Start Submission

Reading: “La fecha gloriosa de la Nación hermana es también fiesta argentina”. Usos del pasado, nació...

Download

A- A+
Alt. Display

Research Article

“La fecha gloriosa de la Nación hermana es también fiesta argentina”. Usos del pasado, nación y poder en el centenario de Bolivia en Buenos Aires

Author:

María Laura Amorebieta y Vera

CONICET-Universidad Nacional de La Plata, AR
X close

Abstract

The purpose of this paper is to investigate the celebration of the Bolivian centennial held in Buenos Aires in August 1925, with special emphasis on the commemorative discourses and practices deployed by a group of Argentine and Bolivian intellectuals and politicians who took advantage of the occasion to reconstruct the independence deed, consolidate certain imaginaries about the nation and intervene in the struggles for regional hegemony. Therefore, the following pages will be aimed at examining, from the specific case selected here, some aspects of the process of construction and affirmation of national identities reactivated during the centennial period in Latin America, while also delving into the political meanings and strategic orientations that surrounded such commemorative events. The article concludes that, during the celebration, not only was the attempt to forge international alliances and/or consolidate positions of power in the region at stake, but also the ambitious and elusive attempt to build, consolidate and externalize an image of a modern and civilized nation.

 

Resumen

Este trabajo tiene como objetivo indagar en la celebración del centenario de Bolivia efectuada en Buenos Aires durante agosto de 1925, haciendo especial hincapié en los discursos y las prácticas conmemorativas desplegadas por un conjunto de intelectuales y políticos argentinos y bolivianos que aprovecharon la ocasión para reconstruir la gesta independentista, cimentar ciertos imaginarios sobre la nación e intervenir en las contiendas por la hegemonía regional. Por lo tanto, este artículo están dirigido a examinar, a partir del caso específico aquí seleccionado, algunos aspectos del proceso de construcción y afirmación de las identidades nacionales reactivado durante los tiempos de los centenarios en América Latina, a la vez que ahondará en los sentidos políticos y orientaciones estratégicas que rodearon a dichos actos conmemorativos. El artículo concluye que durante la celebración no solo se puso en juego el intento por tejer alianzas internacionales y/o afianzar posiciones de poder en la región, sino también la –tan ambicionada como escurridiza– pretensión por construir, consolidar y exteriorizar una imagen de nación moderna y civilizada.

 

Palabras Clave: centenario; Bolivia; Argentina; nación; hegemonía
How to Cite: Amorebieta y Vera, M.L., 2022. “La fecha gloriosa de la Nación hermana es también fiesta argentina”. Usos del pasado, nación y poder en el centenario de Bolivia en Buenos Aires. Iberoamericana – Nordic Journal of Latin American and Caribbean Studies, 51(1), pp.66–75. DOI: http://doi.org/10.16993/iberoamericana.545
46
Views
16
Downloads
1
Twitter
  Published on 08 Dec 2022
 Accepted on 11 Oct 2022            Submitted on 15 Apr 2022

Introducción

A finales de la década de 1980, la historiografía sobre fiestas patrias en América Latina comenzó a experimentar una lenta pero sostenida renovación en el campo de la historia política y cultural. Los festejos del bicentenario de la Revolución Francesa, las conmemoraciones del quinto centenario de la conquista de América y, finalmente, la proximidad de los doscientos años de las revoluciones de independencia hispanoamericanas transformaron las prácticas festivas y conmemorativas en atractivos puntos de entrada a la hora de discutir la relación entre el Estado, la nación y la sociedad en una época determinada.1

En este contexto, cuando la comunidad académica se propuso echar luz sobre el complejo problema de la construcción de los Estados-nación y los mitos de origen en América Latina a través de sus rituales conmemorativos, fue naturalmente el período de la Hispanoamérica posrevolucionaria uno de los primeros en ser estudiado. Sin embargo, los centenarios de las revoluciones de independencia también se constituyeron en otro objeto central de estas indagaciones en tanto hitos decisivos en el proceso de consolidación de los Estados nacionales.

En Argentina, una parte sustantiva de la literatura sobre el tema ha coincidido en señalar que el centenario se constituyó principalmente en una celebración modernista que, reconciliada con la “herencia española” e inspirada en las ideas de progreso tecnológico y científico que impregnaban a Occidente, estuvo orientada a proyectar una imagen de prosperidad, poder y optimismo hacia el mundo (Altamirano y Sarlo, 1980; Gutman, 2005; Fernández Bravo, 2006; Malosetti Costa, 2010; Suriano, 2010; Álvarez Sepúlveda y Martínez Llamas, 2014; Devoto, 2014). No obstante, detrás de esa imagen triunfalista de festejo y modernización excluyente, la conflictividad social se volvía cada vez más intensa, y la festividad –ocurrida bajo estado de sitio–, lejos de velar los conflictos, los situó en el centro del espacio público (Gorelik, 1997).

A su vez, la exaltación de las glorias pasadas efectuada durante dichos festejos se vio profundizada con la ola de inauguraciones de estatuas y monumentos a los héroes patrios, particularmente a San Martín, que –además de promover el culto cívico al interior del país– sirvieron también para tejer alianzas internacionales en un contexto en el que los litigios fronterizos se encontraban todavía vigentes. Así, la narrativa sanmartiniana habría posibilitado aumentar la influencia argentina en los Estados del Pacífico, al tiempo que habría apuntado a socavar el dominio continental de Brasil (Ortemberg, 2015).

En cuanto al caso boliviano, si bien los estudios sobre las celebraciones centenarias de 1909 y 1925 resultan escasos, los análisis de Françoise Martínez muestran cómo la pérdida del litoral, la existencia de conflictos limítrofes irresueltos y las disputas entre liberales y conservadores hicieron que, desde fines del siglo XIX, fortalecer la unidad nacional se volviera una tarea apremiante (Martínez, 2013a; Martínez, 2013b). Para ello, el gobierno liberal de José Manuel Pando decretó en 1903 que todas las fiestas patrias locales se subordinaran al 6 de agosto, feriado nacional único, con la esperanza de preservar la paz y la unidad entre las regiones, así como consolidar un imaginario colectivo común.

No obstante, aunque la unidad y estabilidad eran vistos como requerimientos de un país moderno, el imaginario nacional postulado por las élites durante los festejos centenarios –en los que se replicaron las tendencias latinoamericanas de inaugurar exposiciones, obras públicas y monumentos– continuó caracterizándose por la exclusión étnica que desde principios del siglo XX distinguía a las fiestas cívicas. Es que, en un empeño por lograr la incorporación de Bolivia al concierto de Estados-nación blancos, cultos y civilizados, las festividades oficiales no remitieron “a la totalidad de los bolivianos sino más bien a las clases urbanas acomodadas”, apartando a la predominante población indígena y mestiza de la identidad nacional (Martínez, 2013a; Martínez, 2013b).

De cualquier forma, las pretensiones de unidad nacional se hallarían, para el centenario de 1925, en crisis: centradas en La Paz, las celebraciones reavivaron los conflictos regionales con Sucre –que intentó obstaculizar la festividad–, al tiempo que suscitaron encendidas críticas por parte de una nueva generación de obreros, militares y estudiantes antiliberales que se lanzaría a cuestionar el sentido de bolivianidad vigente (Stefanoni, 2014).2

Así pues, la mayoría de los trabajos sobre los centenarios de independencia priorizaron –como ha quedado evidenciado en este breve recorrido por la bibliografía sobre las celebraciones argentinas y bolivianas– los casos nacionales. Sin embargo, más recientemente, un nuevo enfoque historiográfico ha comenzado a cobrar vigor, el cual propone abordar las conmemoraciones patrias latinoamericanas “a partir del cruce de una historia cultural y política desde una perspectiva internacional conectada, con eje en la circulación de actores diversos” (Ortemberg, 2021, p. 360).

Enmarcado en dicho campo disciplinar, este trabajo tiene como objetivo indagar en la celebración del centenario de Bolivia efectuada en la ciudad de Buenos Aires durante agosto de 1925, haciendo especial hincapié en los discursos y las prácticas conmemorativas desplegadas por un conjunto de intelectuales y políticos argentinos y bolivianos que aprovecharon la ocasión para reconstruir la gesta independentista, cimentar ciertos imaginarios sobre la nación e intervenir en las contiendas por la hegemonía regional. En este sentido, se concluye que durante la celebración no solo se puso en juego el intento por tejer alianzas internacionales y/o afianzar posiciones de poder en la región, sino también la –tan ambicionada como escurridiza– pretensión por construir, consolidar y exteriorizar una imagen de nación moderna y civilizada. Para ello, este artículo se apoya en un corpus de fuentes inexploradas hasta el momento, entre las cuales se destacan las memorias de la Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia.

Por lo tanto, las páginas que siguen estarán dirigidas a examinar, a partir del caso específico aquí seleccionado, algunos aspectos del proceso de construcción y afirmación de las identidades nacionales reactivado durante los tiempos de los centenarios en América Latina, a la vez que ahondarán en los sentidos políticos y orientaciones estratégicas que rodearon a dichos actos conmemorativos. Más que aspirar a develar la “naturaleza” de este acontecimiento o, siquiera, la carga de verdad de los discursos y prácticas conmemorativas allí desplegadas, se buscará analizar qué visión del mundo revelaron esos anhelos y, en última instancia, contribuir a la comprensión de un singular momento de la historia latinoamericana.

El contexto cultural y los preparativos de la celebración

En 1920 habían comenzado a tomar forma en América Latina diversos colectivos de intelectuales abocados especialmente a la reflexión sobre la nación, así como a “galvanizar solidaridades colectivas y recrear una comunidad ‘imaginaria’” (Funes, 2006, p. 18). Entre ellos tendrían un lugar destacado las nuevas generaciones que, impulsadas e influenciadas por el reformismo universitario de 1918, se lanzarían a intervenir activamente en la sociedad a través de múltiples redes, asociaciones y publicaciones de distinto signo político-ideológico. A su vez, muchos de estos jóvenes buscarían participar de la sociabilidad de las élites intelectuales y tejer diálogos con el poder político (Bustelo, 2014).

Con ese clima de ideas como telón de fondo, se reunieron la tarde del 8 de febrero de 1925 en Buenos Aires un grupo de intelectuales, artistas y periodistas a fin de crear la Comisión Nacional de la Juventud, órgano responsable de proyectar y llevar a cabo los festejos del centenario de Bolivia en la capital argentina.3 La Comisión, presidida por el joven escritor y profesor universitario Enrique Loudet, se propondría concretar para agosto de aquel año un ambicioso programa de acciones conmemorativas que involucraba, entre otras cosas, la donación de libros argentinos a la Biblioteca Nacional de La Paz a fin de constituir una sección argentina; la instalación en las respectivas capitales de una Exposición de productos e industrias nacionales de ambos países como medio de aumentar el intercambio comercial; la construcción de un monumento “de carácter americano” que sería donado a Bolivia en nombre del pueblo argentino; la extensión del festejo al interior del país a través de comisiones locales; la realización de una velada especial en el Teatro Colón; la organización de una gran fiesta popular en Buenos Aires y, por último, la resolución de los todavía pendientes conflictos limítrofes argentino-bolivianos “dentro del espíritu de equidad, justicia y confraternidad” que animaba a los dos pueblos (Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia, 1926, p. 11).4

Asimismo, el órgano directivo tomaría la decisión de nombrar como presidentes honorarios a los jefes de Estado de las naciones involucradas en la celebración, es decir, Marcelo Torcuato de Alvear y Bautista Saavedra.5 Esto se vería concretado en junio de aquel año cuando Alvear recibió en audiencia especial al presidente de la Comisión junto a algunos de sus miembros –entre los cuales se encontraba el artista Benito Quinquela Martín–, quienes le explicarían al primer mandatario argentino que dicha designación se debía al “alto cargo que ocupaba”, pero también “a los reconocidos sentimientos de amor a la paz, a la justicia y a la confraternidad internacional que inspiraban la acción de su gobierno” (Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia, 1926, p. 13). Tras extender el nombramiento y efectuar la invitación oficial a los festejos populares, solicitarían al primer magistrado que declarara como feriado nacional el día 6 de agosto, “apoyo moral” para que la función del Teatro Colón correspondiente a la mencionada fecha se dedicara a Bolivia, así como la finalización amistosa de la cuestión limítrofe.6

Luego de agradecer el reconocimiento, el presidente de la nación argentina felicitó la iniciativa de los jóvenes intelectuales –con la cual “realizaban una obra patriótica, coadyuvando a las aspiraciones de su gobierno” que no escatimaba “esfuerzo por afianzar los vínculos tradicionales históricos” que lo unían a Bolivia– y aseguró que la Comisión contaría con su apoyo “en las gestiones tendientes a la prosecución de sus inspiraciones de concordia americana” (Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia, 1926, pp. 13–14).

De esta manera quedaba asegurado el respaldo del gobierno para el despliegue de la celebración centenaria en la capital argentina, donde los repertorios festivos destinados a promover la “confraternidad internacional” se combinarían con una serie de intentos por controlar las narrativas del pasado independentista y de apuestas geopolíticas orientadas a construir alianzas internacionales y/o afianzar posiciones de poder en el subcontinente americano.

Los repertorios festivos, los arreglos identitarios y las aspiraciones hegemónicas

El mes de agosto no tardaría en arribar y con él, la puesta en marcha de la agenda conmemorativa oficial. Así pues, esta comenzó el día 2 en el Hipódromo Argentino con una carrera especial denominada “Primer Centenario de la República de Bolivia”, a la cual fue invitado el enviado extraordinario y ministro plenipotenciario boliviano, Cornelio Ríos. Al tomar la palabra, este advirtió que con dicho acto se iniciaba “el nutrido programa de festejos con que el Gobierno y el pueblo argentinos” se asociaban a su “fecha gloriosa, ratificando una vez más la realidad hermosa de nuestra unión y nuestro afecto, invariable durante el siglo transcurrido, haciendo honor a una tradición” que empezó “en el albor de la libertad sudamericana” y llegaría “a constituir en esta parte de la América Latina, por obra del esfuerzo común, el gran centro mundial del porvenir” (Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia, 1926, pp. 17–18).

En los días siguientes tuvieron lugar un almuerzo ofrecido por Ríos a los miembros de las embajadas argentina y brasileña que viajarían a La Paz para participar de los festejos patrios, así como una serie de ofrendas a San Martín y Cornelio Saavedra. En la Catedral de Buenos Aires, la legación boliviana depositó una placa de bronce en el mausoleo del general argentino, quien –según destacó el ministro boliviano– había sido el “padre de la libertad democrática en la América del Sur” y cuyos “dos ideales patrióticos” habían sido, tras obtener la libertad de Chile y del Perú, “el de la más absoluta libertad de los pueblos para gobernarse ellos mismos y el de su solidaridad completa internacional dentro de las normas de la justicia y del derecho”. Finalizado el homenaje, la comitiva se trasladó a la estatua del patricio potosino a fin de honrar a uno de los más “grandes gestores del movimiento de Mayo” (La Nación, 6 de agosto de 1925).

A lo largo del festejo, los tributos a figuras emblemáticas de la independencia rioplatense serían una constante. La legación boliviana honraría a Mariano Moreno, por haberse formado en la Universidad de Chuquisaca, y a Manuel Belgrano, por su campaña auxiliadora al Alto Perú. Por su parte, desde la ciudad de La Plata, el representante de la Comisión popular de los festejos, Alfredo Torcelli, explicitaba en el Teatro Argentino las razones por las cuales el pueblo argentino parecía tener motivos muy “especiales” para conmemorar aquel día, el cual no era “de los más brillantes para la consagración de Sucre y Bolívar, sino para la consagración de Belgrano y San Martín (…) que hicieron posible no sólo la libertad de ese Estado, sino también su independencia” (Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia, 1926, p. 99).

Es que, según su opinión,

Producido el ostracismo del Grande, Bolívar, dueño absoluto del campo, dispuso de todo aquello lo mismo que por derecho de conquista; y Sucre, siempre en nombre y representación de Bolívar – que después de Junín y Ayacucho ya no tuvo de qué ocuparse sino de su monocracia – creó la república de Bolívar, por los mismos o parecidos procedimientos que antes había usado para la anexión de Quito y de Guayaquil a la república de Colombia. Bismarck, en ejercicio de su teoría, que hace primar la fuerza por sobre el derecho, no usó jamás de la fuerza en forma menos garbosa (La Prensa, 7 de agosto de 1925).

De modo que la reivindicación de San Martín y del resto de los personajes prominentes de Mayo funcionaba no solo como una manera de atribuirle a Buenos Aires una mayor incidencia en el proceso emancipador continental, sino también de ligar a la nación argentina a valores como la justicia, la solidaridad, la democracia y el derecho; otorgándole, como consecuencia de ello, un prestigio y una autoridad capaz de contribuir a sus pretensiones de legitimación y construcción hegemónica a nivel regional.

Ahora bien y más allá del elogio proferido por Ríos a San Martín, aquel no dudaría en advertir durante la velada de la colectividad boliviana organizada para sus compatriotas e invitados argentinos en un elegante hotel de la metrópoli porteña, que su patria había sido “el verdadero Sinaí, donde se proclamó la independencia de América” y que “Chuquisaca fué la cuna volcánica de la revolución libertadora” (Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia, 1926, pp. 22–23).

A su vez, sostuvo que “su altivez y su amor a las instituciones republicanas recién implantadas” habían atraído “las miradas de los demás países de América” y que tras experimentar “los sufrimientos inherentes a la penosa formación de un pueblo nuevo”, parecía comenzar “una nueva era” gracias a la amistad forjada con la nación argentina (ibídem).

El ministro plenipotenciario hacía referencia al hecho de que Bolivia, ahora “unida (…) por el ferrocarril y arreglada su cuestión de fronteras” con Argentina, tenía “abiertos nuevos horizontes” que le permitirían, “libre de preocupaciones, ver realizado el ideal que acarició desde los primeros tiempos de su vida libre”, esto es, “incorporarse al comercio mundial por la vía del Plata, aportando las inmensas riquezas de su suelo privilegiado” (ibídem).

Es que el ferrocarril de Buenos Aires a La Paz significaba la salida directa al litoral argentino, lo cual suponía una solución al problema de la exportación de minerales y posibilitaría en última instancia –según destacaba un periódico argentino– “salvar en gran parte la independencia comercial, y con ella, la autonomía boliviana como entidad política” (La Prensa, 6 de agosto de 1925).

La idea de que la Argentina había ejercido –y continuaría haciéndolo– un rol sustancial en el nacimiento, fortalecimiento y progreso del país homenajeado fue un tópico que se repetiría a lo largo de los días siguientes. En la velada artística especial acontecida el 5 de agosto en el Ateneo Hispano-Americano en ocasión del centenario boliviano, el jurista internacionalista argentino José León Suárez –presidente del mencionado centro de cultura y firme promotor del iberoamericanismo (Ortemberg, 2020)–7 concluía su discurso de apertura observando:

Ha circulado (…) una fantasía según la cual Bolivia llegaría a refundirse en alguna otra nacionalidad. No valdría la pena de mencionar ni de refutar esa locura. Bastará la oposición de los patriotas bolivianos. Pero si en la ley del 9 de mayo de 1825 pudo Rivadavia decir que, aunque el Alto Perú pertenecía a las Provincias Unidas del Río de La Plata, se resolvía dejarlo en libertad, y aunque el pueblo argentino con su voluntad y con su respeto ha sellado esa independencia, cualquier nefasto proyecto que se diseñase sólo sería factible cuando desaparezca el Plata y se hundan los Andes y sobre las aguas flote abandonada la bandera argentina (Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia, 1926, p. 30. Cursiva en el original).

Tras agradecer la “obra provechosa de americanismo” efectuada aquella tarde de agosto por el Ateneo Hispano-Americano, Ríos también se detendría a recordar el desprendido accionar de Buenos Aires durante la independencia del Alto Perú, al tiempo que llamaría la atención sobre el próspero destino que parecía deparar a la nación argentina:

Después de la victoria de Ayacucho el gobierno de Buenos Aires encargado del poder ejecutivo nacional, hizo llegar su voz de aliento hasta Bolivia, manifestando su deseo de que las cuatro provincias del Alto Perú hasta el Desaguadero quedaran en la más completa libertad para acordar lo más conveniente a sus intereses y gobierno.

Así surgió Bolivia hace cien años, con el aplauso y la cooperación moral de las Provincias Unidas del Río de La Plata.

El ejemplo dado por la República Argentina ha sido benéfico y provechoso para la América, en todos los aspectos de su evolución interna, porque ha sabido dar a sus esfuerzos de perfeccionamiento la elevación de un ideal y la belleza de una esperanza, cuya realización encierra para la humanidad promesas de un venturoso porvenir (La Nación, 6 de agosto de 1925).

Durante el tributo organizado por la Junta de Historia y Numismática Americana, el escritor argentino Martiniano Leguizamón explicaba que “La fecha gloriosa de la Nación hermana es también fiesta argentina” ya que el gobierno de Buenos Aires, “al tener noticia de la victoria de Ayacucho” había dispuesto “que las tropas de Salta penetrasen en aquellos territorios para contribuir a la terminación de la guerra”, dejando a las Provincias altoperuanas “en la más completa libertad”. De ese modo, continuaba el intelectual, “nos anticipábamos (…) a la solemne proclamación del acta del 6 de agosto que creó la República de Bolivia”, naciendo esta última “a la vida independiente (…) bajo auspicios argentinos (…)” (Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia, 1926, p. 58).

En esta línea, los jóvenes universitarios encargados de promover la efeméride también llamaron la atención durante aquellos días festivos sobre la “solidaridad histórica” que existía entre Bolivia y Argentina y que, de acuerdo con su diagnóstico, se veía “amenazada por la marea de las fuerzas exóticas”. Es que, ni bien constituida, la Comisión destinada a celebrar el centenario de la nación altoperuana en Buenos Aires se había visto involucrada en una pequeña contienda –que puso de manifiesto el creciente clima antiliberal que comenzaba a envolver a la región– con Roberto Hinojosa.

Aquel estudiante cochabambino “comunista” y opositor al gobierno de Bautista Saavedra –que unos años después incluso llegaría a liderar una revolución socialista obrero-campesina en el pueblo fronterizo de Villazón– había publicado una carta abierta en el diario Crítica, donde condenaba la iniciativa de la juventud argentina y sostenía que era “una insensatez celebrar el centenario de la libertad” en momentos en que “su patria atravesaba por una lamentable era de subversión institucional” (Crítica, 13 de febrero 1925).8

Con todo, para el presidente de la Comisión, el “sentimiento de la confraternidad y justicia internacional” se encontraban “por encima de los apasionamientos de la política interna de los Estados que enceguecen los espíritus”, solicitando a aquel que dejara a los jóvenes argentinos rendir “a la fecha secular boliviana y americana, a sus próceres y a su patria el homenaje” que creían “justo tributar” (Crítica, 17 de febrero 1925).

Así pues, el grupo de universitarios argentinos no se privaría de proclamar el hecho de que “Junto con nosotros el Alto Perú consumó la revolución social más grande de América al abolir la esclavitud del negro y la encomienda del indio en la Asamblea inmortal del año 13” (La Nación, 7 de agosto de 1925). Ahora bien, durante “el siglo transcurrido, una suerte desigual” había presidido “el desarrollo político-económico de ambos países y circunstancias especiales” exhibían “a Bolivia enclaustrada en las montañas de América”; suceso –continuaban expresando los jóvenes– que constituía “una razón más para que nuestro pueblo, grande y justo,” se asociara “al centenario de la República hermana que, aunque independiente políticamente,” conservaba “indisolubles lazos sentimentales y múltiples intereses comunes” que la ligaban “estrechamente a la patria de San Martín y Belgrano (…)” (Manifiesto de la Juventud citado en Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia, 1926, p. 33).

De esta manera, convocaban “al pueblo de la ciudad de Buenos Aires” a adherirse a los festejos y a asistir a la manifestación popular del día 6 de agosto, declarado feriado nacional a fin de que aquel pudiera participar en ella. Esa mañana los homenajes rendidos a Bolivia se iniciaron con un multitudinario desfile escolar –en el que participaron cinco mil niños y niñas de escuelas públicas– y con una manifestación presidida por José León Suárez y Enrique Loudet, detrás de los cuales marcharon diversas instituciones estudiantiles, la Asociación Nacional de Boy Scouts y algunos regimientos del ejército argentino como los tradicionales Granaderos a Caballo.

Al llegar a la Plaza San Martín, la manifestación se disolvió y allí, bajo la estatua del prócer argentino, el presidente del Ateneo Hispano-Americano volvería a pronunciarse públicamente destacando que era “inútil que las generaciones actuales” soñaran “con la paz del Continente” ya que esta no sería posible sin que antes se instaurara “la justicia”, para lo cual Bolivia debía obtener “una salida al mar” (Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia, 1926, pp. 41–42).

Días antes, en la velada de la colectividad boliviana, la joven escritora, profesora y dirigente feminista, Ana Rosa Tornero, también había hecho mención a la problemática situación en la que se hallaba su nación al lamentar en su discurso la mediterraneidad de Bolivia: “Porque allá vivimos como pájaros cautivos, sedientos de luz, destrozándonos las alas para poder volar en busca de aires marinos… Sentimos la nostalgia de la espuma blanquecina del mar…” (Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia, 1926, p. 22).

Por su parte, Loudet se había pronunciado al respecto en un mensaje enviado al presidente del Ateneo de la Juventud de La Paz, José Tamayo,9 a través de los automovilistas que habían emprendido un raid hacia la capital boliviana como parte de los homenajes conmemorativos. En la breve misiva, el joven intelectual hacía “votos por que el pueblo boliviano” tuviera “fe y confianza en la justicia internacional que, como el amanecer, tarda en llegar pero al fin llega” y los acompañaba “en sus legítimas aspiraciones por la recuperación de su litoral marítimo” (Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia, 1926, p. 91).

La memoria de la Guerra del Pacífico, así como el conflicto aun irresuelto por los territorios de Tacna y Arica,10 volvería a aparecer en el homenaje ofrecido a los militares argentinos que participaron en aquel enfrentamiento durante la jornada del 9 de agosto. Menos optimista respecto a la posibilidad de obtener una respuesta positiva a los reclamos por los derechos marítimos de Bolivia, el ministro boliviano afirmaba:

El camino que nos conduce al Pacífico está, pues, cerrado y cubiertos de espinas, debemos abandonarlo para dejarnos llevar por las corrientes del caudaloso Plata, desde cuyos puertos se nos tiende la mano.

Si Bolivia encontró su ruina en el Pacífico, en el Atlántico encontrará su rehabilitación y su grandeza.

En los momentos presentes, es la única defensa que queda a Bolivia: cambiar de rumbo, y a eso debe concretarse nuestra propaganda, inspirándose en el ejemplo que nos dieron los queridos muertos, cuya memoria honramos (Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia, 1926, p. 62).

De este modo, Ríos dejaba en claro cómo, frente a la dificultad de lograr un acuerdo con Chile que otorgara a la nación boliviana acceso al litoral pacífico, esta debía consagrar sus esfuerzos de diplomacia y propaganda para continuar tejiendo una alianza política y comercial con Argentina; país que poseía un fuerte dominio sobre el Río de La Plata y que también había encontrado en los actos conmemorativos del centenario boliviano un medio para perseguir sus propios beneficios tanto simbólicos como materiales.

En este sentido, una de las instituciones que se unió a dicho evento fue la Asociación de Aviación Argentina, la cual organizó cuatro raids de Buenos Aires a La Paz para conmemorar la efeméride en cuestión, donde los pilotos fueron recibidos y homenajeados con entusiasmo tanto por las autoridades nacionales como por sus respectivos pueblos. Dichas travesías en aeroplano no solo buscaron poner de manifiesto los sentimientos de confraternidad internacional, sino también un aura de modernidad y épica en torno a la nación rioplatense. A la vez, constituyeron, según el presidente del Aero Club Argentino, Ricardo Aldao,

una demostración concluyente de la posibilidad de establecer los servicios civiles de comunicación por vía aérea, de acuerdo con el proyecto presentado al Poder Ejecutivo por el Aero Club.

Una de las más importantes entre las líneas proyectadas es, en efecto, la de Buenos Aires a Antofagasta, cuya implantación permitiría recibir en nuestra Capital la correspondencia de Nueva York en la tercera parte del tiempo que se emplea actualmente para su transporte, lo que representa enormes beneficios, sobre todo para el incremento de las relaciones comerciales entre la Argentina y Estados Unidos (La Nación, 14 de agosto de 1925).

A su vez, la misión contó con una segunda parte consistente en explorar desde el aeroplano la gran región de bosque nativo del Chaco denominada El Impenetrable, empresa considerada de interés nacional. En un momento donde parte de ese territorio estaba siendo objeto de disputa entre Bolivia y Paraguay, el Estado argentino se había propuesto la colonización de los espacios considerados “desiertos” y, en efecto, grupos económicos de Buenos Aires habían comenzado a ejercer un importante control sobre la misma, incluida la parte que se encontraba bajo jurisdicción boliviana y paraguaya (Barrera Aguilera, 2011).

Así, este tipo de iniciativas eran promovidas por empresarios interesados en abrir nuevas rutas comerciales, pero también fueron impulsados por los gobiernos nacionales que –preocupados por asuntos militares, de soberanía y desarrollo productivo– consideraban que el desplazamiento aéreo era el “futuro del mundo” y que no se podía “ser moderno” sin participar de aquel (Giucci, 2006, p. 114).

Ciertamente, el interés por construir una imagen de nación próspera, civilizada y moderna –que caracterizó a los discursos y las prácticas de las élites políticas y culturales argentinas desde finales del siglo XIX–11 se puso especialmente de manifiesto durante los actos conmemorativos organizados para homenajear al país vecino, donde incluso la propia comitiva boliviana recogería y afirmaría tal imaginario, como lo demostraron las palabras de Ríos pronunciadas en una de las últimas veladas organizadas para la ocasión. Allí, este señalaría que el “sol de la bandera argentina” parecía

iluminar orgullosamente el maravilloso espectáculo que la República Argentina ofrece, en un alarde de poderío y de riqueza material que jamás ha tenido el poder de hacerle olvidar que los pueblos son más grandes cuanto más cultos y generosos y que, más que por la fuerza de sus armas y la eficacia de sus ejércitos, las naciones han supervivido siempre en la historia por el vigor de sus ideas y la obra de sus democracias organizadas para la acción civil (…) (Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia, 1926, p. 82).

Por consiguiente, el ministro boliviano, al reivindicar el caso de la nación argentina y exhibirla como modelo a seguir, contribuía a cimentar el imaginario de que a esta, su “República hermana”, le correspondía un lugar preponderante dentro del concierto de naciones latinoamericanas; aprovechando la oportunidad –en un momento en donde las controversias territoriales en la región habían cobrado un renovado ímpetu– para indirectamente volver a condenar ante un público internacional a aquellos otros países que, como la nación vencedora en la Guerra del Pacífico, habían apelado al uso de la fuerza militar para acrecentar su “riqueza material” y legitimar arreglos considerados injustos.

Conclusiones

Hacia la década de 1920, en Argentina “algunas de las zonas más activas de la cultura llevarían la marca del juvenilismo” (Cattaruzza, 2009, p. 70), esto es, la creencia de que a las nuevas generaciones les correspondía un rol protagónico en los diferentes ámbitos de la sociedad. En ese contexto se insertó la acción de aquel grupo de intelectuales, artistas y periodistas que –interesado en demostrar sus “sentimientos de confraternidad americana”, así como “su credo de libertad y de democracia” (Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia, 1926, p. 7)– se lanzó en febrero de 1925 a organizar la celebración del centenario de la independencia boliviana en Buenos Aires.

Este acontecimiento conmemorativo y diplomático tuvo, sin embargo, otros alcances tanto para la nación anfitriona como para la homenajeada. En el caso de Bolivia, se constituyó en una ocasión excepcional para intentar abrir una brecha hacia el Atlántico a través del ferrocarril que conectó a las dos capitales y el fomento a sus aspiraciones sobre el estratégico territorio del Chaco Boreal, todo lo cual facilitaría su tan anhelada inserción en la economía internacional.12 Al mismo tiempo, la efeméride fue aprovechada por la diplomacia boliviana para aumentar, fortalecer y/o hacer visibles los apoyos argentinos a sus reclamos políticos y territoriales pendientes de la Guerra del Pacífico; así como para tratar de posicionarse como un actor central –a la par de Chile y Perú– en las negociaciones que se estaban llevando a cabo en torno a Tacna y Arica.13

En estrecha relación a esto, sus apelaciones al pasado revolucionario estuvieron justamente orientadas a cimentar aquellas pretensiones. Por un lado, si Bolivia había sido “el verdadero Sinaí, donde se proclamó la independencia de América” y “Chuquisaca fué la cuna volcánica de la revolución libertadora”, entonces la nación altoperuana merecía un mayor reconocimiento al singular rol desempeñado en la empresa emancipadora, lo cual debía otorgarle, a su vez, una posición más prestigiosa en el presente. Por otro lado, los elogios y la gratitud proferidos a la nación argentina por “el aplauso y la cooperación moral de las Provincias Unidas del Río de La Plata” durante su independencia buscaron contribuir al acercamiento –simbólico y material– a uno de los países considerados más poderosos del subcontinente cuyas transformaciones generaban admiración entre propios y extraños (Romero, 2014).

Para este último, la celebración del centenario boliviano en suelo nacional otorgó la posibilidad de seguir fortaleciendo su hegemonía cultural, política y económica en la región y, en última instancia, exhibirse a sí mismo como la nación más próspera y pujante de América Latina. El convenio suscrito con Bolivia dirigido a promover el intercambio comercial, facilitar la salida de productos y aproximarla a las grandes vías fluviales permitiría al Estado argentino ejercer un mayor control sobre las rutas comerciales de Bolivia, evitando que las producciones de esta se desviaran hacia los territorios chileno y brasileño (Figallo, 2003). Asimismo, las travesías en aeroplano efectuadas con motivo del aniversario boliviano no solo contribuyeron al desarrollo aeronáutico del país y a su asociación con el progreso y la modernidad, sino que también estuvieron orientadas a mejorar las relaciones comerciales de Argentina con otros países como Estados Unidos y a fortalecer la presencia de aquella en territorios codiciados por los países vecinos.

Paralelamente, la reconstrucción de la gesta independentista propuesta por las élites argentinas –en donde se reivindicó especialmente el mito sanmartiniano, al tiempo que se buscó encumbrar el accionar desinteresado y ecuánime del gobierno rioplatense tras la victoria de Ayacucho–14 apuntó a fundar la idea de que la nación rioplatense también había tenido un rol vital en la constitución de Bolivia como un país independiente –incluso, por sobre la empresa de Bolívar y Sucre– y, a fin de cuentas, en la totalidad del proceso emancipador continental. De esta forma, la supuesta excepcionalidad del pasado de la Argentina –expresada en el carácter extraordinario de sus héroes y autoridades de la época revolucionaria– asistía a sus empeños por presentarse como la nación y el pueblo más “grande” y “justo” de la región.

Así pues, el análisis de los discursos, las prácticas y las representaciones desplegadas durante la conmemoración del centenario de independencia de Bolivia en Buenos Aires ha puesto en evidencia los diferentes modos en que, por aquel entonces, se buscaron tejer alianzas internacionales y/o afianzar posiciones de poder en el subcontinente, así como la –tan ambicionada como escurridiza– pretensión por construir, consolidar y exteriorizar una imagen de nación moderna y civilizada. En este sentido, es posible finalizar estas páginas concluyendo que la investigación de los centenarios latinoamericanos a partir de una mirada internacional conectada constituye un interesante y novedoso punto de entrada a un período de la historia regional sobre el cual todavía es posible extraer nuevas consideraciones que confieran un sentido analítico iluminador a las búsquedas identitarias y geopolíticas de las naciones latinoamericanas.

Notas

1En este punto, es preciso indicar que muchas de estas investigaciones se vieron fuertemente influenciadas por estudios clásicos sobre festividades como Duvignaud (1973), Ozouf (1976), Vovelle (1976), Agulhon (1977) y Chartier (1979). 

2Los conflictos entre La Paz y Sucre se remontan a la llamada Guerra Federal de 1899, en la cual el norte y el sur de Bolivia se disputaron la preeminencia y la hegemonía dentro del país tanto en el plano político como económico. El resultado de la misma fue el triunfo del Partido Liberal sobre los conservadores del sur, trasladándose la sede del poder a La Paz. 

3Al respecto, es importante advertir que en Argentina la práctica de celebrar los centenarios de naciones vecinas tuvo un primer antecedente con el caso de Perú. En efecto, entre agosto de 1919 y abril de 1921, la Asociación Nacional Boy Scouts Argentinos lideró la conformación de una Comisión Nacional de Homenaje dirigida a organizar los festejos de los cien años de la independencia peruana en territorio argentino, al tiempo que convocó a numerosas instituciones y asociaciones del país a participar de ella y solicitó al gobierno de Hipólito Yrigoyen que declarara como feriado nacional al 28 de julio. 

4Cabe señalar que uno de los pedidos de la Comisión a la intendencia de la ciudad de Buenos Aires había sido la ornamentación e iluminación de algunas zonas centrales de la ciudad a fin de embellecerla para los actos conmemorativos. Sin embargo, la llegada cuatro días después del Príncipe de Gales constituyó la razón por la cual el intendente facilitaría solamente la decoración de la Plaza San Martín y del frente de la Legación boliviana ya que “tanto el personal como los materiales necesarios” se encontraban ocupados en los trabajos que se realizaban con motivo de la visita real (véase el telegrama de la municipalidad citado en Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia 1926, p. 136). 

5Tras el golpe de Estado de 1920 conducido por el Partido Republicano, se puso fin a veinte años de hegemonía liberal en Bolivia. Tiempo después, la Convención Nacional confirmaría como presidente al líder republicano Bautista Saavedra, quien logró concentrar el poder y gobernar hasta septiembre de 1925 combinando una política consensual dirigida a movilizar a los sectores subalternos con medidas represivas y autoritarias (Irurozqui, 1994). 

Por su parte, en Argentina gobernaba desde octubre de 1922 el radical Marcelo T. de Alvear, cuyo gobierno se vio beneficiado por un ciclo de bonanza económica y baja conflictividad social. A pesar de no contar con mayoría en el Congreso, buscó promover iniciativas legislativas vinculadas a cuestiones laborales, así como continuar la política petrolera de su antecesor, Hipólito Yrigoyen (Cattaruzza, 2009).

Respecto a las relaciones entre ambos gobiernos, si bien no existen estudios que se detengan específicamente en la temática, cabe destacar que –ante la progresiva ocupación militar del Chaco Boreal por parte de Bolivia y Paraguay– Alvear se ofreció, a fines de 1924, como mediador entre las partes involucradas (Zuccarino, 2019). A su vez, y como quedará evidenciado a lo largo de este escrito, el centenario boliviano posibilitó un acercamiento entre dichas naciones con el propósito de mejorar la comunicación y el intercambio comercial (Figallo, 2019).

6En efecto, dicha resolución se vio finalmente concretada con el tratado Carrillo-Díez de Medina de 1925, a partir del cual quedó aceptada la soberanía de Bolivia sobre Yacuiba, al tiempo que la región de Toldos pasaba a jurisdicción argentina (Teruel y Elbirt, 2020, p. 109). La ratificación del tratado tendría justamente lugar durante la celebración del aniversario boliviano en Buenos Aires. 

7Como apunta Pablo Ortemberg (2020, p. 6), “En 1912, todavía bajo la euforia suscitada por la conmemoración del Centenario de Mayo (1910) y en momentos en que el gobierno argentino enviaba, en reciprocidad, una embajada extraordinaria a España para adherirse al Centenario de la Constitución de Cádiz, José León Suárez cofundó el Ateneo Hispano-Americano en Buenos Aires junto con otros exponentes del hispanismo de la época, en un acto presidido por el ministro de Instrucción pública Juan M. Garro. Este centro de cultura serviría para «fomentar la mayor vinculación entre las Naciones de América, tomando a España como base de esa vinculación»”. 

8Sobre esta figura que ocupó un lugar destacado en la generación de jóvenes intelectuales bolivianos que, influenciada por las Revoluciones Mexicana y Rusa, comenzó a cuestionar el Estado liberal oligárquico y su idea de nación a partir del centenario, se sugiere ver Schelchkov (2008) y Stefanoni (2014). 

9Este intelectual boliviano pertenecía al grupo de jóvenes “inconformistas” críticos del saavedrismo “que profesaban ideas orteguianas sobre la renovación de la nación, varios de los cuales eran miembros de la efímera Sociedad Boliviana Nacionalista” (Stefanoni, 2014, p. 84). 

10Al respecto, es preciso tener en cuenta que aquel asunto ocupaba entonces un lugar central en la opinión pública regional debido a que precisamente el 5 de agosto había tenido lugar en Arica la primera reunión oficial de la Comisión plebiscitaria creada, bajo el arbitraje del gobierno norteamericano, para intentar concretar la demorada consulta popular que dirimiría el conflicto del Pacífico (La Prensa, 6 de agosto de 1925). Finalmente, ante la creciente violencia hacia la población peruana, el plebiscito sería descartado. 

11Las “impresionantes” transformaciones políticas, sociales y económicas experimentadas por la Argentina a partir de ese momento –esto es, su integración a la economía mundial, el fuerte proceso de urbanización, el desarrollo de las comunicaciones, la liberalización del debate político y la ampliación de la esfera pública de la mano del surgimiento de modernos sindicatos y partidos políticos, así como de la expansión del sufragio– hicieron que todos pronosticaran para esta “un gran futuro” y que sus elites cultivaran cierta idea de “‘destino manifiesto’, es decir, un espíritu misionario y una vocación al liderazgo regional” (Zanatta, 2010, p. 90). 

12Es interesante apuntar que, durante su visita a Buenos Aires, Ríos pronunció una serie de conferencias en el Ateneo Hispano-Americano publicadas bajo el título “Los derechos de Bolivia sobre el Chaco Boreal y sus límites con el Paraguay” (1925), las cuales coincidieron con una etapa de progresivo avance de la penetración boliviana en la región en el marco de una búsqueda activa por incrementar su producción petrolera y obtener una salida fluvial a través del Río Paraguay hasta el Océano Atlántico. 

13De hecho, las negociaciones peruano-chilenas conducirían a la exclusión boliviana del asunto, algo que quedó sellado en el Tratado de 1929 (Flores Díaz, 2021). 

14Los usos y representaciones de San Martín, desde finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX, tuvieron un papel determinante en la perfección, reproducción y difusión de un discurso nacionalista moderno convencido de la singularidad histórica del caso argentino. Al respecto, se sugiere ver Amorebieta y Vera (2022). 

Agradecimientos

Quisiera agradecer a Thais R.S. de Sant’ Ana, quien generosamente me invitó a escribir sobre el tema y leyó una versión preliminar de este artículo.

Competing Interests

The author has no competing interests to declare.

Información del autor

María Laura Amorebieta y Vera nació en La Plata, Argentina, en 1989. Es Licenciada en Sociología por la Universidad Nacional de La Plata y Doctora en Historia por la misma universidad. En el 2020 le fue otorgada una Beca Interna Postdoctoral por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y es Ayudante Diplomada de la materia Historia Social Latinoamericana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (UNLP).

Referencias

  1. Agulhon, M. 1977. Fête spontanée et fêtes organisées à Paris en 1848. En Les fêtes de la Révolution, dirigido por Jean Ehrard y Paul Viallaneix, 243–271. París: Société des Études Robespierristes. 

  2. Altamirano, C y Sarlo, B. 1980. La Argentina del Centenario: campo intelectual, vida literaria y temas ideológicos. Hispamérica, 25/26, 33–59. 

  3. Álvarez Sepúlveda, H y Martínez Llamas, D. 2014. Celebrando la independencia. Una resignificación en Chile y Argentina (1810–1910). Temas Americanistas, 32: 127–148. 

  4. Amorebieta y Vera, M. 2022. “Sin Maipú no habríamos cantado a Ayacucho”: usos y representaciones de San Martín en tiempos de consolidación del panteón nacional (1878–1930). Revista Estudios del ISHIR, 12(33). DOI: https://doi.org/10.35305/eishir.v12i33.1330 

  5. Barrera Aguilera, Ó. 2011. La Guerra del Chaco como desafío al panamericanismo: el sinuoso camino a la Conferencia de Paz de Buenos Aires, 1934–1935. Anuario colombiano de historia social y de la cultura, 38(1): 179–217. 

  6. Bustelo, N. 2014. La construcción de la familia estudiantil de la Reforma Universitaria. El Ateneo de Estudiantes Universitarios (1914–1920) de Buenos Aires y sus publicaciones periódicas Ideas y Clarín. Políticas de la Memoria, 14: 63–78. 

  7. Cattaruzza, A. 2009. Historia de la Argentina. 1916–1955. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. 

  8. Chartier, R. 1979. La fête en question: Retour sur un colloque y Des fêtes de l’Ancien Régime à la fête révolutionnaire: problèmes de lecture. En La Fête en question, editado por Karin R. Giirttler and Monique Sarfati-Arnaud, 1–4 y 35–36. Montreal: University of Montreal Press. 

  9. Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia. 1926. El primer centenario de la República de Bolivia. Buenos Aires: Editorial Jurídica. 

  10. Crítica, 13 de febrero. 1925. Citado en Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia. 1926. El primer centenario de la República de Bolivia. Buenos Aires: Editorial Jurídica. 

  11. Crítica, 17 de febrero. 1925. Citado en Comisión Nacional Argentina del Centenario de Bolivia. 1926. El primer centenario de la República de Bolivia. Buenos Aires: Editorial Jurídica. 

  12. Devoto, F. 2014. Conmemoraciones poliédricas: acerca del primer Centenario en la Argentina. En Conmemoraciones, patrimonio, y usos del pasado. La elaboración social de la experiencia histórica, compilado por Nora Pagano y Martha Rodríguez, 17–36. Buenos Aires: Miño y Dávila. 

  13. Duvignaud, J. 1973. Fêtes et civilisations: suivi de La fête aujourd’hui. París: Weber. 

  14. Fernández Bravo, Á. 2006. Celebraciones centenarias: nacionalismo y cosmopolitismo en las conmemoraciones de la independencia (Buenos Aires 1910- Río de Janeiro 1922). En Galerías del progreso: museos, exposiciones y cultura visual en América Latina, editado por Beatriz González Stephan y Jens Anderman. Rosario: Beatriz Viterbo. 

  15. Figallo, B. 2003. Espacios nacionales y espacios regionales. Conflictos y concertaciones en las fronteras chaqueñas de Argentina, Bolivia y Paraguay. Anuario de estudios americanos, 60(1): 183–212. DOI: https://doi.org/10.3989/aeamer.2003.v60.i1.173 

  16. Figallo, B. 2019. Guerra y paz en el Chaco: Petróleo y ferrocarriles para el Cono Sur. Los intereses argentinos en Bolivia. Ciclos, 26(53): 1–46. 

  17. Flores Díaz, S. 2021. La alianza chileno-peruana del Tratado de 1929 y la tercería boliviana. Revista de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, 51(135): 442–466. DOI: https://doi.org/10.18566/rfdcp.v51n135.a07 

  18. Funes, P. 2006. Salvar la nación: intelectuales, política y cultura en los años veinte latinoamericanos. Buenos Aires: Prometeo. 

  19. Giucci, G. 2006. Internacionalismo y nacionalismo: el aeroplano. Mester, 35(1): 11–127. DOI: https://doi.org/10.5070/M3351014646 

  20. Gorelik, A. 1997. La grilla y el parque. Espacio público y cultura urbana en Buenos Aires, 1887–1936. Bernal: Universidad Nacional de Quilmes. 

  21. Gutman, M. 2005. Anticipando bicentenarios: imágenes centenarias del futuro. En Construir Bicentenario: Argentina, editado por Margarita Gutman, 45–63. Buenos Aires: Caras y Caretas. 

  22. Irurozqui, M. 1994. Partidos políticos y golpe de estado en Bolivia: la política nacional-popular de Bautista Saavedra, 1921–1925. Revista de Indias, 54(200): 137–156. DOI: https://doi.org/10.3989/revindias.1994.i200.1137 

  23. La Nación, 6 de agosto de. 1925. Hemeroteca de la Universidad Nacional de La Plata (La Plata, Buenos Aires). 

  24. La Nación, 7 de agosto de. 1925. Hemeroteca de la Universidad Nacional de La Plata (La Plata, Buenos Aires). 

  25. La Nación, 14 de agosto de. 1925. Hemeroteca de la Universidad Nacional de La Plata (La Plata, Buenos Aires). 

  26. La Prensa, 6 de agosto de. 1925. Hemeroteca de la Universidad Nacional de La Plata (La Plata, Buenos Aires). 

  27. La Prensa, 7 de agosto de. 1925. Hemeroteca de la Universidad Nacional de La Plata (La Plata, Buenos Aires). 

  28. Malosetti Costa, L. 2010. Arte e historia en los festejos del centenario de la Revolución de Mayo en Buenos Aires. Historia Mexicana, 60(1): 439–471. 

  29. Martinez, F. 2013a. Fiestas patrias y cívicas: sus avatares como instrumentos políticos de inclusión-exclusión (1825–1925). Estudios Bolivianos, 19: 118–141. 

  30. Martinez, F. 2013b. Monumentos de papel. Las obras conmemorativas publicadas en México y Bolivia en el primer centenario de su independencia. Revista Boliviana de Investigación, 10: 47–90. 

  31. Ortemberg, P. 2015. Geopolítica de los monumentos: los próceres en los centenarios de Argentina, Chile y Perú (1910–1924). Anuario de Estudios Americanos, 72(1): 321–350. DOI: https://doi.org/10.3989/aeamer.2015.1.12 

  32. Ortemberg, P. 2020. José León Suárez y la “diplomacia de los pueblos”: Iberoamericanismo, reformismos y festejos Centenarios en la década de 1920. Mélanges de la Casa de Velázquez, 50(2): 41–65. DOI: https://doi.org/10.4000/mcv.13653 

  33. Ortemberg, P. 2021. El centenario de la Expedición Libertadora al Perú: ¿un homenaje a la confraternidad? Apropiaciones entre Argentina, Chile y Perú. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, 48(1): 357–382. DOI: https://doi.org/10.15446/achsc.v48n1.91554 

  34. Ozouf, M. 1976. La fête révolutionnaire 1789–1799. Paris: Gallimard. DOI: https://doi.org/10.14375/NP.9782070295173 

  35. Romero, J. 2014. Latinoamérica. Las ciudades y las ideas. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. 

  36. Schelchkov, A. 2008. Roberto Hinojosa: ¿revolucionario nacionalista o Goebbels criollo? Revista Izquierdas, 1(2): 1–21. 

  37. Suriano, J. 2010. Los festejos del primer Centenario de la Revolución de Mayo y la exclusión del movimiento obrero. Revista de Trabajo-Nueva Época, 8: 19–28. 

  38. Stefanoni, P. 2014. Los inconformistas del Centenario. Intelectuales, socialismo y nación en una Bolivia en crisis (1925–1939). Tesis de Doctorado. Facultad de Filosofia y Letras. Buenos Aires. 

  39. Teruel, A y Elbirt, A. 2020. La frontera argentino-boliviana: una mirada desde las fuentes históricas del servicio diplomático. Revista Ciencia y Cultura, 24(44): 97–117. 

  40. Vovelle, M. 1976. Les métamorphoses de la fête en Provence 1750–1820. Paris: Aubier-Flammarion. 

  41. Zanatta, L. 2010. Historia de América Latina. De la colonia al siglo XXI. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. 

  42. Zuccarino, M. 2019. Europeísmo versus panamericanismo: su incidencia en la posición del Gobierno argentino ante la Guerra del Chaco. Revista de Historia Americana y Argentina, 54(1): 83–127. 

comments powered by Disqus