socialistas y comunistas, de origen europeo).

Esto se combina con la ausencia de experiencias nacional-populares relevantes en Uruguay. Diversos factores explican esta especificidad. En primer lugar, el fuerte arraigo de las tradiciones republicana y político liberal (Rilla 2010). Segundo, la función amortiguadora del Estado batllista (Real de Azúa 1984), que modera los conflictos sociales (Panizza 1991). Ambos aspectos son percibidos por Methol: “izquierda y derecha competían en liberalismo, indulgencia, en una concordia última, y las divergencias hacían ruido, levantaban espuma, pero no herían” (1959: s/d).

En general hay acuerdo sobre la ausencia de movimientos populistas de relevancia en Uruguay, aunque algunos autores le atribuyen tal naturaleza al primer batllismo de José Batlle y Ordóñez (Zubillaga 1985) y otros al neobatllismo de Luis Batlle Berres (Vivián Trías 1978). Desde la aproximación teórica adoptada en este análisis Panizza afirma que “si se quisiera adjudicar el calificativo de ‘populista’ a alguno de ellos tal vez le cabría más al primero que al segundo” (1991: 79), agregando sobre éste:

Por supuesto que el debate sobre el presunto populismo del batllismo de postguerra está en buena parte condicionado por desacuerdos sobre el concepto mismo del populismo. Pero […] es claro que el neobatllismo no fue un populismo en el mismo sentido que el varguismo y el peronismo. (Ibíd.: 78–79).

Por otra parte, el primer batllismo tampoco sería un ejemplo acabado: “el populismo batllista nunca se constituirá en una frontera totalizante que divida lo social en dos campos antagónicos.” (Ibíd.: 51). Más bien se trata de una experiencia ecléctica con elementos populistas: “el único caso en América Latina en que se articulan liberalismo y un componente populista en un discurso democrático de reforma social.” (Ibíd.: 52). Similarmente, Laclau y Methol también coinciden en este enfoque, al definir al primer batllismo como un “reformismo político democrático” (Laclau 2010: 239) y como un “liberalismo popular, con gesticulación socialista” (Methol 2015: 87).

El ejemplo más aceptado de populismo en Uruguay es la Liga Ruralista, un efímero movimiento político conservador (Jacob 1981). El mismo integra el gobierno durante el primer colegiado blanco (1959–1963), luego de un sorpresivo éxito electoral sustentado en un discurso anti-elitista y reivindicador del pueblo rural frente a las élites urbanas. Methol adhiere brevemente a esta experiencia, junto con otros jóvenes nacionalistas, contexto en el que participa de la delegación uruguaya que negocia la adhesión a la ALALC. Sin embargo, rápidamente se desencanta con la escasa voluntad integracionista y la dirección política de derecha del gobierno, contraria a sus posiciones más asociadas a la izquierda.

En una perspectiva histórica que, a su modo, ponía cabeza abajo la versión colorada del mito “civilización o barbarie” la victoria blanca en 1958 representaba para otros, la reivindicación histórica de una fuerza nacional-popular, con sus raíces en aquellos sectores donde la esencia de la nación se había preservado más puramente, es decir en el interior, sobre una coalición urbana que, con sus ojos en Europa y de espaldas al “país real” había vivido sistemáticamente a sus costillas. Esta interpretación de la historia tenía sus variantes de derecha y de izquierda. La de Methol Ferré corresponde a la última. (Panizza 1991: 103–104).

Desde entonces, su praxis política populista se direcciona hacia la izquierda. Entre 1955 y el golpe de Estado de 1973, Methol se aboca a construir un movimiento nacional-popular uruguayo en un derrotero que lo lleva desde el ruralismo, a la Unión Popular y al Frente Amplio. Recién retomará su más firme compromiso con este tipo de proyectos políticos en 2009, antes de fallecer, cuando asesora a Mujica en la campaña que lo lleva a la presidencia. Veamos a continuación cómo este itinerario político se coteja con su pluma.

Lo Nacional-Popular como Contrapunto de los Proyectos Liberal y Socialista

En un primer período de la obra de Methol, que es posible enmarcar entre las décadas de 1950 y 1980, la cuestión nacional-popular se presenta en forma algo tangencial, tal vez debido al clima hostil antes descrito. Sobre todo es introducida como punto de referencia, desde donde interpelar críticamente a liberales y socialistas. Sólo subsidiariamente, y a partir de tal contrapunteo, Methol asocia el populismo a la integración.

En primer lugar, en relación a la crítica al liberalismo, Methol ataca las posturas internacionales del Partido Colorado, a las que acusa de anteponer los vínculos con las potencias por sobre la relación con la región (donde estima que realmente radica el interés nacional uruguayo). Cuestiona las propuestas coloradas de la década de 1940 de instalar bases estadounidenses en Uruguay y de la “Doctrina de Intervención Multilateral” (Doctrina Larreta), ejemplos de alineamiento panamericanista con EE.UU., que conllevan también una confrontación con Perón (Methol 2015: 75). En la época los colorados agitan el fantasma populista con eficacia sacando rédito político de identificar al peronismo como una amenaza, que además intentan asociar al herrerismo (principal rival político en la arena doméstica), en una dinámica azuzada por EE.UU. (Rilla 2013: 65).

Como contrapunto a la política externa del Partido Colorado, Methol destaca la búsqueda de un mayor entendimiento regional impulsada por los gobiernos de Perón y Vargas. De estas experiencias nacional-popular valora su capacidad de movilización popular, ejemplo de democratización profunda, y su apuesta industrializadora, condición para el desarrollo.

Entre nosotros será Luis Batlle, que hará contradictoriamente el juego al imperialismo y a la oligarquía bonaerense contra su hermano gemelo y mayor, Perón. No extraía verdaderas consecuencias de que la industrialización argentina era la condición sine qua non de nuestra propia industrialización. Que nuestra industrialización era a la vez una consecuencia del amparo del poder industrializador argentino. […] la contradictoria posición del batllismo de entonces, que era justamente inversa y sostenía a las reaccionarias fuerzas agrarias en Argentina y Brasil disfrazadas con el manto de las “uniones democráticas”. ¡Inercias vetustas, de un liberalismo formal trasnochado! Y una extraordinaria falta de sentido del significado profundo de los procesos latinoamericanos, obnubilados por el juridicismo. (2015: 100).

El contraste entre el juridicismo del “liberalismo formal trasnochado” de las oligarquías latinoamericanas (identificado con los colorados) y el “significado profundo de los procesos latinoamericanos” (en alusión al peronismo y al varguismo) queda así inscrito en una oposición idealismo/realismo. Por un lado, al identificar al populismo con una posición realista, opuesta al idealismo colorado, Methol además está entablando un vínculo implícito entre aquél y el realismo característico del herrerismo (Real de Azúa 1959; Rilla 2015), intentando dotar así de una coherencia ideológica más profunda al vínculo Perón-Herrera. Por el otro lado, complementariamente, la posición colorada queda así explícitamente inscrita en el campo antagónico oligárquico-imperial. De esta forma, a través de la cuestión populista, Methol dota de sentido regional a la disputa política uruguaya.

En segundo lugar, Methol también se apoya en el populismo para criticar a la izquierda en sus versiones liberal, socialista y foquista. Vale recordar que el recelo hacia el populismo en Uruguay no es patrimonio de la derecha, sino que está también muy extendido en la izquierda. Uno de sus principales exponentes es Carlos Quijano, director del influyente semanario Marcha (1939–1974). En 1955, en la antesala del golpe de Estado oligárquico que derroca a Perón, Quijano lo acusa de arribista y autoritario: “el señor Perón escribe derecho en líneas torcidas. […]. El señor Perón quiere mandar y a esta voluntad de mando avasalladora sacrifica todo.” (Quijano 1990, apud. Vior 2003: 81).

Una década después, Methol sostiene un duro debate con Quijano (Espeche 2010; Caetano 2018), en el marco del cual desestima el proyecto de “Revolución Continental” de la OLAS, en favor del entendimiento argentino-brasileño (Methol 1967; 1968). Luego, frente a la desconfianza socialista hacia lo nacional-populares, Methol ensaya una sugestiva noción populista de “revolución”, a la que atribuye un sentido realista:

El pueblo hace muy pocas revoluciones, es sensato y conservador. Pero a diferencia de intelectuales o de jóvenes subsidiados en rebelión familiar, cuando se propone la revolución la hace, pues es también un acto de sensatez y conservación, no contradictorio con la audacia, el heroísmo, y ajeno a toda gratuidad. (Methol 2015: 91).

El autor se afirma así en el argumento populista del pueblo como sujeto histórico, para proyectar sus críticas a “intelectuales”, que ven al socialismo como la única opción transformadora, y a “jóvenes subsidiados en rebeldía”, que apuestan por guerrillas foquistas carentes de cualquier apoyo popular. Nuevamente, la referencia populista es un punto desde el cual criticar las opciones políticas predominantes en Uruguay. Además, otra vez su enfoque populista y el objeto de crítica son inscritos en una oposición realismo/idealismo, cuyo segundo polo esta vez decanta hacia la izquierda, representado por la naturaleza idealista de la vanguardia socialista.

De este modo, en El Uruguay como problema, la oposición realismo/idealismo es presentada como un clivaje alternativo, más pertinente que la oposición izquierda/derecha para pensar al país y la región. Los matices que ésta expresa son irrelevantes para Methol, frente al desafío realista de superar la polis oligárquica (que en Uruguay asume la forma de una política de enclave, encerrada en sí misma), donde coinciden “el idealismo jurídico o romántico, de derecha o de izquierda, son los modos uruguayos de suplir la ausencia de política internacional real, y por ello su signo es la gratuidad.” (2015: 69). Izquierda y derecha, en vez ser opuestos, coinciden en el polo idealista. La oposición idealismo/realismo presenta una correspondencia con el antagonismo cosmopolita/nacional-popular del regionalismo populista, en su capacidad superadora de la oposición liberal/marxista: “Los otros ‘pensamientos’ latinoamericanos eran tautologías de los liberales cosmopolitas o de los marxistas cosmopolitas, pero lo propiamente nacional latinoamericano se acuñó a través de la emergencia de los movimientos populistas” (Methol 1999: 6).

Tal coincidencia de posiciones liberales y marxistas en el campo antagónico al proyecto populista es otra idea en la que Methol coincide con Laclau. Ambos atribuyen a estas posiciones un carácter de “colonialismo intelectual” asociado al cosmopolitismo universalista eurocéntrico.

El pensamiento de la izquierda latinoamericana ha estado profundamente influido –casi diríamos constituido- por los paradigmas propios de la mentalidad colonial. […]. La oposición sarmientina ‘civilización o barbarie’ […] era traducida en términos marxistas como la oposición feudalismo-capitalismo. De ahí las complicidades profundas entre el liberalismo y el marxismo en este período, que construyen discursivamente los mismos silencios, las mismas ‘áreas de impensabilidad’, la misma incapacidad de percibir las peculiaridades históricas y de formular una estrategia que se funde en ellas. […] había que detectar, por ejemplo, detrás de las formas atípicas del peronismo y del varguismo, la categoría histórica ‘revolución democrático-burguesa’.” (Laclau 1985: 32–33).

En esta ocasión, nuevamente, Laclau y Methol presentan matices. En la medida que el segundo enfoca el plano regional, populismo e integración van de la mano, por lo que el colonialismo intelectual de liberales y marxistas también imposibilita el proceso de integración: “Somos una veintena de repúblicas anacrónicas […]. Uruguay, Chile, Bolivia, etc., solos no son vía de nada, ni de rutas socialistas ni de rutas neocapitalistas. Por sí mismos, se condenan al congelamiento de su estatuto colonial” (2015: 114–115).

Como contraparte, la apuesta integradora y la opción nacional-popular coinciden en el polo realista, llamando a superar la situación regional a través de la articulación internacional de los movimientos populistas. En términos de Laclau, podría decirse que populismo y regionalismo se articulan en su oposición común al campo antagónico oligárquico-imperial: “Ya Perón lo intuía buscando la alianza con Vargas, pero no tuvieron tiempo y cayeron simultáneamente ante sus comunes ‘gorilas’, que ellos sí tienen el respaldo unificado del imperialismo.” (Methol 2015: 115).

Por último, así como Methol critica las visiones regionales del panamericanismo y de la OLAS (sustentadas por colorados y socialistas, respectivamente), también cuestiona los proyectos regionales de la CEPAL y la ALALC, cuyo empeño planificador es adoptado en Uruguay por el Partido Nacional. En este caso, expresa un cuestionamiento más cauto, centrado en la insuficiencia de la perspectiva puramente económica, que de todos modos reconoce como necesaria. El autor lamenta el enfoque “tecnocrático” de la CEPAL, que considera “Un órgano todavía aséptico y temeroso de las vibraciones de la historicidad concreta” (Methol 2015: 101). De este modo, recordando que lo concreto en Methol es la nación, es interesante observar nuevamente como la crítica a la CEPAL también se apoya en una referencia soslayada al proyecto de alianza entre los gobiernos nacional-populares, alternativa política más ambiciosa, base de una “nación latinoamericana”.

Un Mercosur Nacional y Popular

En la década de los ‘80, coincidiendo con las transiciones democráticas del Cono Sur, comienza una segunda etapa en la obra de Methol, en la cual reivindica más explícitamente la cuestión nacional-popular. Ya no lo hace tanto como contrapunto a las posiciones políticas predominantes en Uruguay, sino en su carácter de práctica política legítima y original (Methol 1999), así como de fundamento de la integración latinoamericana (Methol 2004a). A su vez, a partir del nuevo entendimiento argentino-brasileño que se inicia con la Declaración de Foz de Iguazu (1985) y se confirma con el Mercosur (1991), el autor identifica una segunda oleada de regionalismo latinoamericano, con la que redobla su apuesta por la integración (Methol 1993; 1997a; 2004b).

El principal argumento de Methol en este período es que la oleada de regionalismo de la década de 1990 supone una continuación de la anterior oleada de las décadas del ‘50 y ‘60 (2004b). Ambas comparten numerosas características comunes. La insistencia en esta idea de continuidad puede además tener una función: contribuir a superar la desconfianza de una parte de la izquierda nacional rioplatense en relación al sentido liberalizador neoliberal que el Mercosur asume, sobre todo en sus primeros años.5

El argumento de la continuidad se sustenta en el rol que en ambas oleadas cumplen los movimientos y gobiernos nacional-popular, actuando como sustrato y elemento identitario común. El elemento populista, de naturaleza heterogénea, ambigua e inestable, es presentado por Methol como un hilo que da continuidad a las diversas experiencias históricas de la integración, y también como un amplio paraguas bajo el cual se acogen las diversas posiciones ideológicas que la impulsan. Lo que hemos denominado el “regionalismo populista”, emerge como un factor que confiere sustentabilidad al proceso integracionista, subyacente a las oleadas regionalistas, que son inscritas en una suerte de “ciclo largo”, denominado por Methol “la tercera ebullición totalizadora” de América Latina (2004b).6 Esta continuidad que el populismo confiere al regionalismo se expresa en dimensiones estructurales, culturales, ideológicas y geopolíticas.

La dimensión estructural del sustento que el populismo confiere a ambas oleadas de regionalismo radica en su relación antagónica con la potencia imperial, componente central del regionalismo populista, como fue explicado. Si bien Methol suaviza la retórica anti-imperialista del período anterior, el antagonismo internacional frente al poder estadounidense se mantiene como fundamento de la articulación argentino-brasileña que el Mercosur encarna. Esto es planteado por el autor, por ejemplo, al analizar la posición de fuerza que el bloque asume en sus negociaciones frente a EE.UU. (Methol 1997b). Incluso identifica allí una herencia de la concepción bolivariana de unión latinoamericana: “En el lenguaje de Bolívar, de su Carta de Jamaica, el Mercosur será el primer ‘poder intrínseco’ latinoamericano. La batalla por América Latina es en América del Sur.” (Methol 1997c: 26).

En segundo lugar, la continuidad del Mercosur con la historia latinoamericana también se expresa en una dimensión cultural. Methol apela al tradicional motivo populista de “el pueblo” para intenta matizar las críticas sobre el carácter predominantemente liberalizador del Mercosur inicial, centrado en la idea de mercado ampliado. En forma tal vez menos convincente, señala que “En última instancia, el éxito, el bullicio, la vida del mercado es un pueblo, una convergencia de pueblos” (1993: 23).

Tercero, Methol plantea una dimensión geopolítica de esta continuidad de ambas oleadas regionalistas, al ser la segunda heredera de la visión de Perón: “El Mercosur es la piedra angular de la Confederación Sudamericana, como decía Perón” (1996: s/p). Aquí coinciden nuevamente realismo y populismo como componentes de la visión geopolítica del líder argentino sobre el entendimiento argentino-brasileño, “núcleo básico aglutinador” reflejado en el Mercosur, de donde podrá avanzarse hacia la integración sudamericana y latinoamericana.

En este sentido, Methol desarrolla en este período su teoría sobre los “Estados continentales” (noción que toma del político chileno Felipe Herrera), en la que apela nuevamente al criterio realista para mantener en el siglo XXI su apuesta principal por un Mercosur político como “la vía necesaria para el Estado Continental nuclear de América Latina” (2009: 102). Aquí Methol parece desestimar la tesis de una ruptura o quiebre entre el regionalismo de la década de 1990 y el “regionalismo post-hegemónico” de comienzos del siglo XXI, que serían de naturaleza muy diferente (Riggirozzi & Tussie 2012). Por el contrario, en su visión predomina la continuidad histórica, sustentada por el Mercosur como núcleo básico: “Las ‘patrias chicas’ se salvan en la Patria Grande latinoamericana de la Unión Sudamericana, por la difícil y necesaria avenida principal del Mercosur.” (Methol 2004b). Diez años después, desaparecidas la Unasur y el ALBA, la historia parece darle la razón.

Por último la idea de una continuidad entre las diferentes oleadas del proceso regional también tiene una dimensión ideológica, al entender el apoyo sostenido al Mercosur de gobiernos nacional-populares de diverso signo (típicamente, menemismo y kirchnerismo) como un legado del populismo de posguerra. Con una dosis de nostalgia, el autor remite al entendimiento Perón-Vargas, destacando sus influencias recíprocas. “Perón tuvo un modelo en Vargas, quien produjo una irrupción de un nacional popularismo industrializador en Brasil. […]. Hay una interacción mutua primero de Vargas sobre Perón, luego de Perón sobre Vargas” (Methol, 1996: s/n). Destaca allí las coincidencias de ambas experiencias populistas, desde sus reformas laboristas que amplían derechos a las masas populares; al “salto audaz” que define la voluntad compartida de integración; y pasando por su coincidencia en la “irrupción de un nacional popularismo industrializador” (ibíd.).

Esta dimensión ideológica de la relación entre populismo e integración se fundamenta en la coincidencia de ambos elementos en un mismo polo de la oposición nacional-popular/cosmopolita, que se impone nuevamente sobre la tradicional oposición ideológica izquierda/derecha. El argumento populista, que Methol ya presentaba en sus obras tempranas para demostrar las limitaciones que comparten la derecha y la izquierda cosmopolitas (como fue expuesto), ahora es trasladado al polo opuesto, para hacer coincidir a izquierdas y derechas en un mismo polo nacional-popular, que da continuidad a las distintas oleadas del proceso.

El énfasis en esta dimensión ideológica de la continuidad es mantenido por Methol en sus últimos trabajos, al iniciarse el giro a la izquierda latinoamericano. Tal vez el mejor ejemplo de ello sea la intervención de Methol en el homenaje póstumo a Abelardo Ramos, celebrado en 2004 en la Biblioteca Nacional de Argentina. Cuando el kirchnerismo se alimentaba de los ecos del “que se vayan todos” en la argentina post-crisis del 2001, el autor reivindica el apoyo de Ramos a los gobiernos neoliberales a través del argumento populista: “él apoya al movimiento nacional y popular, que en ese momento tomaba el rostro de Menem, y Menem hizo un aporte extraordinario que yo lo apoyé y que fue el Mercosur.” (2004a: s/p). Otra vez el populismo aparece así, por un lado, como un fundamento de la continuidad histórica del proceso de construcción regional y, por otro, como un recurso para superar las diferencias ideológicas entre izquierda y derecha, que ahora quedan relegadas frente a su compartido carácter populista.

En la oportunidad también está presente Laclau, quien consensua con el uruguayo (aunque con un matiz esperable en torno a la figura de Menem): “yo no hubiera apoyado al menemismo en la forma en que él lo hizo, a pesar de que reconozco el punto que Methol Ferré señaló respecto al Mercosur” (Laclau 2004: s/p). Pese a su firme oposición al neoliberalismo, la concesión del teórico argentino pauta la importancia que también confiere al proceso de construcción regional sustentado en lo nacional-popular. De este modo, varias décadas después, el planteo de Methol se mantiene vigente “Habrá derechas e izquierdas que se aferren anacrónicas a los Estados parroquiales latinoamericanos. Habrá derechas e izquierdas dispuestas a trascenderlos de raíz, y los modos de lucha tomarán nuevas dimensiones” (2015: 94).

Conclusiones

Como resultado del análisis, una primera conclusión es la confirmación de la importancia que la cuestión nacional-popular asume en el pensamiento de Alberto Methol Ferré sobre la integración latinoamericana. Si bien para un lector atento puede resultar evidente el interés de Methol respecto a ambos temas, puede no ser tan obvio el modo en que ellos se relacionan en su obra.

Los datos aportados por la revisión bibliográfica permiten observar el modo en que Methol fundamenta el carácter virtuoso de esta relación: la constatación histórica sobre la coincidencia entre los períodos de auge de populismo e integración; la sostenida defensa de la integración por parte de los líderes populistas; la mayor capacidad que estos movimientos demuestran para avanzar en forma realista en el desafío regional, frente a otras alternativas idealistas; y su capacidad de mantener la apuesta regional por sobre las diferencias entre direccionamientos de izquierda y derecha. En este sentido, la relación entre populismo e integración también se estima que puede contribuir a explicar la “resiliencia del regionalismo latinoamericano” (Rivarola Puntigliano & Briceño Ruiz 2013), tanto en su continuidad histórica como en su transversalidad ideológica.

El artículo complementa el análisis con un ensayo interpretativo de la visión metholiana de la integración latinoamericana en clave populista, apelando a la teoría de Laclau. Como resultado de este ejercicio, se refuerza la hipótesis de que la visión de Methol sobre este proceso asume las características de un “regionalismo populista” (Hernández 2019). Tal vez, así como la Unión Europea es una construcción regional de identidad democrático liberal, o la ASEAN refleja su naturaleza tecnocrática, el regionalismo latinoamericano necesariamente debe ser una construcción populista, al ser ésta la práctica política más transformadora que la región encuentra a lo largo de los siglos XX y XXI.

Notes

1Muchas de las obras citadas del autor son tomadas del excelente acervo digital que ofrece el sitio en Internet de la Asociación Methol Ferré (www.metholferre.com), en el que la mayor parte de las conferencias y artículos aparecen sin número de página. Por tal motivo, las citas tomadas de trabajos allí consultados no incluyen ese dato, a pesar de ser citas textuales. 

2La idea de la balcanización es aquí adoptada como un “relato”, del cual interesan más sus efectos sobre el presente que su veracidad fáctica. De ningún modo se lo considera un dato histórico rigurosamente probado por Methol, aspecto que tampoco interesa en la presente discusión. 

3Estos autores explican que “Despite the hurdles, integration remains a firm issue in the official agenda of Latin American countries, and regardless of ideological divisions, no government rejects the integration idea” (Rivarola Puntigliano & Briceño Ruiz 2013: 3). 

4Las contribuciones de Laclau al debate sobre el populismo se enmarcan en una teoría más amplia, denominada post-marxismo (Laclau 2010; 2014; Laclau & Mouffe 1987). Sin embargo, muchas de esas formulaciones resultan de sus reflexiones primigenias, en la década de 1960, cuando dirigía el periódico Lucha obrera y (al igual que Methol) mantiene un fluido diálogo con Ramos, referente marxista del revisionismo histórico argentino. El peso de este antecedente es evidente, por ejemplo, en la crítica post-marxista a la centralidad de la clase obrera, en favor de la categoría “pueblo”. 

5En Uruguay, Methol influye en la posición favorable al Mercosur que acaban adoptando Líber Seregni, líder histórico del Frente Amplio, y la central única sindical PIT-CNT. En Argentina, presenta al nuevo bloque regional como una segunda oportunidad para el desarrollo industrial argentino. “El fracaso del nuevo ABC va a llevar a la Argentina a cuarenta años en una noria incesante. […]. En el Mercosur se abren las posibilidades de un mercado gigantesco que la Argentina no tuvo nunca.” (Methol 2004b: s/p). 

6Las dos “ebulliciones” anteriores son la conformación de latinoamericana como unidad histórica y la independencia de las potencias coloniales. 

Competing Interests

The author has no competing interests to declare.

Author Information

Doctor en sociología política. Profesor del Programa de Estudios Internacionales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, donde dirige el Observatorio de Política Exterior Uruguaya.

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